Saturday, January 12, 2008

Cuba y el modelo chino

Publicado el viernes 11 de enero del 2008

Cuba y el modelo chino
ADOLFO RIVERO CARO

El inicio del 2008 ha traído insistentes rumores sobre la posibilidad, e
inclusive la inminencia, de importantes cambios en la isla. Es difícil
pero no imposible. Cincuenta años de dictadura crean un espejismo de
eternidad. Es sólo un espejismo. El cambio es posible. La Unión
Soviética parecía mucho más sólida y se vino abajo como un castillo de
arena. El colectivismo comunista es un sistema totalmente artificial e
irremediablemente estéril. Lo único que explica su supervivencia es la
represión. La abolición de la división de poderes con el pretexto de un
gran proyecto revolucionario conduce a la dictadura y con ella al
terror. Pese a las esperanzas que pueda haber suscitado, en esa sociedad
sin libertad no puede haber progreso. Sus dirigentes podrán eternizarse
en el poder, pero el pueblo se hundirá, inevitablemente, en una pobreza
sin esperanzas y potencialmente explosiva.

Hace cincuenta años, Cuba era uno de los países más prósperos de América
Latina. Hoy es uno de los más pobres. Lo único que explica esa
involución es la revolución castrista. La situación cubana encierra una
curiosa paradoja. La nomenclatura exalta constantemente la figura de
Fidel Castro pero, al mismo tiempo, ansía su desaparición. Nadie ignora
que es el gran responsable de la crisis nacional y el principal
obstáculo para su superación. Le agradecen el poder, pero saben de la
desesperación popular y les aterra la posibilidad de un estallido social.

La nomenclatura sabe que los logros sociales de la revolución cubana son
un mito. La razón es obvia: la revolución siempre ha sido un colosal
fracaso productivo. Desde sus mismos inicios ha estado en bancarrota.
¿Qué servicios sociales hubiera podido garantizar sin los enormes
subsidios soviéticos? ¿Cómo viven ahora, realmente, los cubanos pese al
millonario subsidio petrolero de Hugo Chávez? Y cuidado, porque el
futuro del dirigente venezolano es cada vez más precario. Es muy
probable que este mismo año veamos una sustancial erosión de su poder.
Ahora bien, ¿qué sería de Cuba sin la ayuda de Chávez? Y, en estas
condiciones, ¿qué porvenir tiene la nomenclatura cubana?

No es inconcebible que el miedo la decida a emprender algunas reformas.
Sin embargo, para conseguir cualquier reacción positiva las reformas
tendrán que ser significativas. Y, cualesquiera que sean, van a
significar un rechazo al legado de Fidel Castro. Esto, a su vez, va a
provocar una marejada de expectativas. Se comenta, por ejemplo, la
posibilidad de que se permita entrar y salir libremente del país. Pero,
¿qué significaría esto? ¿Estrechar relaciones con el exilio de Miami? Es
bueno recordar que Oswaldo Payá le había propuesto esto mismo a la
Asamblea Nacional. De conseguirse podría considerarse como un triunfo de
la oposición.

También se ha hablado de estimular a los campesinos. En Cuba hay muchas
organizaciones de campesinos independientes. Según ellos, lo fundamental
no sería repartir tierras. ¿Tierras para qué si los campesinos tienen
que venderle su producción al estado a precios irrisorios? Lo
indispensable sería liberar el mercado. Pretender eliminarlo ha sido la
causa de la escasez. El hambre en Cuba es inducida, es el resultado de
una política gubernamental. Los productos agrícolas serán caros mientras
sean escasos. Que nadie critique los altos precios para desprestigiar a
los productores privados. Esos precios elevarían la producción y, dentro
de poco tiempo, tendrían que bajar. ¿Cuándo no fue así?

En todas partes de la isla la gente tiene incontables necesidades. Si
aparecieran condiciones favorables a los cambios, la gente
experimentaría la necesidad de organizarse. Reformas significativas
desde arriba provocarían, inevitablemente, un movimiento reformista
desde abajo. ¿Qué sería de la dictadura en estas condiciones?

Todas estas reformas se asocian con el llamado modelo chino. Como
sabemos, éste consiste en liberalizar la economía manteniendo la
dictadura política. Nadie discute que el progreso económico de China en
los últimos 30 años ha sido espectacular. ¿Sería posible aplicarlo en
Cuba? Aparentemente, nada más fácil. Yo no estoy tan seguro. China nunca
conoció la democracia ni nunca tuvo vínculos con un país democrático.
Durante miles de años fue gobernada por un mandarinato. Por otra parte,
la revolución china fue dirigida por un poderoso partido comunista. Sus
dirigentes, Liu Shao-chi, Chou En-lai, Teng Psiao-ping, Chu Teh, Lin
Piao, Chen Yi y muchos otros eran brillantes organizadores. En
definitiva, la dictadura del partido no fue sino la continuación del
mandarinato.

Nada de esto tiene que ver con Cuba.

Cuba, como nación independiente, nació íntimamente vinculada a la
democracia más poderosa del mundo. Su vigoroso desarrollo económico se
produjo, en lo fundamental, bajo gobiernos democráticos. La democracia
no es extraña a nuestro país, es su régimen natural. Por otra parte, en
Cuba, el Partido Comunista no juega ningún papel. La revolución cubana
ha dependido totalmente de Fidel y Raúl Castro. ¿Quién va a garantizar
la dictadura cuando ellos desaparezcan? El único poder real lo tienen
los jefes militares y la dictadura los ha mantenido aislados del pueblo.

Fidel Castro siempre pensó que la liberalización económica era peligrosa
para su dictadura. Es por eso que nunca la permitió. Sus herederos se
están viendo empujados a la misma. Quizás nos estemos acercando al final
de ese régimen de terror, dependencia y miseria.

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