La Habana en ruinas
WILFREDO CANCIO
El Nuevo Herald
cuba
Cuando el filólogo y cineasta alemán Florian Borchmeyer decidió irse a
Cuba en 1997, lo impulsaba una curiosidad netamente histórica. Tres años
atrás había visitado el Berlín que despertó a la caída del muro y quería
tener la experiencia de un escenario ''pre-caída'' del régimen socialista.
Matriculó un curso en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de
La Habana y empezó a vivir entre cubanos con una perspectiva abierta a
todas las voces y a todos los ámbitos.
''No fui a Cuba con una ilusión izquierdista, pero quería hacerme una
idea de un sistema socialista sin poner las cosas en blanco y negro'',
confesó el realizador, que es doctor en Letras Románicas y ferviente
admirador de las crónicas del Inca Garcilaso de la Vega.
Respaldado por un excelente dominio del español, Borchmeyer se adentró
en el universo habanero, estableció amistades entrañables, recorrió la
ciudad y exploró las vidas de sus residentes. Algo comenzó muy pronto a
fascinarle: la naturalidad con que la gente habita entre las ruinas en
pleno siglo XXI.
Fue así que comenzó a fraguarse la idea de una película como una
metáfora de la realidad cubana. La Habana en ruinas como equivalente del
estado ruinoso de un sistema político y de las vidas de los ciudadanos.
Pero Borchmeyer estaba consciente de que el proyecto no contaría con el
beneplácto de las autoridades cubanas si no lograba enmascararles sus
verdaderos propósitos.
El tiempo maduró las intenciones de Borchmeyer, quien viajó en varias
ocasiones a La Habana como periodista de la televisión alemana. Tras
varios rodajes en Cuba con propósitos periodísticos, los funcionarios
del Centro Internacional de Prensa (CIP) recibieron la propuesta de
Borchmeyer para filmar un documental sobre la reconstrucción del
patrimonio arquitectónico con el inspirado título de La Habana, siempre
viva.
La solicitud fue finalmente autorizada a finales del 2005 y el equipo de
realización no tardó en trasladarse a la isla, donde rodó
ininterrumpidamente por un mes en locaciones habaneras. Pero el
resultado fue La Habana: arte nuevo de hacer ruinas, un documental que
en 86 minutos desnuda la destrucción y la decadencia de la ciudad capital.
Borchmeyer y Matthias Hentschler -- codirector del filme -- estuvieron
la pasada semana en Miami, donde planean el lanzamiento del dvd de La
Habana: arte nuevo de hacer ruinas en un par de semanas, así como una
exhibición cinematográfica que se efectuará en abril en el Teatro Tower
de La Pequeña Habana.
''La reflexión sobre las ruinas figura históricamente en la tradición
europea, hay un romanticismo en torno al fenómeno de las ruinas como
símbolo de la vanidad, pero nuestro documental parte de la fascinación
por las ruinas en un contexto caribeño y contemporáneo'', explicó
Borchmeyer durante la entrevista con El Nuevo Herald. ``Desde el primer
momento que recorrí La Habana me llamó particularmente la atención la
gente que habita en las ruinas''.
Con la autorización oficial, el equipo alemán se trasladó sin mayores
dificultades por toda la ciudad. Como el permiso había sido otorgado a
''periodistas de la televisión alemana'', los realizadores optaron por
usar una cámara de alta definición y evitar las sospechas que pudieran
haber surgido si filmaban con equipamiento de 35 milímetros.
Borchmeyer asegura que las autoridades fueron ''muy cooperativas y nos
ahorraron incluso los cobros de filmación''. Entre los entrevistados
estuvo el historiador y parlamentario Eusebio Leal, artífice de la
recuperación arquitectónica de La Habana Vieja. Sin embargo, hubo una
lista de ''sitios prohibidos'' como el histórico Teatro Campoamor, donde
terminaron filmando de manera encubierta.
''Entramos allí con nuestros equipos desarmados y envueltos en un
kimono, con la ayuda de un profesor de taichi'', recordó.
Entre los protagonistas del documental se encuentra el escritor Antonio
José Ponte, quien lanza agudas observaciones sobre el panorama
desolador que rodea a los habaneros. Ponte manifiesta que la revolución
de Fidel Castro ha creado un espíritu de paciente espera, de convivir
sin remedio con la ruina hasta su destrucción total, y concluye que ''la
última gran ruina'' que la población espera ver caer es la del mismo
gobernante cubano.
La película estuvo lista para comienzos del 2006 y se presentó el pasado
julio en el Festival de Cine de Munich, semanas antes de que Castro
sufriera una crisis de salud y entregara temporalmente el poder a su
hermano Raúl. Borchmeyer piensa que la coincidencia premonitoria de su
película con la enfermedad de Castro fue determinante para que se le
cerraran las puertas del Festival Internacional de La Habana.
''Parece que la alusión a ruinas con el gobernante enfermo les resultó
extremadamente peligrosa [a los organizadores del festival] y la
censuraron'', observó el cineasta.
La película no fue propuesta siquiera para la sección competitiva del
festival habanero, sino que pretendía exhibirse como parte de una
muestra colateral de cine alemán, organizada por el Instituto Goethe y
la Embajada de Alemania. Pero la respuesta del Instituto de Cine (ICAIC)
fue el silencio, excluyéndola de la programación.
Ante la protesta por ''censura política'' del Patronato Alemán de Cine
Joven, la prensa oficialista cubana se vio obligada a afirmar que ''el
documental no pasó el mínimo listón de calidad como para ser admitido''.
Sin embargo, la política tradicional de los organizadores del festival
habanero fue siempre aceptar y exhibir la mayor cantidad de materiales
en cine y video, y pocas veces se excluyeron títulos por motivos estéticos.
Durante el 2006, La Habana: arte nuevo de hacer ruinas se presentó con
éxito en los festivales internacionales de Locarno y Río de Janeiro, y
obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de Cine Latino de
Los Angeles.
Borchmeyer pretendía exhibirlo en el venidero Festival de Cine de Miami,
pero no lo seleccionaron entre los 23 documentales incluidos en el
programa del evento. Monika Wagenberg, programadora de la muestra
iberoamericana del festival miamense, dijo que este año el proceso de
selección fue muy competitivo, con muchas y buenas producciones
inscritas, lo cual determinó el rechazo a la cinta alemana.
''Es derecho de cada festival hacer la programación de acuerdo a sus
estrategias y sus gustos'', consideró el cineasta, quien augura una
favorable respuesta de la comunidad cubana cuando la película se
distribuya y exhiba en Miami.
Borchmeyer proyecta además enviarla en dvd o por correo electrónico a
los cubanos de la isla. Pronto la versión en español podrá verse en la
internet.
''En la era digital no hay forma de censurarla y cualquier obra
prohibida va a llegar a Cuba, más cuando tiene el encanto de lo
prohibido'', opinó.
''No me considero propietario de la verdad sobre Cuba, pero es fácil
advertir que el país se encuentra terriblemente estancado, sin
expectativas de cambio en la gente, en un estado de inercia absoluta'',
reflexionó Borchmeyer. ``Y los que están en el poder no quieren que esas
imágenes de estancamiento y ruinas se muestren, porque puede sospecharse
que ellos son los responsables de la destrucción y no han hecho nada por
detenerla''.
http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/world/cuba/16672435.htm
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