Tuesday, March 18, 2014

El lado oscuro del corazón

El lado oscuro del corazón
Las Ciencias Sociales cubanas y los límites de la crítica
Marlene Azor Hernández, México DF | 17/03/2014 6:07 pm

En un interesante análisis del politólogo Rafael Hernández en su
intervención en la Feria del Libro: "El hombre que amaba las novelas
históricas. Notas editoriales sobre las relaciones entre literatura,
política y ciencia social", se produce por primera vez dentro de Cuba,
un recuento sobre el desarrollo de las Ciencias Sociales relacionándolas
con las políticas editoriales del gobierno cubano y notando las
ausencias, los silencios y los límites impuestos por las políticas
gubernamentales al desarrollo de estas disciplinas. Es la primera vez
que leo un análisis con lenguaje claro y sin trabalenguas "técnicos" que
impiden llamar las cosas por su nombre. En ese sentido es un análisis
inédito en el ámbito público cubano del último medio siglo y le doy la
bienvenida.
Lo que resiente el análisis es la falta de enunciación de los
responsables de estas políticas y por otra parte la falta de descripción
de los mecanismos puestos en práctica desde el punto de vista
ideológico, político y sociológico para tener amordazadas a las ciencias
sociales cubanas desde los sesentas a la actualidad, y además la falta
de evaluación de las concepciones dominantes en el poder para
desarrollar tales políticas de control.
En un vano afán de excepcionalidad criolla, Hernández aclara que en los
sesentas no es el paradigma soviético, —por lo tanto estalinista— el que
conduce las políticas públicas con respecto a la cultura y las ciencias
sociales, el sistema político y la economía, y tiene razón, pero
desconoce que los debates de los años 60 de las ciencias sociales se
mueven entre dos referentes de pensamiento político, el maoísta y el
estalinista representados en la discusión sobre el sistema económico en
el Che Guevara y Carlos Rafael Rodríguez.
Realmente ir a buscar las concepciones políticas dominantes de la época
en el caudillismo abonado por la colonia, me parece un ejercicio
fructífero para una tertulia entre amigos de un domingo por la tarde. O
un exagerado empecinamiento en buscar autoctonía en los desastres
remitiéndose al pasado más remoto. Esto último muy relacionado con la
falta de autoestima nacional o con un común estilo de arrogancia
intelectual.
El cisma entre "el socialismo soviético" y "el socialismo maoísta" a
partir de 1960 se refleja en Cuba en las discusiones sobre el sistema
económico pero no toca la institucionalidad política porque tanto el
mandarinazgo maoísta como la autocracia soviética tienen la misma
concepción premoderna del poder y por lo tanto un abismo histórico y
cultural con relación a los derechos humanos contemporáneos en los 60.
Para colmo de males, la izquierda del momento tanto la latinoamericana
como los partidos comunistas europeos rinden tributo a "la vanguardia
política" concepción elitista-autoritaria que niega el saber de los
ciudadanos por la falta de instrucción escolar y los condena a ser
simples soldados disciplinados de una élite plena de "epifanías". El
cuadro está servido desde los sesentas en Cuba para incorporar el
totalitarismo soviético del Socialismo de Estado. No hay que achacarle
ni a Marx ni a Gramsci ni a los Capitanes generales, la justificación de
tales disparates de la izquierda, ni tampoco dejar de plantearse la
¿inevitabilidad de asumir el paquete soviético completo? Estudio
pendiente por hacer.
La dirección política cubana se apropió del pragmatismo de la
experiencia de sus contemporáneos que supuestamente construían "el
socialismo" porque además coincidían con la propia percepción de lo que
debía ser una "nueva" sociedad. Los límites intelectuales y políticos de
"la vanguardia" invalidaron las posibilidades de desarrollar un
pensamiento alternativo. También "la vanguardia política e intelectual"
impuso una cultura política de sumisión al líder y al "mesías"
travistiendo en dioses a simples funcionarios públicos. El resto es la
historia de los controles sociales y la represión para mantener un
pensamiento único y la nebulosa ideológica de la excepcionalidad cubana
como otra forma de dominación.
El problema de no analizar las concepciones políticas dominantes del
momento y sobre todo la ausencia de crítica a estas concepciones hace de
la intelectualidad crítica de los sesentas, la más libre del período
revolucionario, enfocarse en los movimientos de liberación nacional de
la época y/o en la emancipación cultural por medio de la construcción de
"un hombre nuevo" —un proyecto de ingeniería social que nada tiene que
ver con Marx— y dejar invisible el tema Cuba y la evaluación de sus
políticas públicas en sus páginas, de por ejemplo, la revista
Pensamiento Crítico que después fue censurada.
La ausencia de evaluación ciudadana e intelectual de las políticas
públicas en Cuba desde los años 60 y de manera sistemática es un mal que
se arrastra, empobrece y obstruye no sólo el desarrollo de las
disciplinas, sino también invisibiliza la crítica social. Además y de
manera lamentable "disciplina" a las siguientes generaciones de
cientistas sociales a suscribirse a determinada agenda de discusión e
investigación delimitada por la élite política del país que se distancia
cada vez más de los problemas de la realidad social o los convierte en
"secreto de estado".
En este sentido las generaciones de intelectuales de los 60, los
"intelectuales orgánicos", y los que siguen su ruta, tienen la
responsabilidad histórica de haber actuado o seguir haciendo de muros de
contención también para el desarrollo de las Ciencias Sociales en Cuba
al acotar, entrenar y muchas veces censurar a las nuevas generaciones
por salirse del guión establecido por la dirección política del país.
Felizmente excepciones honorables existen.
Los mecanismos de control han sido férreos: desde los autores
autorizados para ser referentes hasta la censura de las encuestas y de
los resultados de las investigaciones, los disímiles filtros
burocráticos y políticos para hacer una investigación siempre en
instituciones estatales y el silenciamiento de los resultados de
investigación, todos considerados de "Seguridad Nacional". Desde las
políticas públicas hasta la violencia de género, la discriminación
racial, la institucionalidad económica y política: todos los discursos
son acotados. En este contexto, y con la "tradición" ya después de 55
años me resulta simpático y a la vez trágico, que el presidente y
vicepresidente del país le pidan ahora a los cientistas sociales:
politólogos, economistas, psicólogos, sociólogos antropólogos y hasta
juristas que justifiquen "la actualización" en marcha y que además le
llamen al actual socialismo "patético" o al capitalismo vergonzante que
construyen, el peor, una variante específicamente cubana de un "nuevo"
socialismo.
Confío en la decencia de los investigadores cubanos, aunque siempre
habrá excepciones que se presten para ser los adalides de un nuevo
disparate propagandístico. Un sistema con tamañas censuras y mordazas
produce los monstruos a los que se refiere Rafael Hernández aludiendo a
Goya.
Bien por este recuento que avanza en los "grises" del desarrollo de las
Ciencias Sociales en Cuba, pero indudablemente el esfuerzo sólo se ha
quedado a las puertas del "lado oscuro del corazón". El resultado de
ello es que sigamos posponiendo el desarrollo de la crítica social
informada en Cuba y que el desarrollo de las Ciencias Sociales continúe
supeditado a los mandatos del poder.

Source: El lado oscuro del corazón - Artículos - Opinión - Cuba
Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-lado-oscuro-del-corazon-317294

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