El diario castrista "Juventud Rebelde" y los sucesos en Venezuela
¿Alguien podría calcular cuánto ha costado, durante más de medio siglo,
la tinta consumida editando más de una veintena de periódicos que dicen
lo mismo?
Félix Luis Viera, México DF | 17/03/2014 6:02 pm
Me atrevo a asegurar que si el comunismo castrista, desde la medicina
hasta la educación gratuita, tuvo alguna consecución o avance, fueron
victorias pírricas. Por ejemplo, nunca nadie podrá calcular cuántos
miles de millones de pesos o dólares o euros o lo que fuese costó echar
adelante durante lustros solo una de aquellas cadenas de "granjas del
pueblo" que no demoraron mucho en declararse improductivas, y que se
tragaban con suma puntualidad y constancia decenas de camiones
soviéticos de carga, piquetes de tractores también soviéticos e
italianos, océanos de gasolina y montañas de fertilizantes para, como
decía, acaso alguna vez llevar par de plátanos a la mesa de los
ciudadanos, incluidos aquellos que iban a realizar el extenuante
"trabajo productivo voluntario" en los campos. Nunca se sabrá esta cifra
ni tantas y tantas otras supermillonarias que han sido despilfarradas
—inútilmente, valga la casi redundancia— por el castrismo debido a una
economía sin control, al voluntarismo de Fidel Castro, su afán enfermizo
por probar y probar una y otra vez con los cubanos como si estos fueran
sus ratones de laboratorio esclavos. Nunca hubo información fehaciente a
la población sobre el presupuesto nacional, acerca del origen de las
"gratuidades", que según aquel mi amigo músico, el negro Rigo, "no queda
claro si son de verdad gratuitas". Lo entrecomillado fue la observación
que le dejó saber el buen Rigo a una de las profesoras de Instrucción
Revolucionaria, después de, con tanta sinceridad, argumentarle que una
botella de ron tenía un costo de $1,90 pero él debía comprarla en $20,00
y una cajetilla de cigarros $0,20 pero él debía entregar $1,60 por ella.
¿Qué se hacía ese sobreprecio que le cobraban a él y los demás? ¿No se
pagaba acaso la educación, los círculos infantiles y las escuelas y
tantas otras cosas con este sobreprecio? Esta fue la última candorosa
observación y el último argumento del negro Rigo en aquella escuela; se
tuvo que ir con su música, su contrabajo, a otra parte.
A mi amigo músico le habían enseñado también en aquel curso que la
prensa del capitalismo debía ser definida como "medios de difusión
masivos", no de "comunicación", porque no "comunicaban", solamente
"difundían", y casi siempre patrañas burguesas. "Medios de comunicación"
eran los del socialismo, del socialismo cubano en este caso, porque
estos sí "comunicaban". Rigo nunca lo creyó, él, por el contrario,
pensaba que lo antes dicho sobre "comunicación" y "difusión", estaba
planteado al revés por la profesora. Él había vivido parte del
capitalismo en Cuba y lo suficiente del comunismo castrista como para
saber diferenciar, me dijo. El Rigo era músico de oído, buscavidas casi;
no había asistido a conservatorio alguno, no era graduado del Instituto
Superior de Arte, no era un pianista sinfónico, nunca se había parado
frente a una filarmónica, ni siquiera ante un atril, pero: "No soy
verraco, mi socio, yo no me voy con esa finta", me diría al terminar lo
que antes he relatado.
El Rigo tenía buenas razones, ya lo sabemos. Y entonces surge otra
pregunta en cuanto al "gasto presupuestal": ¿alguien podría calcular
cuánto ha costado, durante más de medio siglo, la tinta consumida
editando más de una veintena de periódicos que dicen lo mismo, que
mienten con el mismo estilo, que están concebidos por la dictadura para
servirle a ella misma? Nadie podría dar la cifra correcta, solo que son
billones y billones de dólares que han salido, precisamente, del cuero
de los cubanos; y que hoy siguen saliendo con el mismo propósito y del
mismo sitio, incluido el cuero de los exilados que envían sus remesas.
