RAÚL CASTRO: ¿ SOCIALISMO O ALGO MÁS ?
Por Jorge A. Sanguinetty
Diario de las Américas
Florida
E.U.
La Nueva Cuba
Diciembre 9, 2006
Que el secreto sea una característica definitoria del tipo de gobierno
instalado por Fidel Castro en Cuba es muy bien sabido. No obstante, el
alcance del secretismo que practica el tirano no es ni tan bien sabido
ni comprendido por muchos cubanos. Fidel Castro siempre se ha
caracterizado por lo hermético de su pensamiento, hasta llegar a no
compartir sus verdaderas ideas con sus más allegados colaboradores,
incluyendo a su propio hermano y heredero Raúl.
Una prueba de esto es un episodio poco conocido pero muy aleccionador
que me contó hace tiempo Ernesto Betancourt y que he escuchado de otras
fuentes. Me refiero al viaje de Fidel Castro a Estados Unidos en abril
de 1959, acompañado de un grupo de economistas y funcionarios cubanos,
que incluía al propio Betancourt. El motivo oficial era entablar
negociaciones en Washington con el gobierno y con organismos
internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial. Recuerdo que cuando se supo del viaje en Cuba, una persona que
pertenecía al Partido Socialista Popular y que me había anunciado el
triunfo del socialismo el 2 de enero de ese año (y que por supuesto yo
no había creído), me comentó consternada que el viaje de Castro
significaba que la revolución había sido traicionada y estaba preocupada
porque tendría que volver a la clandestinidad. Mientras tanto, Raúl
Castro lanzaba, con un puñado de hombres, una expedición a Panamá con el
propósito de crear un incidente que estropeara la visita del hermano. De
esto me enteré años después por Betancourt quien presenció cuando Fidel
Castro, al enterarse de la trastada, convocó enfurecido a Raúl al hotel
en que se hospedaba en la ciudad de Houston para regañarlo severamente
por la aventura. Era obvio que el máximo líder, que antes de saberlo
había mandado a cancelar todas las reuniones de los miembros de su
séquito en Washington, no le había comunicado las verdaderas intenciones
suyas al hermano con respecto al viaje.
Esta anécdota y muchas otras, para cuyo relato no me alcanza este
espacio, me hicieron creer desde hace muchos años que la verdadera
agenda de Fidel Castro sólo la conoce él. Los que se creyeron y
aceptaron que la revolución tenía como objetivo la instalación del
socialismo estaban condenados a grandes sorpresas que hasta les costaría
la vida, como parecen haber sido los casos de Ernesto Guevara, Osvaldo
Dorticós, Haydeé Santamaría y otros. Yo he llegado a la conclusión de
que Fidel Castro decía la verdad cuando afirmaba no ser comunista. Su
verdadera mentira era que se haría pasar por comunista para hacerle
creer al mundo que instalaría una sociedad socialista como tramoya para
ocultar una agenda universalmente inaceptable: la de explotar los
recursos del país y de otros (la Unión Soviética) para promoverse como
un líder mundial de alto vuelo capaz de crearle problemas a Estados
Unidos en diversas geografías mientras que al mismo tiempo se perpetuaba
en el poder.
No hay razones para afirmar que Raúl Castro haya estado de acuerdo con
esa agenda. Es más probable que él fuera un verdadero socialista; de los
que creyeron en la utopía revolucionaria junto con otros desde su
temprana juventud, pero que cuando se dio cuenta de que el hermano tenía
otras intenciones decidió que su lealtad filial y/o su integridad física
eran más importantes que su ideología. Si esta hipótesis es cierta, se
desprende que cuando Fidel Castro falte el heredero puede tratar de
moverse hacia el socialismo que su hermano despreció. ¿Quién se puede
imaginar a Fidel Castro circunscrito al desarrollo del socialismo en
Cuba y a una tarea tan aburrida como la de dirigir un sistema de
planificación centralizada? ¿Quién puede creer que Fidel Castro hubiera
aceptado un papel terciario al lado de los monigotes jefes de gobierno
de los países socialistas que fueron verdaderos satélites de la Unión
Soviética?
Yo no. Fidel Castro siempre fue demasiado ambicioso, soberbio y
arrogante para aceptar un papel subordinado y puede suponerse que él
siempre supo que tenía el talento, la energía, el carácter y todo lo que
era necesario para utilizar un país institucionalmente frágil como Cuba
de fuente de recursos y carne de cañón para su agenda de gran
conquistador. Pero Raúl Castro no tiene los atributos para perseguir esa
agenda ni hay razones para creer que tenga la vocación para emular a
Alejandro Magno. Por otra parte y en función del secretismo del que
hablábamos al comienzo, nadie sabe cómo piensa Raúl Castro. Nadie sabe
si él sigue creyendo en el socialismo de su juventud o si se ha dado
cuenta de que ese modelo no funciona.
La actual re-centralización del aparato de dirección económica en Cuba
podría ser un indicio de lo primero y sería un paso previo hacia el
reforzamiento de la planificación centralizada típica del socialismo.
Esto puede incluir una liberalización limitada de la pequeña empresa,
con el objeto de aliviar la situación interna en materia de
abastecimientos y bienestar de la población, mientras reduce la
dependencia de los subsidios de Chávez y de su petulancia. En tal
coyuntura puede que Raúl Castro decida buscar un acercamiento con otros
países, especialmente con EEUU. Romper con Chávez sería una moneda
fuerte en el bolsillo de Raúl para negociar con Washington, donde habría
gran interés en un nuevo status quo.
* Jorge A. Sanguinetty, Economista, especialista en asuntos cubanos y
presidente de la firma consultora DevTech Systems.
http://www.lanuevacuba.com/archivo/sanguinetti-66.htm
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