SOCIEDAD
La desconfianza
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Los regímenes totalitarios
basamentan su control sobre la sociedad en tres pilares fundamentales:
el terror, la propaganda y la desconfianza. El terror les permite
eliminar mediante la fuerza cualquier tipo de oposición y paralizar,
mediante el miedo, la resistencia. La propaganda, sabia, intensiva e
inescrupulosamente utilizada, les facilita engañar a la mayoría de los
súbditos.
El terror termina creando mecanismos de supervivencia, pero los
individuos llevados al límite de su resistencia psicológica al miedo
pueden disponerse a vencer o morir. La mentira, de todos es sabido que
termina por desmoronarse. No se puede engañar a todo un pueblo todo el
tiempo. Pero la desconfianza tiene efectos seguros y duraderos.
Mediante la desconfianza, el Estado totalitario aísla a los individuos,
los enajena de la colectividad, los pone a su merced. La desconfianza
transforma al ciudadano en súbdito temeroso, vasallo que termina
convertido en guardián de sí mismo.
La desconfianza es uno de los males cívicos más dañinos y
desintegradotes de cualquier sociedad. La desconfianza es uno de los
males principales que aquejan a la sociedad cubana.
Los padres desconfían de sus hijos, los hermanos de los hermanos, los
hijos de los padres, los amigos de los amigos, los novios de las novias.
La familia cubana, antes abierta y extrovertida, se refugia tras las
puertas cerradas, las rejas y los candados. Nadie te invita a comer o a
tomar un café o simplemente a conversar en su hogar. Nadie quiere que su
vecino se entere de lo que tiene en su vivienda. Los padres recomiendan
a sus hijos severamente no repetir en la escuela lo que escuchan en la casa.
El barrio, ese enclave tan importante en las ciudades cubanas, sobre
todo en la capital, es hoy centro de recelos y suspicacia. Todos se
vigilan los unos a los otros; todos mienten, se esconden, disimulan.
¿Quién será el informante? Todos sospechan uno de los otros. El
vigilante automático que nos han instalado en la cabeza funciona a la
velocidad de un relámpago en cuanto alguien se nos acerca y busca
nuestra amistad o nuestra ayuda o nos brinda su solidaridad.
La sospecha se ha situado por encima de la amistad, la convivencia y la
solidaridad entre vecinos.
En los centros de trabajo la situación es más grave. La doble moral, el
sigilo, la competencia por obtener determinada prebenda convierte a los
antiguos colegas en vigilantes. La lucha por la bolsa con el famoso
estímulo material de fin de mes -léase un par de jabones de baño, un
champú, detergente, dos máquinas de afeitar y en algunos sitios 10 CUC-
transforma a muchos en rastreadores de los defectos y "debilidades" de
los demás.
La desconfianza ha sido sembrada con meticulosa efectividad en las filas
de la disidencia interna. Como peligrosa gangrena, corroe y debilita a
la oposición. Nunca es más fuerte el régimen que cuando sus opositores
desconfían unos de otros, cuando creen descubrir un chivato en cada
correligionario, cuando se aíslan en un marasmo de sigilo, y reniegan de
sus amigos y de todo aquél que quiere luchar a su lado. Con dolor hemos
visto desaparecer organizaciones y proyectos de lucha hundidos en la
suspicacia. Hay quien cree ver un agente en cada compatriota que quiere
luchar a su lado. A veces estas situaciones son tan absurdas para el que
las ve desde afuera que mueven a risa. ¿De qué o de quién tiene que
cuidarse quien proclama su verdad a los cuatro vientos?
Pocos son los que en esta sociedad escapan al mal. Unos pocos han
decidido dar la espalda a los vigilantes virtuales o reales, y vivir con
transparencia. La transparencia es el único antídoto efectivo contra la
desconfianza.
La desconfianza nos deja solos, y eso es lo que persigue el régimen
totalitario. Eso les ahorra policías. Seamos transparentes, confiemos
los unos en los otros. Nuestra verdad y nuestra transparencia serán
nuestra mayor victoria frente al totalitarismo.
Quien trabaja a la luz del día con honestidad, quien no se niega a sí
mismo, quien actúan con limpieza, quien dice lo que piensa sin
misterios, sin ocultarse, no tiene que temer a los delatores. Es dueño
de la consecuencia de sus actos.
http://www.cubanet.org/CNews/y06/may06/22a9.htm
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