Fidel Castro y "el bien de todos"
Ricardo Medina Macías
" Merced a la publicitada agonía de Fidel Castro me he enterado que el
primer artículo de la Constitución cubana proclama que la finalidad del
Estado socialista es nada menos que "el bien de todos". "
El artículo primero de la Constitución cubana dice que "Cuba es un
estado socialista... organizado con todos y para el bien de todos". Su
próxima muerte –anticipa el dictador– será una "noticia adversa"... y es
que así se ven a sí mismos los déspotas, como la encarnación del "bien
de todos".
Cerca de la muerte, Fidel Castro sigue siendo el supremo hacedor en la
isla: él decidió ser relevado por su hermano Raúl, él redactó el parte
que al mismo tiempo informa y oculta la naturaleza de su enfermedad, él
decidió también darnos a conocer que en el futuro próximo debemos estar
preparados para recibir "noticias adversas" (eufemismo para no
mencionar, superstición, la palabra prohibida: muerte), él decidió que
se difundiesen por fin imágenes suyas enfundado en un atuendo deportivo
azul, blanco y rojo, cual bandera cubana, simulando hablar por teléfono
y embelesándose con la primera página del periódico Granma del 12 de
agosto que, ¡sorpresa!, adornó su portada con una vieja foto del
dictador y proclamó que la historia lo ha absuelto, justo cuando cumplía
80 años.
Los mortales todos los días podemos aprender algo nuevo –a diferencia de
los dictadores, como Castro, que se han de aburrir mucho porque ya lo
saben todo– y merced a la publicitada agonía de Fidel Castro me he
enterado que el primer artículo de la Constitución cubana proclama que
la finalidad del Estado socialista es nada menos que "el bien de todos".
Mira por dónde vuelve a surgir la frasecita insignia que identifica en
México a las huestes de Andrés Manuel López Obrador, quien, por cierto,
confirma el adagio del temido síndrome que lleva su nombre: "¡Ay
Andrés!, de día recitas lo que de noche lees".
Volviendo al legendario dictador cubano, queda claro que la noticia de
su muerte – presumiblemente más próxima que la de la mayoría de
nosotros– debe ser, constitucionalmente y sin lugar a disidencia alguna,
una "noticia adversa", es decir: infausta, aciaga, un hachazo brutal y
homicida –como decía Miguel Hernández de la muerte de su amigo Ramón
Sijé–; uno de esos aborrecibles mensajes de los "heraldos negros" (César
Vallejo), porque supondrá una mengua irreparable en el "bien de todos".
Y aprovecho, por puro gusto, para citar a Vallejo: "Me moriré en París
con aguacero, /Un día del cual tengo ya el recuerdo. /Me moriré en París
–y no me corro– /Tal vez un jueves, como es hoy, de otoño".
No faltará el cursi –mi candidato es el argentino Miguel Bonasso, tan
amigo de Fidel como de Néstor y Cristina Kirchner– que desempolvará
adjetivos para mostrarnos que él fue discípulo dilecto del castrismo
embelesado. Ya lo ha hecho en reciente entrevista. Cito un fragmento y
pido a los lectores correr por un pañuelo desechable: "Sin lugar a dudas
todos rechazamos la ausencia física de Fidel; quienes tenemos el
privilegio, el honor de considerarnos amigos de él, disfrutamos de su
ternura, su exquisita sensibilidad y su amor a las causas justas, se
resiste uno a su desaparición física".
¿Qué tal? A conseguir reliquias.
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_32884.html
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