Sunday, February 11, 2007

Esopo en Cuba

Posted on Sat, Feb. 10, 2007
Esopo en Cuba
AMERICO MARTIN

El evangelio literario de la revolución cubana es Palabras a los
intelectuales, discurso de Fidel Castro en 1961. Del rosario de frases
que entonces prodigó despunta una, ya célebre: Dentro de la revolución
todo; contra la revolución nada. Presentada como signo de amplitud, esta
fórmula repite el código asfixiante del realismo socialista, que en
nombre de Stalin impusieron Andrei Zhdanov, Máximo Gorki y Alexander
Fadaiev.

No sin razones, muchos intelectuales cubanos en el exilio observan sin
conmoverse la reacción de sus colegas en la isla contra el come back de
Luis Pavón, Armando Quesada y el inefable Papito Serguera, entre cuyas
obras tuve la paciencia de leer un canto a la revolución ''desconocida''
del carnicero etíope Mengistu. Invocando el discurso de Fidel, la Unión
Nacional de Escritores y Artistas Cubanos quiso ''gobernar'' el rechazo
generalizado contra el retorno de quienes dirigieron la cultura durante
''el quinquenio gris'' (1971-76). Tiempo en el que padecieron hasta la
ignominia no sólo los intelectuales, sino los gays, los disidentes y
hasta quienes, aún siendo comunistas, explanaron alguna inocente
inconformidad.

Pero resulta que Pavón, al frente del CONAC y Serguera, del ICRT,
justificaban sus tropelías apoyándose en Palabras a los intelectuales.
La UNEAC relievaba la primera oración: dentro de la revolución, todo. Y
Pavón, respaldado por el poder, la segunda: contra la revolución, nada.
El sórdido quinquenio no regresará. El intento de refrescar a sus
capitostes provocó un atajaperros, incluso dentro del oficialismo. Que
la UNEAC pretenda encauzar-moderar la protesta es una muestra de que no
puede aplastarla. La lava no irá lejos, pero el humo asoma en el cráter.

Se aprecian coincidencias con el Deshielo soviético (título de una
novela de Ilya Ehremburg) que también fue retenido --aunque no su
metástasis-- dentro del sistema. De esos polvos emanó la pudrición
interior del socialismo real. Los intelectuales no fueron --conforme a
la grotesca definición de Stalin-- los ''ingenieros del alma'',
comprometidos con el partido comunista, sino el caldero donde afluyeron
las esperanzas colectivas, el anhelo de cambio, el espíritu renovador. A
la muerte de Stalin todo salió a la superficie. pero pronto la ortodoxia
gubernamental sofocó el peligro, aunque --como acaba de ocurrir en
Cuba-- sin regresar de pleno al siniestro pasado. Fadaiev se suicidó. No
es casual.

El ''deshielo'' soviético, no obstante su espíritu emancipador, obligó a
los escritores a medir sus palabras, a hablar en forma cifrada y
fabulada, como Esopo. Imposible no interpretar en forma parecida los
escarceos cubanos, desde Padilla, Piñera o Lezama Lima hasta nuestros
días, aunque haya voces que hablan como torrentes cristalinos. La
emancipación literaria soviética tomó cuerpo y se hizo visible a la
muerte de Stalin. Jruschov --quien fuera un acólito del tirano-- procuró
la alianza con Solszenitsin y Yevtuschenko para luchar contra la
ortodoxia. Finalmente perdió, pero Esopo siguió su obra, hasta vencer
con la perestroika. ¿Con la muerte de Fidel ocurrirá lo mismo en Cuba?
Es difícil olvidar que tras el quinquenio gris estuvo Raúl, y que el
vergonzoso trío haya reaparecido cuando el cuatriestrellado se afirma en
el poder, pero la vida es tan ingeniosa e inesperada que no sería
imposible verlo repitiendo la jugada de Nikita, en un pacto con los
escritores disidentes. ¿Una perestroika cubana? Que Raúl sobreviva o sea
rebasado por el huracán que se desataría es una incógnita interesante.

http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/world/cuba/16665992.htm

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