Salud
Bondad y miseria de la Operación Milagro
Solidaridad, trasfondo ideológico y un personal involucrado sin otra
alternativa para sobrevivir.
Marcos Tobar, Matanzas
jueves 15 de febrero de 2007 6:00:00
Es noticia de primera plana en los medios de la Isla. Representa un
magnífico balón de oxígeno para los miembros de las agotadas huestes de
la salud pública cubana y una posibilidad aparentemente irreprochable
para las franjas más empobrecidas de algunas naciones del llamado Tercer
Mundo. Se trata de la denominada Operación Milagro, suerte de gesto de
socorro orquestado desde La Habana, en beneficio de cientos de miles de
afectados por diversas enfermedades relacionadas con la visión,
especialmente en Sudamérica.
Si alguien intentara recoger opiniones sobre este tema en parques y
calles cubanas, encontrará una pluralidad de posiciones, en franca
contradicción con el monofónico discurso de los dirigentes y la prensa.
Están los que no ponen en duda el humanismo del proyecto oficial y creen
en las bondades del sistema sanitario de la Isla, que, dicen, realmente
hace un esfuerzo por ayudar a países hermanos, a pesar del "inhumano
bloqueo". "Eso es socialismo, ser solidario con los demás", dice
Leandro, joven trabajador de un taller en la ciudad de Matanzas, aunque
piensa que deben tratar de mejorar las condiciones de los hospitales
aquí dentro.
También hallará a muchos que se desentienden de esos temas, que les
resbala la "cosa política", y se concentran en sobrevivir, en luchar
para ganar algún dinero para comer. Igualmente se topará con voces
críticas, afirmadoras de que el Estado es otra vez "candil de la calle y
oscuridad de su casa" y cuestionan adónde va a parar el dinero ingresado
por tales convenios, si apenas se ven mejorías en los servicios públicos
esenciales.
"Yo pasé tremendo trabajo para graduarme la vista en un policlínico y
después tuve que esperar meses para que llegaran los cristales a la
óptica y me hicieran los espejuelos", dice María Luisa, ama de casa que
apenas si pudo pagar el costo total de sus lentes. "Cuando finalmente
los tuve casi se me había vencido la anterior graduación por el tiempo
que había pasado", concluye.
Otros inquieren por qué tiene el gobierno la pretensión, entre
demagógica y mesiánica, de contribuir a resolver problemas en naciones
mucho más desarrolladas que la nuestra, con mayores recursos naturales,
libertades de todo tipo y crecimiento económico más palpable.
Estos últimos sostienen que no es necesario ahondar mucho para descubrir
carencias que no son nuevas dentro del sistema sanitario bajo el régimen
de Fidel Castro, revelador de un descomunal aparato de salud en franco
deterioro, con capacidades disminuidas y urgentemente necesitado de
oxígeno —léanse inversiones, recursos, tecnología, personal calificado,
medicinas—, pero que ante los ojos del mundo es una de las "conquistas
del socialismo" que deberán ser respetadas en un escenario futuro de
libertad e integración al concierto democrático mundial.
¿El fin justifica los medios?
Es difícil para el cubano de a pie, sufridor de tantas penurias diarias,
defender el desmontaje de las redes de salud creadas décadas atrás y
puestas ahora al servicio de otra red, en este caso política, que
privilegia al extranjero por encima del nacional con un claro trasfondo
ideológico. No es que el cubano haya dejado de ser solidario, sino que
comienza a tomar conciencia de la inutilidad de vestir un santo con los
harapos de otro.
¿Dónde residen entonces las bondades de la Operación Milagro? No hay
dudas de que grandes zonas de población en varios sitios del planeta
sufren vergonzosas desatenciones en materia de salud y que Cuba logró
activar un impresionante contingente de especialistas en las últimas
tres décadas, entre cuyas virtudes puede citarse la motivación
profesional, pero no deben trastocarse los términos cuando de vulgares
intencionalidades políticas se trata.
El nuevo eje tendido entre La Habana y Caracas insiste en la añeja tesis
del Estado-coloso, benefactor, populista y tentacular, al que debe la
mayoría adscribirse so pena de perder los nuevos privilegios que se
anuncian.
El caso cubano todavía es más curioso en tanto se verifica un
crecimiento abismal de las desigualdades en relación con los pacientes
que arriban desde Venezuela, Bolivia, Panamá o Guatemala para atenderse
en exclusivos centros de recreo, como La Pradera, por ejemplo,
reconvertidos ahora en hospitales y lugares de rehabilitación y tránsito.
