2007-02-12
Hugo Araña, Bibliotecario y Periodista Independiente, Corresponsal en la
isla de Misceláneas de Cuba
Las presencias en la pantalla chica de la televisión cubana, de tres
figuras que en el Quinquenio gris dejaron heridas a la Cultura Cubana,
ha levantado una serie de protestas y objeciones, que llegan hasta
nuestros días.
Esas acciones han lastimado a muchas de las víctimas de ese período. Y
para protestar, tuvieron que emitir sus opiniones en publicaciones del
Exilio, porque al parecer ninguno de los diarios de la Isla les concedió
un espacio. Por lo tanto, se dirigieron nada menos y nada más que para a
la página web de cubaencuentro.com
Pero los que pensaron que todo sería un asunto sin importancia se
equivocaron. A medida que pasaban los días, el asunto cogía más volumen
publicitario, y ya era el tema en muchos intelectuales en otras partes
de nuestro mundo. Donde dudas, rencores e inquietudes, conformaron un
presentimiento de que se volvería a caer de nuevo en aquellos nefastos años.
A la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), no le quedó otro
remedio, con el fin de acallar las voces heridas, y programó unas
reuniones, con el propósito de buscar una salida a la situación. Para
ello, emitió una Declaración que por momentos nos pareció como si
ocultara los problemas que todavía no se han resuelto del todo. Sólo que
muchas de esas heridas no han sido cerradas, aunque algunos de las
victimas, ostenten en estos momentos Premios de la Plástica, de
Literatura, de Teatro, etc. (¿Plan premeditado para acallarlos?).
Por lo tanto, dicha Declaración, fiscalizada como es lógico por el
Ministro de Cultura Abel Prieto, se alejó bastante de poner los puntos
sobre las íes. Y era de suponer, ya Abel Prieto no es aquél escritor que
ostentaba el cartelito de "liberal". Ahora es el Ministro, por lo tanto
su cerviz se inclinó, con un borrón y cuenta nueva al ser asignado a ese
cargo.
Sin embargo, pese a Declaración y todo, el problema continúa. Raro no es
el día que aparezcan en la prensa extranjera nuevas revelaciones, nuevos
comentarios, acusando con pruebas palpables a los inquisidores Pavón,
Serguera y Quesada. No en la Isla, por supuesto. Y lo mejor, revanchas,
ni venganzas. Sino que las autoridades culturales cubanas hagan lo que
nunca han hecho: reconocer que fue un craso error lo que sucedió a
finales de los sesentas y los setentas contra los artistas, donde desde
la no confiabilidad, el sectarismo e impedir las meras críticas dentro
de las cláusulas revolucionarias, hasta un homofonismo medieval. Y todo
lo quieren tapar con el eslogan de excusarse, de que si lo hacen, le
"están haciendo propaganda al enemigo".
Propaganda enemiga que esgrimió Ambrosio Fornet, cuando se programó la
conferencia con el pomposo título de La política del período
revolucionario: Memoria y reflexión, porque no quedaba otro remedio para
apaciguar el ambiente formado, donde los resentimientos habían aflorado.
Conferencia que sus organizadores no previeron lo que vendría y también,
cuando la asistencia a ella fue por invitación (¡!) Es decir, se vetó al
público en general su asistencia. Parecía que no quería que el trapo
sucio arrastrado durante años, no impregnara más todavía la atmósfera
formada.
El ejemplo más elocuente fue que, la mismísima Asociación Hermanos Saíz
brilló por su ausencia en las invitaciones regenteadas por la UNEAC (ver
artículo de Isabel Díaz Torres y Lianed Marcoleta, Conferencia para
mayores de cuarenta años, cubaencuentro.com, febrero 1)
¿Un signo claro que lo que se iba a decir, nuestros jóvenes artistas no
tenían derecho a oír los errores perpetuados por los que en nombre de
una intolerante política cultural habían sido responsables que, ahora,
al cabo de los años, sin ánimo de revanchismos se mantenían al parecer
latentes?
Y para rematar el clavo, el cónclave fue situado nada menos que en los
feudos de Roberto Fernández Retamar, la Casa de las Américas (¡qué
casualidad!), uno de los impulsores y promotores de la inquisición
realizada en esos años setentas, cuando en el Congreso de Educación y
Cultura, fue uno de los que apoyó la famosa parametración.
Y ya en el salón de esa institución, cuando todos esperaron que Ambrosio
Fornet levantara su voz en defensa de las víctimas, o al menos aplacara
un poco los decibeles de protestas, salió que no se le podía dar las
armas al enemigo (se repite el lemita cuando conviene), si se levantaba
la tapa a la fosa de desprestigio conque cayó la Cultura Cubana, por los
motivos anteriormente mencionados.
Sólo que, y aquí dejó caer un punto como para menguar los resquemores
que ocasionó "su conferencia", al aclarar que: los pactos de silencio no
eran aconsejables...que no son los mejores para ejercer la democracia...
