Wednesday, August 09, 2006

La isla de los Castro

08/09/2006

La isla de los Castro

Cuando se corrió la voz en Miami de que Fidel se había muerto, alguna
gente empezó a alborotar. Personas se fueron a la calle ocho y dieron
gritos entusiasmados. Alguien trajo una bandera cubana después vinieron
otros con la misma cosa. Al poco rato, frente al restaurante Versailles,
se habían reunido unas ochenta o sesenta personas dando gritos.
Entonces, los que pasaban en automóviles sacaban la cabeza y daban
gritos. Y los que estaban en la acera saludaban con gritos a los que
pasaban. Todos gritaban con mucho regocijo. Entonces vino la policía y
estacionó sus carros frente a los que gritaban. Nadie sabía nada de lo
que estaba pasando en Cuba. Unos decían que Fidel se había muerto, pero
otros se mostraban escépticos. "Tengo que verlo para creerlo", le oí
decir una pobre vieja. Y así pasó un día y otro día. La gente seguía
dando gritos. Lo curioso entre los cubanos de Miami es que casi siempre
los gritos se suelen dar frente al Versailles, que es un restaurante muy
concurrido. Sospecho que hay algunos grupos de cubanos especializados en
estas faenas tumultuosas. Tal vez alguien les paga para que formen el
molote frente al restaurante. Es buena propaganda. Pero lo cierto es que
no había mucha gente. Lo que contribuía a la celebración eran los carros
que pasaban por la calle, que hacían ruido con los fotutos, como se
decía en Cuba. También es cierto cuando se ponen a agitar las banderas
cubanas la gente se siente contenta.

Al otro día seguían dando gritos, pero ya nadie estaba seguro de que
Fidel hubiera muerto. Estaba bajando el entusiasmo. Las gentes de Miami
empezaron a llamar a Cuba para averiguar, pero en Cuba nadie sabía nada.
Tenían miedo de hablar.

Poco a poco, se fue calmando la cosa. No hubo confirmación de la muerte,
pero se difundió la idea de que estaba grave. Cuando se dijo que el
hermano Raúl había sido designado sucesor temporalmente, algunas gentes
empezaron a decir que menos mal, que Raúl no era tan malvado como su
hermano. Otros decían que no, que Raúl era peor que Fidel. Pero, en
definitiva, todo se quedó así. En el momento en que escribo estas
líneas, todo parece más tranquilo. Algunas gentes ya aceptan la idea de
que Fidel no se ha muerto. Por lo menos, todavía. Pero no renuncian a la
esperanza. Curiosamente, los sacerdotes católicos de Miami, empezando
por los obispos y arzobispos, se han pasado todo el tiempo orando por la
salud de Castro. Es algo conmovedor.

De todos modos, lo que sí parece cierto, hasta este momento, es que
Fidel va a tener serias dificultades para volver al poder absoluto que
ha ejercido hasta ahora, en el supuesto de que se salve. Si Raúl Castro
logra consolidar su posición es muy posible que casi todos los
individuos que han estado al servicio de Fidel, por ejemplo el pequeño
Felipito Pérez Roque, van a desaparecer del escenario. Dentro del
gobierno de Cuba existen diversos grupos que se piden la cabeza unos a
otros. El régimen es un avispero que ahora se va a agitar.

El régimen de Castro tiene raíces muy profundas. No estamos frente a un
gobierno como el de Batista, en 1958, en el que tan pronto el general
agarró el avión y se fue; todo cambió de la noche a la mañana. Fidel ha
gobernado a Cuba durante 48 años como si la isla fuera una finca privada
semejante a la que tenía su padre en la provincia de Oriente.

Cuba, ahora, después de tantos años, es una finca privada de los Castro.
Son dueños de todo. De todas las calles, de las mismas iglesias, de
todo. Todos los cubanos, los once o doce millones, son, en realidad,
empleados al servicio de los Castro. Hasta los cementerios forman parte
de las vastas propiedades de los Castro. Raúl ocupa ahora el puesto de
Fidel porque así estaba convenido de antemano. A estas alturas me
imagino que ya Raúl ha designado al hijo que lo va a suceder. Cuba ya no
es un país. Es una vasta finca donde los Castro han ejercido su poderío
sin limitaciones.

http://www.eldiariony.com/noticias/columnistasdetail.aspx?sectionid=48&txtid=1465539

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