Es esto lo que induce a María Luisa a expresar su descontento. Dice que
"para ellos, Operación Milagro, mientras para nosotros es un milagro si
te operan". Quienes así piensan alegan que Cuba es un país
subdesarrollado con ínfulas de Primer Mundo y esas pretensiones de
competencia a toda costa llevan a cometer escandalosos fraudes en
índices tan sensibles como la tasa anual de mortalidad infantil, difícil
de comprobar debido a la falta de transparencia en los procedimientos de
medición utilizados.
No puede pregonarse solidaridad cuando hay un trasfondo ideológico,
mucho menos cuando el personal técnico involucrado en las denominadas
misiones, amén de la confiabilidad política necesaria —el clásico "visto
bueno"—, no tiene otra alternativa para acceder a cierto nivel de vida,
mejor salario y recibir un tratamiento diferenciado en comparación con
sus colegas dejados en la Isla. El hecho real de que son muchos más los
médicos que no desean cumplir servicio social en las montañas del
Oriente del país que los que deciden no prestarse al juego de las
misiones en Cochabamba o Botswana, desmiente toda propaganda por parte
de los flamantes jerarcas del ALBA.
En diciembre pasado, el Banco Central de Cuba anunció la puesta en
circulación de nuevos billetes de Pesos Convertibles. En el reverso del
de 20 pesos ha quedado fijada para la eternidad tres escenas de la
Operación Milagro: los modernos hospitales donados por Cuba a algunos
países, el recibimiento a un avión de la aerolínea Cubana que transporta
a los enfermos y una intervención quirúrgica con tecnología avanzada.
Nótese que se trata de una moneda impostada, un simple bono
multicoloreado en sustitución del "satanizado" dólar, ergo falsa, pero
además cautiva, sin curso ni valor fuera del territorio nacional, y
encima convertida también en vehículo de la demagogia castrista. A la
vez que lo banaliza, en primera instancia este hecho demuestra la
prioridad uno que en materia propagandística le concede el régimen a
este andamiaje politizado.
Dirección URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/bondad-y-miseria-de-la-operacion-milagro
Bondad y miseria de la Operación Milagro
Solidaridad, trasfondo ideológico y un personal involucrado sin otra
alternativa para sobrevivir.
Marcos Tobar, Matanzas
jueves 15 de febrero de 2007 6:00:00
Es noticia de primera plana en los medios de la Isla. Representa un
magnífico balón de oxígeno para los miembros de las agotadas huestes de
la salud pública cubana y una posibilidad aparentemente irreprochable
para las franjas más empobrecidas de algunas naciones del llamado Tercer
Mundo. Se trata de la denominada Operación Milagro, suerte de gesto de
socorro orquestado desde La Habana, en beneficio de cientos de miles de
afectados por diversas enfermedades relacionadas con la visión,
especialmente en Sudamérica.
Si alguien intentara recoger opiniones sobre este tema en parques y
calles cubanas, encontrará una pluralidad de posiciones, en franca
contradicción con el monofónico discurso de los dirigentes y la prensa.
Están los que no ponen en duda el humanismo del proyecto oficial y creen
en las bondades del sistema sanitario de la Isla, que, dicen, realmente
hace un esfuerzo por ayudar a países hermanos, a pesar del "inhumano
bloqueo". "Eso es socialismo, ser solidario con los demás", dice
Leandro, joven trabajador de un taller en la ciudad de Matanzas, aunque
piensa que deben tratar de mejorar las condiciones de los hospitales
aquí dentro.
También hallará a muchos que se desentienden de esos temas, que les
resbala la "cosa política", y se concentran en sobrevivir, en luchar
para ganar algún dinero para comer. Igualmente se topará con voces
críticas, afirmadoras de que el Estado es otra vez "candil de la calle y
oscuridad de su casa" y cuestionan adónde va a parar el dinero ingresado
por tales convenios, si apenas se ven mejorías en los servicios públicos
esenciales.
"Yo pasé tremendo trabajo para graduarme la vista en un policlínico y
después tuve que esperar meses para que llegaran los cristales a la
óptica y me hicieran los espejuelos", dice María Luisa, ama de casa que
apenas si pudo pagar el costo total de sus lentes. "Cuando finalmente
los tuve casi se me había vencido la anterior graduación por el tiempo
que había pasado", concluye.