Y fue ahí donde la mayoría de la "selecta concurrencia" que asistió se
llenó de dudas y más dudas.
Muchos opinaron que Fornet hizo un piruette y volvió a esos años cuando
el caso Padilla y las consecuencias que trajo, donde se hermetizó hasta
lo insospechable que, hacer una mera crítica a la Revolución, era
prohibido (si esto no es censura, ¿qué es?).
Y según hemos oído, la posición de Fornet fue ambigua. No quiso aliarse
ni con Dios ni con el Diablo. Otros opinaron que no quería tener
problemas con la nomenclarura cultural que lo tiene entre sus
asalariados. Y por lo tanto, buscó (y no encontró) ni una posición
neutral, cuando desaprovechó el momento dado para poner las cosas en su
lugar.
Y hasta estos momentos, la UNEAC, muda. Tan muda como siempre a los
problemas "in" de sus afiliados. Nada. Que su estandarte de cohesión se
decolora por días. Pero los ataques no cesan. Por supuesto, en el
exterior ya que aquí el bozal está puesto contra viento y marea. Y no se
piense que los escritos de denuncias o aclaraciones todos proceden del
"enemigo".
El mismo Enrique Colina, director del programa televisivo 24 por
segundos, hasta ahora, ha sido el que le ha puesto la tapa al pomo con
su artículo Una opinión (también en la pag. web de cubaencuentro.com)
Brotan en sus palabras una verdad insoslayable que no le gustará a las
autoridades cubanas, pero no queda otro remedio. En vez de que todo
esto, la prensa de la Isla se hiciera eco de él, nuestros artistas
tienen que recurrir a las foráneas para decir lo que aquí no les
permiten. ¡Qué ironía!
Colina en su artículo desnuda sin compasión alguna (no podía ser de otra
forma), todo lo que le sucedía por detrás del telón cada vez que
brindaba un filme al televidente que tuviera la mera crítica no de
acorde a los parámetros establecidos por la política cultural puesta a
raja tabla por el Régimen, como presentar en cualquier producto fílmico
con alguna escena de desnudos (!!!!!).
Sin contar, y ahí si tiró con cañones de 82 mm, que, muchos filmes
cubanos aún hoy están prohibidos de pasarse por la pantalla chica,
aunque sus deseos fuesen lo contrario (Recuérdese que Fresa y chocolate
con su nominación al Oscar, permanece con el veto eterno).
Al parecer, este comunicador se despachó y se sacó de adentro todo lo
que sufrió y padeció en esos años con su Programa. Donde
"orientaciones", brindar "todo digerido" etc., le amargaron su
existencia, y aunque no nombró a nadie por sus nombres, adivinamos a
quiénes se refería.
Pensamos que es la primera vez que podemos conocer lo que sucedió (¡y
sucede todavía!) en nuestros medios culturales. Pese a la propaganda que
todo es paz y tranquilidad en esos predios, como también se pretende ser
reconocido en el exterior: que los artistas cubanos están unidos con la
Revolución, incondicionalmente (¿?).
¿Y los recuerdos de las purgas, a quiénes se la dejamos?, ¿dónde
situarlos?, ¿en que mural de la historia de la Revolución quedará
plasmado para que nunca más pueda suceder? ¿En el Ballet Nacional de
Cuba, donde por la parametración casi las bailarinas tuvieron que
vestirse de hombres para asumir los roles masculinos?, ¿ en Teatro
Studio, donde funciones hubo que suspenderlas al quedar desiertos de
actores ¡y de actrices!?, ¿en la Universidad de la Habana, muchos de
cuyos claustros quedaron desiertos por la carencia de profesores?, ¿y en
las provincias, principalmente Santiago de Cuba, Santa Clara y Matanzas,
que las expulsiones por las mismas causas, quedaron desolados los
ambientes culturales? Y lo más triste todavía, ¿dónde están esos
pintores silenciados hasta hoy en día, padeciendo el síndrome de las
persecuciones, los acosos?
Sólo un escritor como Leonardo Padura, bastante ojerizado por el
Régimen, en su novela Máscaras se ha atrevido a sacar a uno de sus
personajes víctima de ese Quinquenio Gris. Que se sepa, nadie más lo ha
presentado en una novela.
La magnitud del hecho pensamos que no se cerrará. Mientras la UNEAC
permanezca con esa silenciosa actitud que la comprometa más. Mientras
que los causantes de ese Quinquenio gris no ejecuten su mea culpa.
Mientras los que más arriba motivaron que Serguera, Pavón y Quesada, más
otros cómplices que estuvieron implicados en ese nefasto capítulo de
nuestra Cultura, provocaron casi un minoholocaustro cultural, el trapo
sucio seguirá sucio, sucísimo, hagan lo que hagan, por mantenerlo en un
coto cerrado, cuyo tufo no lo podrán erradicar.
No comments:
Post a Comment