SOCIEDAD
Los arios verdeolivo (III)
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Para comenzar, debe apuntarse
que los arios de Castro viven en un espacio virtual total. Se mueven en
su hermética "esfera de las grandes posibilidades". El acceso a esta
categoría nunca está dado solamente por el mérito. Guarda muchas
semejanzas con los títulos nobiliarios. Se conceden por la voluntad
omnímoda de un poder, que quita o da de acuerdo a sus inciertos humores.
Quiere esto decir que nadie tiene derecho a algo más allá de la voluntad
del poder que lo otorgó. Ellos no adquieren, a ellos "les dan". Lo que
reciben pueden perderlo el día que la voluntad otorgadora decida que ya
no son merecedores. La vivienda, el automóvil y hasta el aparato de
televisor que disfrutan es "usufructo temporal".
La ausencia de un estado de derecho les crea un limbo a la medida del
requerimiento represivo y coercitivo del régimen que sirven. Las cosas
tienen una dualidad, legal-ilegal. Mientras se está a bien, todo
marchará sin contratiempos. Si no, pueden ser procesados, juzgados y
sancionados por actos que constituyeron en determinado momento, su cada
día cotidiano.
Existen ejemplos ilustrativos de lo que expongo, tanto en personalidades
políticas venidas a menos, como en aquéllas que aún disfrutan de su
pleno esplendor.
Carlos Aldana Escalante fue una de las más promisorias figuras políticas
de recambio en la era castrista. Se desempeñó como funcionario del
Comité Central del gobernante Partido Comunista. Trabajaba la esfera
ideológica, desde esta posición disfrutó las ventajas de un poder sin
otro límite que la voluntad del supremo. Cuando fue defenestrado, se usó
como prueba de convicción el disfrute de las prebendas que hasta ese
momento, constituían su prerrogativa indiscutida.
Aunque se supo que el ex canciller Roberto Robaina fue destituido por
diferencias irreconciliables con Castro, no fue exactamente eso lo que
se expuso a la luz pública. Se habló de elementos que apuntaban de forma
más o menos indirecta a actos de corrupción. Estos episodios
comprometían a Robaina de forma indirecta o directa y sindicaban a
subordinados o personas estrechamente relacionadas con el funcionario en
cuestión. Al igual que en el caso de Aldana, hasta ese momento "las
faltas" no eran tales. Lo fueron cuando el poder que dio, decidió quitar.
Otro fue el caso de la Prima Ballerina Assoluta, Alicia Alonso. La
adquisición de un bien en España, a partir de procedimientos dudosos
para la exigente "ley" cubana, la puso en aprietos. El poder omnímodo lo
resolvió con un susto y una conversación fraternal. Ese fue el saldo
final, para buena fortuna de la añeja bailarina. Pero el resultado ante
los hechos pudo ser cualquiera que eligiera "el más alto nivel de
dirección del gobierno".
Otro ejemplo significativo fue el de la Sra. Caridad Abrantes Fernández.
Cachita Abrantes, fue la poderosa directora de Le Maison, la casa de
modas emblema de Cuba. Lo fue hasta que su hermano, el ex ministro del
Interior, José Abrantes Fernández cayó en desgracia. Desde ese aciago
instante, se integró a la plebe. Lo representativo de este caso es que
la Sra. Abrantes no incurrió en falta conocida alguna que ameritara su
destitución. Quizás existe una regla desconocida que pudiera ser: Si por
nepotismo entras, por nepotismo sales. Así de sencillo.
No obstante, la charada del poder en Cuba seduce a muchos que sueñan con
llegar. Se trata de jugar. Cuando se hace con consecuencia, se está
invariablemente ante dos alternativas: ganar o perder. Sin un estado de
derecho, las parcelas de poder en Cuba son como patentes de corso. Como
en los tiempos clásicos de la piratería, se trata de no perder el favor
real.
Los arios verdeolivo (I)
http://www.cubanet.org/CNews/y06/may06/11a6.htm
Los arios verdeolivo (II)
http://www.cubanet.org/CNews/y06/may06/12a8.htm
http://www.cubanet.org/CNews/y06/may06/18a9.htm
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