Monday, December 11, 2006

Espinas en Miraflores

POLITICA
Espinas en Miraflores
Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Más del 60 por ciento
del electorado venezolano apostó por el populismo de Hugo Chávez. El
utilitario programa de servicios sociales, junto al fervor ultra
nacionalista que desborda el discurso del gobierno, permitieron que la
idea de forjar el socialismo del siglo XXI cobre vitalidad en Venezuela.

No importa que la solemnidad se combine con el folclor con sendas
interpretaciones musicales del mandatario en medio de sus discursos, ni
que se le escuche la festinada comparación del evangelio con la
dialéctica marxista. Todo es posible en el desarrollo de un modelo que
busca el predominio continental.

En Cuba, el equipo sucesor festejó la victoria como propia. Los 100 mil
barriles de petróleo que envía diariamente a la Isla Hugo Chávez,
constituyen el eje que evita una debacle a la dictadura, próxima a
cumplir 48 años.

El triunfo de Chávez abre sus apetencias de ampliar el control sobre el
escenario político nacional y regional. Para poner en práctica su
mesianismo, necesita refrendar constitucionalmente su eternidad en la
presidencia, anhelos que tratará de alcanzar a través de la presión
popular, maniobra que ha puesto en práctica en más de una ocasión con
resultados favorables.

Además de manejar con éxito la psicología de las multitudes, Chávez
controla el congreso, el poder judicial, el Consejo Nacional Electoral,
entre otras instituciones que le facilitan la implementación de su
agenda sin grandes contratiempos.

Una de las pocas entidades que conservan su autonomía son los medios de
prensa, aunque pesan sobre ellos amenazas que van desde lo
administrativo hasta lo penal si sobrepasan unos límites cada vez más
borrosos y ligados al humor de un hombre con ansias de convertirse en un
segundo Fidel Castro.

Habrá que esperar por la actitud de la comunidad internacional si Chávez
usa el sexenio que estrena para modelar Venezuela a su gusto, en
detrimento de los valores democráticos.

Poseer una de las mayores reservas de petróleo del mundo, comandadas por
súbditos fieles a su programa napoleónico, hace que la capacidad para
extender su área de influencia avance con cierta rapidez, incluso más
allá de las fronteras latinoamericanas.

Dotar de moralidad una escala de valores, afectada (según su visión) por
el llamado neoliberalismo, por conducto de la exacerbación de la lucha
de clases, es un punto fundamental escrito en el manual de la Revolución
Bolivariana.

Nadie puede negar la marginación sufrida por amplios sectores durante
los gobiernos precedentes encabezados por los dos principales partidos
tradicionales venezolanos, pero no se debe verter la sal de la
confrontación sobre el tejido social, mucho menos con la constancia y el
fervor con que lo practica Hugo Chávez en sus farragosas alocuciones.

Es justo reivindicar a los más desposeídos, que se sienten las bases
para un futuro sin los fantasmas de la miseria. Lo que no debe gravitar
en el ambiente de cambios es la polarización, el tono vulgar en
sustitución de la mesura y los registros altisonantes que levantan muros
en vez de puentes.

Chávez quiere ser el relevo de Fidel Castro. Ya tomó el testigo y corre
con desenfreno con ánimos de implantar un récord. Hasta el momento libra
los obstáculos con habilidad, marcha cantando una copla como quien
confía en la victoria.

Un amigo me dijo a raíz del triunfo electoral del teniente coronel: "En
el palacio de Miraflores, en vez de pétalos, sólo diviso espinas".

http://www.cubanet.org/CNews/y06/dec06/11a6.htm

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