La Habana, vida de perros
"El mejor amigo del hombre". Expresión de su miseria. ¿Cuántos amigos le
quedarían si su carne fuese comestible?
jueves, marzo 13, 2014 | José Hugo Fernández
LA HABANA, Cuba. – Los perros vagabundos son sin duda un problema para
la gente en La Habana. Pero mayor es el problema que los habaneros
constituyen para los perros vagabundos. Inmersos como estamos en buscar
remedio para nuestras propias carencias y dificultades cotidianas, no
miramos hacia los lados, donde siempre hay alguien que está peor que
nosotros. Así que mucho menos fijamos la atención en esos pobres
animales abandonados, para los que algo tan elemental como beber agua
potable representa ya un suceso fuera de su alcance.
Los perros vagabundos, por demás, pertenecen a la jurisdicción de los
pobres, son componentes de su paisaje y expresión de su miseria y
desaliño. Resulta imposible hallarlos entre la alcurnia del dinero y del
poder político, digamos en los exclusivos repartos Siboney o Atabey, ni
aun en las alturas de Kholy o del Vedado.
Con el mismo celo con que esos sitios han sido resguardados siempre de
la gente de a pie, también se resguardan de los perros callejeros, feos,
flacos, apestosos y llenos de insectos. La gente al menos sabe que
aquello no es lo suyo y no se acercan, pero ¿cómo lo sabrán los perros?
Lo único que cabe concluir es que se lo hacen saber a la brava, con
métodos de "limpieza" preventiva.
Mientras, en los barrios humildes deambulan los perros como almas que
lleva el diablo. Sus moradores son los únicos amigos que les queda al
mejor amigo del hombre, aunque está por ver cuántos amigos les quedaría
si la carne de perro fuese comestible.
En muchos casos ya ni perros son, sino esqueléticos transportes de
ácaros y pulgas y garrapatas. El sustento más seguro lo encuentran en
los basureros. Pues, aunque también suelen buscarlo en los alrededores
de cafeterías, pizzerías y restaurantes, estos son lugares peligrosos
para ellos, donde constituyen presencia no grata, por lo cual están
expuestos al maltrato y a la aniquilación.
Es doloroso comprobar que, por perderlo todo, han perdido hasta el
miedo, o quizás la noción del peligro, pues resulta común encontrarlos
desafiando el tráfico en las calles, o echados, a veces durmiendo, en
los lugares más riesgosos.
Sencillamente no tienen para dónde virarse. Conforman el último eslabón
de la cadena en esta ciudad que con frecuencia nos recuerda el primitivo
escenario de la ley del más fuerte, expuesto en la siempre sospechosa
teoría de la evolución.
¿Quién ayuda a los perros callejeros de La Habana? Muy pocos ciudadanos
(creo que cada vez menos) por iniciativa personal. Existe la no
gubernamental Asociación Cubana de Protección a Animales y Plantas, cuya
presidenta, Nora García, es una especie de Quijote que durante más de
veinte años ha luchado contra los molinos de la indolencia general y la
desidia oficial, sin contar siquiera con un cuerpo de leyes que la
respalde en sus reclamos de sanciones para los maltratadores. Y es que,
como ya se sabe, una sola golondrina no hace verano.
La propia Nora García lo resume con expresiones ponderadas: "Lo que
sucede es que no es suficiente apelar a la sensatez y el buen corazón de
la gente, y por ello la existencia de una legislación que tipifique las
conductas violatorias hacia los animales y que permita erradicar, con
sanciones, tradiciones culturales negativas que deforman la imagen de
nuestra cultura, sería de gran utilidad".
En una palabra, es cavernario que existan leyes y minuciosos controles
para castigar a quienes disienten pacíficamente de la política oficial,
mientras abundan los energúmenos que impunemente recogen a perros
callejeros para que mueran destrozados en los entrenamientos de sus
feroces perros de pelea.
Y es asimismo un actitud inhumana –cuando menos- mostrar indiferencia al
ver que los perros de la calle enferman y mueren por montones, sin
recibir atención médica, porque están obligados a beber aguas
contaminadas, o por los constantes atropellos que reciben de parte de
cobardes y salvajes personas. Eso por no contar que los perros mismos,
sin pretenderlo y sin ser culpables, encarnan un peligro para sus
"amigos" los humanos, al convertirse en focos de infección.
Source: La Habana, vida de perros | Cubanet -
http://www.cubanet.org/destacados/la-habana-vida-de-perros/
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