Otros inquieren por qué tiene el gobierno la pretensión, entre
demagógica y mesiánica, de contribuir a resolver problemas en naciones
mucho más desarrolladas que la nuestra, con mayores recursos naturales,
libertades de todo tipo y crecimiento económico más palpable.
Estos últimos sostienen que no es necesario ahondar mucho para descubrir
carencias que no son nuevas dentro del sistema sanitario bajo el régimen
de Fidel Castro, revelador de un descomunal aparato de salud en franco
deterioro, con capacidades disminuidas y urgentemente necesitado de
oxígeno —léanse inversiones, recursos, tecnología, personal calificado,
medicinas—, pero que ante los ojos del mundo es una de las "conquistas
del socialismo" que deberán ser respetadas en un escenario futuro de
libertad e integración al concierto democrático mundial.
¿El fin justifica los medios?
Es difícil para el cubano de a pie, sufridor de tantas penurias diarias,
defender el desmontaje de las redes de salud creadas décadas atrás y
puestas ahora al servicio de otra red, en este caso política, que
privilegia al extranjero por encima del nacional con un claro trasfondo
ideológico. No es que el cubano haya dejado de ser solidario, sino que
comienza a tomar conciencia de la inutilidad de vestir un santo con los
harapos de otro.
¿Dónde residen entonces las bondades de la Operación Milagro? No hay
dudas de que grandes zonas de población en varios sitios del planeta
sufren vergonzosas desatenciones en materia de salud y que Cuba logró
activar un impresionante contingente de especialistas en las últimas
tres décadas, entre cuyas virtudes puede citarse la motivación
profesional, pero no deben trastocarse los términos cuando de vulgares
intencionalidades políticas se trata.
El nuevo eje tendido entre La Habana y Caracas insiste en la añeja tesis
del Estado-coloso, benefactor, populista y tentacular, al que debe la
mayoría adscribirse so pena de perder los nuevos privilegios que se
anuncian.
El caso cubano todavía es más curioso en tanto se verifica un
crecimiento abismal de las desigualdades en relación con los pacientes
que arriban desde Venezuela, Bolivia, Panamá o Guatemala para atenderse
en exclusivos centros de recreo, como La Pradera, por ejemplo,
reconvertidos ahora en hospitales y lugares de rehabilitación y tránsito.
Es esto lo que induce a María Luisa a expresar su descontento. Dice que
"para ellos, Operación Milagro, mientras para nosotros es un milagro si
te operan". Quienes así piensan alegan que Cuba es un país
subdesarrollado con ínfulas de Primer Mundo y esas pretensiones de
competencia a toda costa llevan a cometer escandalosos fraudes en
índices tan sensibles como la tasa anual de mortalidad infantil, difícil
de comprobar debido a la falta de transparencia en los procedimientos de
medición utilizados.
No puede pregonarse solidaridad cuando hay un trasfondo ideológico,
mucho menos cuando el personal técnico involucrado en las denominadas
misiones, amén de la confiabilidad política necesaria —el clásico "visto
bueno"—, no tiene otra alternativa para acceder a cierto nivel de vida,
mejor salario y recibir un tratamiento diferenciado en comparación con
sus colegas dejados en la Isla. El hecho real de que son muchos más los
médicos que no desean cumplir servicio social en las montañas del
Oriente del país que los que deciden no prestarse al juego de las
misiones en Cochabamba o Botswana, desmiente toda propaganda por parte
de los flamantes jerarcas del ALBA.
En diciembre pasado, el Banco Central de Cuba anunció la puesta en
circulación de nuevos billetes de Pesos Convertibles. En el reverso del
de 20 pesos ha quedado fijada para la eternidad tres escenas de la
Operación Milagro: los modernos hospitales donados por Cuba a algunos
países, el recibimiento a un avión de la aerolínea Cubana que transporta
a los enfermos y una intervención quirúrgica con tecnología avanzada.
Nótese que se trata de una moneda impostada, un simple bono
multicoloreado en sustitución del "satanizado" dólar, ergo falsa, pero
además cautiva, sin curso ni valor fuera del territorio nacional, y
encima convertida también en vehículo de la demagogia castrista. A la
vez que lo banaliza, en primera instancia este hecho demuestra la
prioridad uno que en materia propagandística le concede el régimen a
este andamiaje politizado.
Dirección URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/bondad-y-miseria-de-la-operacion-milagro
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