2007-02-16
Pedro Corzo, Escritor, Editor y Periodista
LiberPress- Miami- 15 de Febrero de 2007. Cada uno y todos aquellos que
decidimos en un momento determinado abandonar a Cuba tenemos una eterna
deuda de gratitud con los Países que nos acogieron y en particular con
la ciudad donde empezamos a andar libres del control de un estado
omnipresente.
Les confieso que me molesta en extremo escuchar a un cubano hablar mal
del país que en su momento de correr le sirvió de meta. Por supuesto que
las cosas no siempre marcharon bien, que en las rutas que escogimos
encontramos buenos, malos y feos como en aquel oeste inolvidable, pero
al final estábamos en libertad, podíamos hablar sin miedos y con un poco
de esfuerzo y un buen viento de popa en cualquier momento podíamos hacer
una nueva escala en el "paraíso" de nuestra elección o simplemente,
permanecer en el que nos había adoptado como hijo, ese era nuestro
derecho, desconocido en nuestra patria.
Les cuento que mi primera casa en libertad fue Venezuela, por eso mi
compromiso con ese país es permanente y esta por encima de cualquier
situación coyuntural que padezca ese pueblo de hombres y mujeres que me
acogieron como uno de los suyos. Problemas tuve, dificultades confronté,
no todo fue miel sobre hojuelas pero fue allí donde conocí a plenitud lo
que era tener independencia personal, decidir sobre mi futuro y optar
por lo que quisiese, ya que tenía el derecho de fracasar, equivocarme,
rectificar y si poseía voluntad levantarme y echar andar después de las
mil y una caída.
Trabaje, duro y constante. Mi hija estudió, compré una casa, automóvil
pero lo mas importante era que nada ni nadie me impedía expresar mis
opiniones, cierto que no eran del agrado de todos, pero a mi tampoco me
gustaban las que algunos expresaban, por eso aprendí a tolerar, a
debatir y a aceptar que la verdad no estaba en mi bolsillo. Venezuela me
hizo ciudadano, conocí de deberes que se deben cumplir y de derechos que
me deben respetar.
En Venezuela publiqué mi primer artículo, en Cuba había escrito decenas
en una vieja Remintong pero solo los leíamos entre amigos. Mi bautismo
en letra impresa me lo hizo "El Carabobeño", no conocía a nadie en ese
diario, enviaba y publicaban. Nunca me preguntaron quien yo era ni me
dijeron si estaban o no de acuerdo con mis colaboraciones, era un
ejercicio de independencia ciudadana que no había conocido en mi país,
libertad que también disfrutaban los defensores del totalitarismo
castrista. Después escribí en otros diarios venezolanos, pero el mas
generoso fue "El Mundo", allí el director Héctor Collins publicaba
semanalmente mis colaboraciones, como he recordado en mas de una ocasión
con mi gran amigo Manuel Malaver.
No quiero describir una Venezuela perfecta, porque esa no es la verdad.
Había injusticias sociales, pero paradójicamente los obreros tenían mas
beneficios que los del paraíso proletario de donde yo venía. Tenía una
estructura sanitaria y educativa que sin ser la mejor del mundo cumplía
muchos de sus objetivos y los que no satisfacía era mas por la
corrupción de algunos funcionarios que por falta de previsión de los
sistemas. También acaecían crímenes políticos, abusos de autoridad y
poder, corrupción, y no faltaban políticos inescrupulosos, lacras que
perjudican a cualquier país y que están presentes en alguna medida en
todos los rincones del planeta.
Sin embargo aunque había frustración en ciertos sectores, nunca percibí
un odio entre las clases mas allá de lo que he podido apreciar en otros
países; tampoco estaba presente el racismo como expresión institucional.
Podía haber rechazo por un color particular pero eran expresiones
personales porque el país en su conjunto no se relacionaba por el color
de la piel de sus individuos.
En Venezuela aprendí, no por intuición sino por experiencia que la vida
de corral no era para mi.Vivía en un país en libertad, en contradicción
constante y con líderes y propuestas publicas que se adversaban sin
llegar a caerse a tiros, aunque no hay reglas sin excepción. Recuerdo
que una noche de octubre de 1981, presencie en Valencia un acto político
en el que un dirigente de la antigua guerrilla pro castrista decía
horrores del partido Acción Democrática y sus lideres y a unas cuadras
de distancia un líder "adeco" despotricaba contra todos y prometía la
solución a todos los problemas. Aquello fue impactante, venia de un país
donde solo podía hablar en voz alta en contra del gobierno en las
circulares del presidio político de Isla de Pinos.
Conocí a mucha gente buena, noble, desinteresada, gente que ayudaban de
la forma que le fuera posible. Asimismo me relacioné con amigos de la
causa democrática cubana, gente que sabia lo que pasaba en la isla y
cooperaban. También supe de los amigos del Castrismo, de enemigos de la
libertad que estaban en el gobierno y en la oposición, de altos
funcionarios gubernamentales y de gobiernos estatales que se
aproximaban al totalitarismo cubano para conseguir algún tipo de
bendición especial o simplemente hacer negocios que le fueran
ventajosos. Nada nuevo bajo el sol.
Valencia, la ciudad en la que residí la mayor parte del tiempo que
estuve en Venezuela, tiene un sitio especial en la gran valija de mis
recuerdos. Allí crecí como ciudadano, pase muy buenos sustos que me
ayudaron a madurar, trabajé con ahínco y nunca deje de luchar, en la
medida de mis posibilidades por el derrocamiento del castrismo. (Foto
der: Vista aérea de la ciudad de Valencia, Venezuela).
En Valencia le erigimos un Monumento a José Martí, en un parque público
que reconstruimos con el permiso de las autoridades. El Comité que se
constituyó, presidido por Monseñor Eduardo Boza Masvidal y el Circulo
Cubano Venezolano que latía en el corazón de ese cubano ejemplar que se
llamó Jesús Jaramillo, sumaron esfuerzos para rendir tributo a la
memoria del Apóstol. Recuerdo que en aquella labor nos unimos cubanos y
venezolanos y ambos pueblos nos fundimos una vez mas cuando un grupo de
partidarios del castrismo intentaron celebrar un 26 de Julio en el
parque de Libertad en el que ellos no habían puesto una sola piedra.
Por eso mi compromiso con Venezuela esta sin cerrar, nunca podré pagar
ese préstamo porque nada amortiza una deuda de gratitud.
http://liberpress.blogspot.com/2007/02/venezuela-mi-gratitud.html
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