«Cuba debe comenzar a caminar sola»
Carlos Malamud y Dimas Castellanos. Analistas opinan sobre la 'nueva
era' que se abre en la Isla.
Carlos Malamud,Dimas Castellanos
jueves 7 de diciembre de 2006 6:00:00
Carlos Malamud
Investigador principal sobre América Latina del Real Instituto Elcano,
España
El desfile militar del 2 de diciembre, junto con el resto de las
actividades previas organizadas por la Fundación Guayasamín, debía ser
el momento estelar de la vuelta de Fidel Castro a la primera fila de la
política activa. Así fue preparado y por eso, en su momento, se eligió
con cuidado esta fecha, no sólo por su valor simbólico sino también por
estar distanciada bastantes meses de la operación de Castro.
Sin embargo las cosas no fueron como estaban planeadas, sino todo lo
contrario. Después de la fugaz aparición televisiva de octubre pasado,
para desmentir los rumores sobre su agravamiento, era más imprescindible
que nunca que se produjera el renacimiento del caudillo, pero no fue
posible. La imagen de su ausencia se proyectará sobre Cuba, que debe
comenzar a caminar sola, desprovista ya de la paternal figura de Fidel
Castro.
Por otra parte, las declaraciones del subsecretario de Estado adjunto
Thomas Shannon no son una novedad, sino una constatación de la línea
existente en el Departamento de Estado y consolidada a partir del
nombramiento de Caleb McCarry al frente del programa para la transición
en Cuba.
Lo interesante fueron las declaraciones de Raúl Castro y su tímido
tendido de mano para establecer algún tipo de negociación entre Estados
Unidos y Cuba. Todavía es pronto para ver cómo termina este proceso,
pero algunas jugadas iniciales podría indicar que las cosas comienzan a
moverse en el panorama de la política cubana.
En la medida que Raúl Castro consolide su poder y el final de Fidel
Castro se aproxime, es probable una intensificación de las tensiones
internas en los más altos niveles de la conducción cubana. Para ver algo
igual en los escalones secundario y terciario será necesario esperar el
fin de la actual etapa de interregno. De todos modos, la escenificación
pública de las tensiones no se producirá, salvo que rueden algunas
cabezas muy significativas.
Dimas Castellanos
Periodista independiente e integrante de Arco Progresista
Las especulaciones e incógnitas surgidas a partir de la proclama emitida
por Fidel Castro el pasado 31 de julio de 2006 han dado paso a una nueva
realidad: la sucesión permanente, con la cual la aspiración a la
democracia toma un nuevo aire en el escenario nacional.
De facto Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas y segundo
secretario del Partido Comunista de Cuba, con su reciente discurso en el
desfile militar por el aniversario 50 del desembarco del Granma, sin
decirlo, acaba de asumir públicamente la dirección del Estado y gobierno
cubanos. Si el 2 de enero de 1956 nació el Ejército Rebelde, ese mismo
día, 50 años después, se ha producido la primera sucesión por "vía natural".
Con ese hecho, las supuestas o reales disputas por el poder han quedado
definidas por el momento. Esa es la realidad, lo demás pertenece al
pasado. De ahora en adelante para pensar posibles caminos y adelantar
algunas hipótesis respecto al futuro de la nación cubana, el análisis
político tiene que partir del emergente escenario.
Lo primero es, alejados de pasiones e ideologías, desechar la falsa
disyuntiva entre sucesión y transición. En el peculiar contexto
socio-político cubano, con independencia de ambiciones manifiestas u
ocultas, estaban fuera de discusión dos hechos: uno, que la sucesión
predominaría, y dos, que el segundo secretario del Partido sería la
nueva figura central del poder.
Ante esa nueva realidad, y teniendo en cuenta el carácter inexorable de
la transición a la democracia tanto por razones internas como externas,
incluso para conservar los intereses de los nuevos líderes, la sucesión
deviene antesala del anhelado proceso. Sin embargo, como los herederos
del poder cuentan con una valiosa herencia para conservar el mando a
corto o mediano plazo: control militar, político, económico, informativo
y social, todo indica que tendrán participación en los inevitables
cambios, y que, por tanto, en la primera etapa del proceso harán valer
sus requerimientos.
Tomando la realidad tal y como es, el nuevo poder —como cualquier clase
social en la historia de la humanidad— tiene, más que ideas, intereses
concretos que defender. A saber, economía y responsabilidad histórica
con lo acaecido desde 1959. Por esa razón hay que tener en cuenta otras
dos realidades.
La primera es que el gobierno totalitario implantado en Cuba ha
demostrado una eficacia extrema en la conservación del poder: control
absoluto de todo, incluyendo a los ciudadanos, ausencia de derechos,
libertades básicas y de sociedad civil independiente; instrumentos sin
los cuales es imposible la participación cívica del pueblo en los
asuntos de su interés.
La segunda es que la eficacia demostrada para conservar el poder no es
extrapolable al mejoramiento económico, sin lo cual el modelo cubano es
insostenible a largo plazo. Revertir esa situación implica,
obligatoriamente, implementar transformaciones estructurales que van
desde las leyes hasta la economía.
Por lo anterior, la conservación del poder, que es el objetivo del nuevo
gobierno, no podrá basarse de forma pura y dura en la conservación del
fidelismo, sino en el camino de las transformaciones para calmar las
demandas que brotan de los cubanos, pero por supuesto, con determinadas
garantías para los intereses antes citados.
Ante la pregunta de por qué en vez de hablar de las relaciones externas
Raúl Castro no se refiere a la solución de los problemas internos, la
respuesta es que para los gobernantes el problema interno incluye sus
intereses y, si eso no se tiene en cuenta, no procederán a su solución,
al menos por la única vía que la sociedad cubana puede soportar: el
diálogo, el pacifismo, la reconciliación y la aceptación de la diferencia.
Por eso, a diferencia de esquemas clásicos u de otras experiencias, la
peculiaridad de las relaciones conflictivas entre los gobiernos de Cuba
y Estados Unidos indica que la democratización de la Isla tendrá que
transitar por las relaciones internacionales, pues la mayoría de los
hombres se guían por sus intereses.
En ese sentido, el gobierno norteamericano, ahora con mayoría demócrata
en el Congreso, debería tener en cuenta y aceptar la disposición del
nuevo jefe de Estado cubano para iniciar negociaciones. Si no se accede
a eso se pueden pronosticar oscuros nubarrones sobre la sociedad. No
olvidemos que el actual sistema cubano es tan ineficiente para
garantizar un futuro mejor para los cubanos, como eficiente para
conservar el poder a cualquier precio.
Por su parte, el nuevo gobierno tiene la oportunidad y la obligación de
abrirse no sólo al exterior, sino también a la pluralidad dentro de la
nación y al respeto a los derechos humanos en todos sus órdenes, tal
como lo expresara el papa Juan Pablo II durante su visita a Cuba. Sólo
de esta manera podrá participar en la búsqueda de soluciones a los
complejos problemas que afectan al país.
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/cuba-debe-comenzar-a-caminar-sola/(gnews)/1165467600
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