Wednesday, June 21, 2006

El secreto mayor

SOCIEDAD
El secreto mayor

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - En Cuba son muchos los
secretos que guarda el Estado: el número de inconformes políticos, las
instalaciones carcelarias, los presos. Tantos son los secretos que no
hay por donde terminar.

Pero el secreto que más llama la atención está relacionado con los
padecimientos del jefe de gobierno. Tan grande ha sido el misterio que
envuelve la salud de este cubano que hasta la CIA ha invertido sus
dólares, hombres, tiempo y sofisticados artefactos de espionaje para
conocer sus enfermedades y pronosticar el fin del gobernante.

Se ha publicado en la prensa de los países libres, por ejemplo, que
padece del mal de Parkinson, de no sé qué otro problema neurológico, y
que una prótesis colocada en el hombro derecho le ha provocado un tic
nervioso que lo obliga a manosearla en público.

Siempre me he preguntado por qué tanto misterio con las enfermedades de
este hombre que, como todos, en cualquier momento puede estirar la pata.

¿Se pretende demostrar que un comunista en el poder durante tanto tiempo
jamás padece de un dolor producido por la contrarrevolucionaria
naturaleza? ¡Quién sabe cuál es la causa de tanto misterio! Esto me
recuerda aquel viejo cuento del niño que preguntó si el rey orinaba
igual que su papá.

Comprendo que el asunto no reside en vociferar el estado de salud de los
dirigentes estatales. Cuando mueren se sabe de lo que padecieron, porque
se publica en la prensa la razón del fallecimiento, y si fue prolongada
o no la enfermedad. Pero de ahí a convertir el estado de salud de un
jefe de gobierno en un tema tabú va una gran diferencia.

En primer lugar, porque es cierto que mucha gente todavía lo quiere y se
preocupa por su vida. No es la mayoría como era antes, pero de que los
hay, los hay. Entonces, ¿por qué ocultarle a un ser querido nuestras
dolencias? Mis amigos, por ejemplo, conocen todos mis padecimientos.

El hermetismo que padece el régimen cubano con relación a las
enfermedades de su octogenario jefe es el mismo que padeció el campo
socialista. Algunos de sus dirigentes más parecían momias que seres
vivos, Leónidas Brezhnev, por ejemplo. Al gran cacique cubano se le ve
en ocasiones tan deteriorado que no hace falta conocer ningún
diagnóstico para saber los males que padece. Es cuando la cámara se
atreve a seguir sus pasos lentos, como si estuviera a punto de caer otra
vez; y cuando capta ese mohín en el rostro del líder, que no se sabe si
es una sonrisa, un gesto de dolor o una mueca provocada por un viejo y
oscuro pensamiento.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/jun06/21a9.htm

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