Manchas de la censura
MARCIAL RIVAS | Camagüey | 16 Mar 2014 - 11:04 am.
¿Nuevo arte 'abstracto-político'? En Camagüey, una brigada se encarga de
tachar los letreros del descontento.
Las primeras siete villas fundadas en Cuba por los conquistadores,
cumplen 500 años en esta segunda década del siglo XXI —Diego Velázquez,
Gobernador de la Isla, realizó la campaña de colonización entre 1511 y
1515—, por lo que sus centros históricos reciben toda la atención y el
maquillaje posible.
Aunque lo vale la historia y lo justifica la necesidad de contribuir al
turismo, no deja de ser llamativo este colorete que se aplica sobre las
partes más viejas de un país donde las zonas urbanas modernas se
identifican precisamente por carecer de signos vitales y estéticos, por
la ausencia de color y formas coherentes. En medio de esta carrera
contra el tiempo, a veces extrañas "manchas" le salen a antiguos muros,
y no son de humedad.
Consultamos, a propósito, no a un funcionario de la Empresa de
Comunales, ni a un sociólogo, sino a un especialista en arte
contemporáneo. "Si un crítico de arte cubano pudiera catalogar y
organizar estas manchas —nos dice— como lo que son, signos originados
por la superposición del riesgo que asume la ciudadanía y el rigor de la
censura que es propio de sociedades cerradas, quizás podría
clasificarlas dentro de un arte abstracto curioso, porque es, al mismo
tiempo, político".
Este especialista, comenta: "Según los cánones del arte, una obra
abstracta, entendida de forma estricta, no puede hacer referencia a algo
exterior a la obra en sí misma. Sin embargo, sucede algo distinto con
estas manchas, porque su significado está en la realidad social, no en
ellas mismas, sino por debajo, en lo sobreentendido".
Abstraccionismo político
En Camagüey aparecen con frecuencia las "manchas" aludidas. Quizás aquí
la trama urbana contribuye al fomento de este tipo de accionar furtivo y
peligroso, con calles estrechas y torcidas que tenían por objetivo
desanimar a piratas y saqueadores para que no incursionasen mucho, pues
corrían peligro de perderse en un laberinto y jamás encontrar la salida.
Esta ciudad primero fue fundada en la costa norte, pero, huyendo de
ataques y saqueos, sus vecinos terminaron asentándose en un punto
equidistante de ambas costas, en el centro de una llanura.
La ciudad del patriota Ignacio Agramonte, la escritora Gertrudis Gómez
de Avellaneda y el pintor Fidelio Ponce, cumple en 2014 medio milenio de
existencia. Por eso la otrora villa de Puerto Príncipe está muy agitada.
Se cambian fachadas, se (re)construye. Se intenta (re)vivir la esperanza
de los ciudadanos en una provincia antiguamente ganadera, hoy sin vacas,
pero que conserva en su centro un viejo sistema de iglesias y plazas que
es único, declarado Patrimonio de la Humanidad.
Calles y edificaciones que se hallan en lugares estratégicos, reciben el
beneficio de barniz y tintes nuevos, tarea dada a pintores de brocha
gorda. Los otros, los de pinceles finos, adornan espacios públicos
intentando cambiar la imagen de una ciudad que puede sentirse orgullosa
por su longevidad y tradiciones, no tanto por sus últimas décadas o las
bases económicas y sociales en que descansa su futuro.
Una artista camagüeyana, Ileana Sánchez, ha llenado los rincones de la
ciudad con gaticos multicolores. Pura cuestión de maquillaje, a eso se
restringe el uso de la cultura en la celebración de los 500 años, al
llegar a una cita con la historia de las primeras villas fundadas por
Diego Velázquez, porque como el resto de Cuba, parecen detenidas en el
tiempo y con tendencia al derrumbe.
Pero por abajo de esa imagen colorida, "sinflictiva", siguen viviendo
personas llenas de problemas reales, con temas pendientes, candentes.
Amparados por la noche, y por el laberinto arquitectónico, al parecer
hay quienes se ocupan de escribir algunas de esas inquietudes, esas
protestas, esas insatisfacciones, dejando frases, exclamaciones o
preguntas sobre los muros. Muy pocos logran leer tales letreros, porque
hay una brigada que se encarga de llegar al lugar del hecho para
tacharlos, tan pronto como sea reportado el problema, y si es posible
antes de que salga el sol.
"El resultado de las tachaduras oficiales, si las vemos al lado de las
pinturas de los artistas autorizados a decorar espacios públicos con su
arte políticamente correcto, es una serie de pinturas abstractas hechas
a dos, cuatro o seis manos —quién sabe— entre la disidencia y la censura.
El transeúnte sabe que, debajo de esas manchas sin justificación
aparente, late siempre un mensaje muy fuerte. Por tanto, el mensaje no
está oculto, sino resaltado. Todo el mundo comprende qué ocurre, y
teniendo en cuenta qué conjugación de pocas palabras está completamente
prohibida, basta encontrarse cualquier mañana una nueva tachadura en una
pared para, al verla, poder interpretar el sentido de un mensaje claro.
Los transeúntes más viejos se entretienen, como niños en el jueguito del
ahorcado, adivinando las palabras a partir del volumen, según la
simetría, el tamaño y la distribución de unas manchas que se hacen
quizás con demasiado interés en ahorrar materiales. ¿Se ahorra pintura
porque hay mucho trabajo pendiente? ¿O será que los censores también
tienen que vivir y venden las latas de pintura en el mercado negro?
Los que borran o tachan quisieran que después no se vea nada, ni el
borrón, aplicando un color que desaparezca o contraste lo menos posible
sobre la superficie usada como fondo. Sin embargo, para estos "bomberos
ideológicos" no es fácil poder trasladarse a cada sitio con toda la gama
de pinturas necesarias. "La ciudad contemporánea es muy grande, diversa,
multicolor; el arte de la censura total, imposible", afirma el
especialista consultado.
¿Pero qué decían, o dicen, estas manchas? ¿Qué mensajes tan terribles
deben ser rápida, drástica y absolutamente tapados?
En Camagüey, ciudad tradicional, religiosa, que quizás aporte el primer
santo cubano —el frayle José Olallo Valdés fue ya beatificado en 2008— y
donde su Iglesia Catedral ha sido declarada Basílica coincidiendo con el
500 cumpleaños, dentro de estas manchas seguramente no está escrito
"Abajo Dios", ¿o sí?
Source: Manchas de la censura | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1394934983_7643.html
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