La voz que desgarra el silencio
Una ONG en Miami llama a diario a los disidentes internos para
mantenerles informados
Marta Torres
Miami- «La oposición tiene miedo. Cómo puede ser que esta situación
coyuntural que se vive en estos momentos puede dar al traste con el
sistema y puede haber un ataque de Estados Unidos no se puede decir
nada. Todo es un secreto. Dicen que hay gente movilizada. En este
ambiente nos estamos desenvolviendo, las unidades van para las costas.
Nos han dicho que como hagamos algo nos sacan los tanques y nos pasan
por encima. Pero la oposición cubana seguimos siendo defensores de los
derechos humanos. Yo quiero que Cuba cambie porque esto no es una
persona. El país lo hacen los cubanos». Son las palabras de Richard
Acosta, un disidente que lleva atrapado en su país, Cuba, durante los
últimos 47 años. Al otro lado del teléfono le escucha Humberto
Bustamante, de 69 años, que abandonó la isla en 1961. Se encarga desde
el Directorio Democrático Cubano de Miami de dar esperanza a los que
están al otro lado. «Yo les llamo, claro que les llamo. Ellos necesitan
saber qué pasa fuera. Es muy importante decirles lo que pasa en el
mundo. Sobre todo ahora. Ellos no saben nada y les llena de alegría
cuando se les dice que la gente, que España, se está preocupando por la
situación actual», admite Humberto mientras repasa una larga lista de
teléfonos que tiene escrita en varios folios de disidentes de Cuba.
Voluntarios. Comenzó en 1990 como un centro de voluntariado, aunque
ahora es una organización no gubernamental que se mantiene con fondos
privados y públicos del Gobierno estadounidense. En el directorio están
muy contentos, saben que recientemente han llegado a la isla diversas
pegatinas donde se puede leer la siguiente consigna: «Yo no coopero con
la dictadura». Sin embargo, fruncen el ceño cuando se les pregunta cómo
llegan. Calixto Moreno, miembro del consejo, adivierte: «Si se dice,
entonces no llegan, pero sabemos que han llegado y van a llegar más. Sí
van a llegar». Moreno apunta que también les hacen llegar a los
disidentes periódicos para que lean lo que pasa en el mundo. Es muy
importante la información y el hecho de que estén en contacto con lo que
pasa fuera de la isla. También trabajan con gobiernos de otros países y
asociaciones de derechos humanos. «Viajamos constantemente», explica
Javier de Céspedes, presidente del directorio, que tiene acento
mexicano. «Yo soy la realidad de la miseria de Cuba. Nací en México»,
aclara, mientras explica que están en contacto con todos los países. Su
mirada se enciende cuando habla de España. A su juicio, «una Cuba libre
tendrá el mismo aspecto que España con sus calles y la gente, por eso,
duele mucho cuando un político español abraza a Fidel Castro». Calixto
apunta que «fíjate que Moratinos, ministro de Asuntos Exteriores, le
deseó una pronta recuperación».
Temores y rumores. Desde allí, en estos momentos, Lorenzo De Toro
III, vicepresidente del directorio, explica que «es muy importante la
información, tienen que saber que no va a pasar nada. En Cuba, se ha
dicho que ahora EE UU va a atacar la isla y estamos llamando para
decirles que no va a haber ningún ataque. Sería impensable. Pero, en
Cuba...», advierte. Además, John Suárez, especialista en derechos
humanos, llama la atención ante la circunstancia de que Raúl Castro
todavía no haya salido a hablar ante los medios ni ante su pueblo.
«Quizás sea porque no tiene el suficiente apoyo dentro. Es muy raro...».
John destaca que «hacemos todo lo que podemos para hacer llegar las
voces de los cubanos a todas partes. En la ONU, con lo de la Comisión de
Derechos Humanos, nosotros no hablamos, a través de un teléfono,
llamamos a nuestros disidentes para que hablasen y les contasen lo que
pasa en Cuba».
Ninguno de estos cubanos ha salido a las calles de Miami a celebrar
la reciente transferencia de poder de Fidel a su hermano Raúl. Lorenzo
apunta que «la verdadera celebración viene con elecciones libres y la
amnistía». Ni John ni Lorenzo han nacido en Cuba, son de segunda
generación. Sólo han podido pisar la tierra de sus padres una sola vez.
Entraron como turistas con su pasaporte norteamericano. «Los cubanos
necesitan visa para ir a Cuba como si se fuese un extranjero para ir a
la isla», matiza John. Lorenzo pudo entrar «hace tres años a Cuba para
reunirme con los disidentes y poder llevarle ayuda a los presos
políticos y disidentes».
http://www.larazon.es/noticias/noti_int21725.htm
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