La prensa que desinforma
IVÁN GARCÍA | La Habana | 17 Mar 2014 - 10:38 am.
Para los ideólogos castristas, los activistas de Kiev y los estudiantes
venezolanos son fascistas, Kim Jong-un no traficó armas con La Habana y
Beyoncé jamás visitó la Isla.
Hay un desfase abismal entre la realidad cotidiana y la información
brindada por una despistada prensa oficial.
Nunca en Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores o algunos de los 15
órganos provinciales de prensa, fue noticia del flagrante contrabando de
armas del régimen de Castro con el de Corea del Norte, violando el
embargo que mantiene Naciones Unidas a la dinastía de Pyongyang.
La aburrida y desorientada prensa nacional, escrita, radial o
televisiva, no ha reportado hasta la fecha sobre los espacios abiertos
al diálogo por la Iglesia Católica. O sobre noticias locales que han
tenido repercusión, como la protesta en Holguín de trabajadores por
cuenta propia o la insólita caminata de una mujer desnuda en la ciudad
de Camagüey.
También pasan por alto asuntos menos tensos o polémicos, como la visita
a Cuba de los peloteros de Grandes Ligas Ken Griffey Jr. y Barry Larkin,
o de famosos como Beyoncé y su esposo el rapero Jay Z.
Tampoco interesa que los lectores o televidentes se enteren que artistas
y músicos cubanos residentes en el exterior visiten la isla y actúen:
son los casos de Isaac Delgado, Descemer Bueno y Tanya, entre otros.
Ni siquiera se publica un artículo para analizar los desquiciados
precios en la venta de autos o servicios de internet.
En temas internacionales, el viejo truco es mostrar solo una parte del
fenómeno. Para quienes solo leen medios oficiales y no tienen acceso a
otras fuentes informativas, los que protestan en Ucrania, Venezuela y
Turquía, son terroristas y fascistas.
En Cuba nunca se publicó que el dictador Kim Jong-un ejecutó de manera
sumaria a su tío. Igualmente se guarda silencio sobre las atrocidades
que acontecen en los campos de concentración en Corea del Norte. O sobre
el trato degradante a las mujeres en Irán.
Los espacios de los periódicos suelen estar ocupados por comentarios
culturales y deportivos de tono bajo, la cartelera televisiva, noticias
optimistas acerca de la producción agrícola nacional o la buena marcha
de las reformas económicas dictadas por Raúl Castro y sus asesores.
Al parecer, se considera inoportuno informarle a los cubanos de las
pláticas entre el millonario azucarero cubanoamericano Alfonso Fanjul y
el canciller Bruno Rodríguez. Tampoco se cree conveniente que la gente
de a pie conozca que Antonio Castro, el hijo de Fidel Castro, juega en
torneos de golf.
O que recientemente empresarios de billeteras abultadas pagaron 234.000
dólares por un humidor artesanal de tabaco Montecristo en el XVI
Festival del Habano, donde el invitado más conocido fue el cantante
británico Tom Jones.
La información local es dirigida por ideólogos inflexibles que presumen
que tras la cacareada libertad de prensa, se esconde una "operación
militar de los servicios secretos de Estados Unidos".
Y se lo toman en serio. Como si se tratara de un asunto de seguridad
nacional. Por eso los periodistas oficiales son soldados de la
información. Amanuenses disciplinados.
Para los talibanes del Partido Comunista, internet y las redes sociales
son una forma moderna de vender capitalismo a distancia. Los nuevos
tiempos los han pillado sin muchos argumentos. Aseguran tener la verdad,
pero temen que sus ciudadanos la comprueben por sí mismos.
Las lecturas de ciertas informaciones deben ser sugeridas por el
magnánimo Estado. Piensan, y se lo creen, que los ingenuos compatriotas
no están preparados ni lo suficientemente inoculados para el veneno
propagandístico de los grandes medios mundiales de comunicación.
Ni siquiera Raúl Castro ha logrado quebrar la tozuda censura y el sopor
habitual de la prensa oficial. Desde hace años, Castro habla de
convertir la prensa en algo creíble, ameno y atractivo. Pero nada ha
cambiado.
Destinado al consumo externo, a forasteros interesados en Cuba y, sobre
todo, a dos millones de exiliados desperdigados por el mundo, se han
abiertos webs y blogs oficialistas. Con voz propia, intentan promover el
espejismo de una apertura.
Los guerrilleros de la palabra quedan para consumo interno.
Source: La prensa que desinforma | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1395049104_7655.html
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