Raúl Castro: un líder instantáneo
Los medios de comunicación cubanos han iniciado un proceso de
metamorfosis y ensalzamiento de la figura del hermano de Fidel - Sus
únicas apariciones públicas han sido mediante discursos a través del
diario oficial «Granma»
Luis F. Millán Enviado especial
Bitácora Cubana, 6 de agosto de 2006 - La Habana
Como el café soluble, como la sopa en polvo, un líder revolucionario
también puede hacerse al instante si llega a ser necesario. ¿Qué se nos
muere Fidel y el régimen se va a ir a hacer gárgaras? Tranquilos,
compañeros, que aquí no pasa nada. Se hace enseguida un nuevo líder
revolucionario que coja la dirección del mando y, ¡hala!, a seguir
viviendo tan contentos del azúcar, del tabaco, café, ron, jineteras y
cuento. ¿Que queréis a Fidel? Pues allí tenéis a su hermano, que puede
servir lo mismo. Dos por el precio de uno. ¿Hace?
He aquí la receta: se coge al hijo de un emigrante de Lugo afincado
prósperamente en el Caribe y se le esconde por un tiempo a los ojos del
mundo para macerarlo de misterio y poder presentarlo luego emplatado
como el salvador del país y su particular forma de vivir la vida. No
importa que el género no esté fresco, que sea más bien un añojo de 70
años, si aquí el género está siempre dentro por el calor. Además, que
para eso Raúl tiene cara de niño: se ve más joven de lo que es. El
secreto consiste en saber pintar la burra para venderla bien luego.
La maquinaria mediática oficial cubana se ha dado ya a la tarea de
preparar la «metamorfosis» de Raúl Castro de simple mortal a Jefe
Supremo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del Consejo de Estado,
del Consejo de Ministros, líder de la Asamblea Nacional del Poder
Popular y secretario general del Comité Central del Partido Comunista de
Cuba. A diferencia de su hermano mayor, su presencia no impone. No tiene
ni su barba, ni su voz, ni su vehemencia, ni su carisma, pero no
importa. Es un hombre muy preparado, conoce como nadie al Ejército y
aunque ha huido siempre de los liderazgos y está acostumbrado a trabajar
en equipo, él es el elegido para la sucesión. Lo dice la Constitución de
1976 y lo dejó dicho Fidel.
Como sucedía antiguamente con los gobernadores recién designados de la
Cuba colonial, que al llegar se encontraban con un absoluto vacío
administrativo, Raúl Castro va a tener que organizarse él mismo su
entrada triunfal y sus baños de masas, según dicta el protocolo. Y,
según los que saben, en eso está, convencido como muchos de que Fidel no
está ni estará por mucho tiempo en condiciones de asistir a su «puesta
de largo», si es que se sale de ésta. Así es el peso de la púrpura
revolucionaria, que exige el amanecer de un nuevo sol cuando el anterior
todavía no termina de ponerse en el horizonte. Nunca pueden arriarse las
banderas de la Revolución. «Hasta la victoria siempre».
Desde su despacho en la torre del Ministerio de Defensa que se alza en
plena Plaza de la Revolución, con la silueta del «Che» dominándolo todo,
Raúl ha comenzado a tejer la red de la sucesión. Lo primero, antes que
nada, es la liturgia política de rehuir todo protagonismo y apartar de
sí ese cáliz. El diario «Granma», hábilmente dirigido por Lázaro
Barredo, ha sido el elegido para prestar ese primer servicio. Y así, el
periódico publicaba el jueves pasado en portada el extracto de un
discurso pronunciado por Raúl Castro el 1 de julio: «El Comandante en
Jefe de la Revolución Cubana es uno solo, y únicamente el Partido
Comunista, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y
garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede
ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su
líder. Para eso trabajamos, y así será».
Apenas un día después, el viernes, Raúl lanzó la segunda parte de su
estrategia: aparecer como digno sucesor, rebozándose de méritos
revolucionarios y eliminando la obviedad de ser el propio hermano de
Fidel. Para eso volvió a echar mano de «Granma», que nuevamente en
portada publicó una nota titulada «Lo que no se puede ignorar», y en la
que se ventilaba que fue el menor de los Castro Ruz quien asumió la
responsabilidad del asalto al Cuartel Moncada en 1953, en un momento en
el que el propio Raúl ignoraba la suerte que había corrido su hermano
Fidel, líder del movimiento, pero que sí sabía que el «número dos» de la
ejecución del asalto, Abel Santamaría, había muerto en el intento.
Así, el periódico reprodujo un facsímil del ejemplar del 30 de junio de
1953 del diario «Oriente», de Santiago de Cuba.
http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=2644
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