Monday, August 07, 2006

Testamento o sucesion?

SOCIEDAD
¿Testamento o sucesión?

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Fue el lunes 31 de julio a
las nueve y treinta de la noche. Despedía a una amiga en el portal de la
casa. Llegó mi hijo, y sin apenas saludar me dijo: "Papi, enciende el
televisor. ¡Fidel está grave y ya reparten sus cargos!"

Entramos. Los canales de televisión en cadena. Un locutor bigotudo, de
voz engolada y cara de tragedia leía un comunicado oficial firmado por
el Comandante en Jefe.

Entre flores retóricas y elogios desmedidos el locutor avanzaba en la
lectura. El texto del caudillo parecía un guión de circunstancias.
Mencionaba al sucesor y a los altos funcionarios que asumirían
provisionalmente sus numerosas funciones estatales, políticas y
militares. La delegación de tantos cargos me hizo pensar en un monarca
francés. Me imaginé al déspota envejecido como a una momia legendaria
que se atreve a dar órdenes para atravesar el tiempo y quedar en la
memoria de sus vasallos.

Me dijeron después que fue Carlos Valenciaga, el joven secretario del
tirano, el que dio la primicia y asumió el protagonismo. Lució mal,
según dicen, más gris que de costumbre. Alguien comentó que mandaron a
quitarlo. De ser cierto, esto daría la medida de la incertidumbre y de
las luchas encubiertas en la estructura del poder; lucha que avala el
interés de los conservadores por perpetuar el sistema y reproducir el
castrismo sin el líder, o con un líder alternativo: el hermano.

No hay más: expectativas y silencios. Y una campaña mediática de
exaltación del Gurú. Mucho ruido. El ruido como una columna de humo para
ocultar la verdad y asegurar la sucesión. No sabemos si realmente lo han
operado, si está grave, si murió o si se recupera, como afirman los
medios de comunicación. Por lo pronto, hay que esperar a que los virus
hagan lo que no hemos hecho los cubanos maniatados durante medio siglo.
Tal vez sea el inicio del fin.

Tal columna de humo de la prensa oficialista convierte la tragedia en
comedia. La misma guaracha desde las alturas. Parece que pretenden
borrar el horizonte de la esperanza. Seguir el discurso atemporal en
medio de la sospecha, el recelo, la suspicacia, la represión y el
silencio de las voces encubiertas en este final de repliegue sobre sí mismo.

A varios días de la patética información y de la burda manipulación,
continúa la tensión en las estructuras del poder. El inmenso desafío de
los sucesores colinda con el choteo popular de los ciudadanos, obligados
a repetir los rituales de siempre. No he visto a nadie llorando. La
beligerancia panfletaria contra el enemigo es la misma. La intolerancia
verbal y los actos simbólicos no han cambiado. Nadie ha hablado de
cambios, derechos humanos ni de libertades.

Como otras veces, el público ha entrado en el guión para repetir
bocadillos y frases hechas. Las caretas de los grandes actores del poder
sigue siendo un antídoto contra la incertidumbre. Al arte de la
suplantación interna se suman los comediantes de otras latitudes, que
desean la recuperación del gobernante insular y envían mensajes de
unidad y resistencia. El teque de otras veces. La reverencia de los
paganos ante las puertas del circo que repite las payasadas de sus mimos
sin inmutarse.

Aunque no tenemos una bola de cristal, es fácil suponer que en el
retablo de funcionarios que ahora asumen las funciones del déspota se
pueden enredar los hilos. El titiritero supo atarlos y entretejerlos.
Ahora no son más que una telaraña entre las ramas de un viejo árbol caído.

La muerte inminente del caudillo colinda con la necesidad de cambios.
Nuestra fatigada esperanza puede desbordar las aguas mansas del
inmovilismo. Pero hay que esperar. Esperar y difundir las voces del
cambio. Es el tiempo quien derrotará al castrismo. Nuestro MacBeth
caribeño ha tocado fondo. Su derrota no depende de la recuperación de
una enfermedad. Sus oráculos no pueden con el futuro, no les pertenece.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/ago06/07a7.htm

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