Monday, August 07, 2006

Esperando el carnaval

Esperando el carnaval

Hugo Sánchez,

Bitácora Cubsna, 5 de agosto de 2006 - La Habana (El Periódico)

"Dos pasiones tengo yo, las lentejuelas y la noche", confiesa Zunilda.
"No sé cuál va primero, solo sé que van juntas y ¿sabe dónde se juntan?
En el carnaval. Este año no voy a tener carnaval, el hombre enfermó. Él
nunca se enferma, ni caspa debe de tener, y resulta que le vino cuando
tocaba precisamente con el carnaval".

Zunilda trabaja de mesera en uno de los restaurantes del Barrio Chino de
La Habana. Se graduó de nivel medio de Gastronomía. Estuvo estudiando
inglés y lo dejó. Usa lentillas verdes. Le han dicho que le quedan bien.
Ella lo cree.
"¿Qué culpa tiene Fidel? Ninguna. Lo operaron y el carnaval se estropeó.
Esta vez sí que iba a ser sonado. Cumplía 80. Yo nací con la revolución,
en el 59, y creo que él llegó con los barbudos con 33 años. Lo recuerdo
porque la gente decía que tenía la edad de Cristo".

El restaurante está lleno. Es uno de los tantos pertenecientes a
sociedades chinas que las autoridades permitieron abrir con la idea, un
tanto artificial pero que ha logrado ser operativa, de reanimar una de
las tantas zonas muertas de la capital. Tiene dragones, farolas,
ideogramas y muy pocos chinos. Se cuentan con los dedos. Emigraron, es
decir, volvieron a emigrar en los años 60.

Gasolina, pintura, harina

"¿De dónde saca la gente el dinero para venir aquí? Si alguien consigue
un trabajo, no pregunta en qué consiste, porque sabe que no va a hacer
nada; tampoco lo que va a ganar, el salario no le alcanzará. Lo que sí
pregunta es si habrá búsqueda, que puede ser llevarse algo, gasolina,
pintura, harina, que luego vende y por ahí logra resolver. Claro que
aquí no viene el de búsquedas pequeñas...".

Cerca del Malecón, están desarmando un quiosco. Solo le faltaba el techo
cuando llegó la orden de marcha atrás. El sol raja las piedras; el mar,
plano, invita a bañarse. No se puede decir que los tres trabajadores
estén de buen humor.

Un negocio bastante bueno

Ariel es uno de los malogrados dependientes del quiosco. Estudió Cultura
Física. Todo lo que tiene que ver con deporte, así sea hockey sobre
hielo, lo cautiva. "Eso no da y esto así, pero ahora tendré que ver cómo
me la busco. El carnaval es un negocio bastante bueno. Uno trae sus
propias cosas y las vende. Bueno, claro que el quiosco es del Estado,
pero cada uno trae algo suyo. ¿Yo? Una caja de cerveza que resolví por
fuera, de alguien que a su vez la resolvió por fuera".

Zunilda y Ariel coinciden en que en diciembre, cuando ellos creen que
Fidel Castro se incorporará, quizá se permita convocar el carnaval. Sus
pronósticos se basan en deseos. "Sí, se pondrá bien y volverá con sus
discursos de seis horas. Más vale malo por conocido que bueno por
conocer", dice. Sonríe. Ariel no opina.

http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=2645

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