Dije tinta. Pero ¿y el montonal de edificios, las legiones de empleados
administrativos, las cuadrillas de material rodante, las interminables
cajas chicas para viáticos, cuánto han sumado, cuanto suman, sumarán en
medio siglo? Y las nóminas... esas tristes nóminas, tristes porque dan
pudor ajeno, donde aparecen los articulistas, columnistas, escribientes
más privilegiados del planeta: no tienen réplica..., redactan, reportan
sabedores de que nadie en la Isla habrá de alegarles..., no hay otros,
solamente son ellos diciéndose entre ellos y al "pueblo", que con sus
esfuerzos y carencias salda sus nóminas, las mismas falsedades. Es
triste, muy triste, creo que más triste que indignante, comprobar que
aquellos periodistas, aquellos seres se amen tan poco a sí mismos,
tengan de sí mismos una opinión tan pobre como la que, seguramente en su
intimidad, se dedican, al menos los que aún son capaces de
autoevaluarse. Ellos a veces publican acerca de robos, desvíos de
recursos que en no pocas ocasiones han servido al infractor para poder
comer o para comprar un juguete a sus hijos. ¿La pregunta es: ¿qué
diferencia habrá entre el periodista que ha redactado la nota sobre un
delincuente para hacerla pública, y el delincuente?, ¿cuál de los dos le
está robando más al pueblo de Cuba?
Bueno, ya se habrá dado cuenta el lector de que únicamente me he
referido a la prensa escrita del régimen. Lo mismo ocurre con la radial,
televisada, y la digital para el extranjero.
Y lamentablemente, la perversión del periodismo castrista, va en
ascenso. Por estos días, sobre los tristes sucesos que hoy ocurren en
Venezuela, está dando fe, o sería mejor decir mala fe, el diario
Juventud Rebelde. En un ditirambo aparecido el pasado 6 de marzo, da a
la luz una crónica, amelcochada, ya se supone, sobre un señor de unos 75
años de edad que no podía seguir hacia su destino en al ciudad de
Caracas, puesto que una valla callejera ubicada por los manifestantes se
lo impedía. La valla, dice la crónica, estaba puesta allí "por quienes
se empeñan en desestabilizar el país". O sea: los estudiantes que
protestan contra el gobierno venezolano, de los cuales hasta hoy han
muerto más de una veintena, además de que otros han sido golpeados y
torturados, y otros llevan más de un mes en las cárceles sin que les
haya sido imputado delito alguno. Estos estudiantes que protestan
pacíficamente, en esta nota de Juventud Rebelde, son acusados de
"destilar el odio, de dividir, reprimir, acorralar, aniquilar
salvajemente". Si sacásemos esta frase de contexto, quedaría muy
adecuada para calificar la presente actuación del régimen de Venezuela
contra los manifestantes, ¿verdad? El mismo medio de "comunicación
masiva", publica el 7 de marzo, bajo el título "El fascismo sigue
cobrando víctimas", sobre otras personas fallecidas "como consecuencia
de la violencia desatada por grupos extremistas de derecha". Asimismo,
acerca de las manifestaciones llevadas a cabo el pasado miércoles de 12
marzo, tanto por estudiantes opositores como de simpatizantes del
chavismo, dice Juventud Rebelde que estos últimos "caminaron,
desbordando entusiasmo, desde la Plaza Brión, en Chacaíto (este de la
ciudad), y se dirigieron hasta la Plaza Morelos, donde instalaron la
Conferencia de Paz de la juventud". Esto de "desbordando entusiasmo",
además de una frase tan manida por la conga del periodismo de la
dictadura cubana, suena un poco macabro: si cierto segmento de cualquier
población "desborda entusiasmo" en medio de sus compatriotas muertos,
torturados, encarcelados, ya no habría nada que hacer. No dice la
crónica de Juventud Rebelde que las imágenes de los manifestantes
adeptos o adictos al gobierno, no alcanza ni para una foto de carné.
Mientras que los "de la ultraderecha", que "intentaron cruzarse con la
marcha chavista, propósito que fue contenido por la Guardia Nacional
Bolivariana (GNB), porque no poseían la autorización previa para seguir
esa ruta", rebasaban el gran angular de CNN.
Desafortunadamente, informaciones como las antes citadas son las únicas
que recibe el pueblo de Cuba, cautivo de la prensa oficialista, de estos
asalariados del castrismo. Uno se pregunta qué podrán hacer estas
personas que hoy, sin la más mínima vergüenza, mienten al mismo pueblo
que les da de comer, cuando llegue ese momento inexorable en que de
verdad deban informar, conscientes de que ya no tienen impunidad ni
inmunidad. ¿Sabrán entonces trabajar con el mínimo decoro —recalco,
"mínimo"— que hoy se le exige a un comunicador cualquiera? ¿Deben irse
preparando ya, profesional, éticamente, para ese día en que deban
demostrar sin en realidad eran periodistas?
Ya ven. Así van las cosas.
Source: El diario castrista "Juventud Rebelde" y los sucesos en
Venezuela - Artículos - Cuba - Cuba Encuentro -
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