Nosotros los humildes
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - Pienso en aquel 16 de abril
de 1961. Estaba yo a dos tres metros del Comandante en Jefe, con mi
fusil en alto, apoyando sus palabras, cuando por primera vez proclamó el
carácter socialista de la Revolución. "Esta es la Revolución Socialista
y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes".
Así dijo y yo me lo creí.
Pero no solo yo. Muchos de los que formaban parte de aquella multitud de
milicianos armados en las calles 12 y 23 del Vedado habanero se lo
creyeron Si alguien nos hubiera soplado al oído que estábamos apoyando
el comienzo de una feroz dictadura, habría perdido el tiempo. La pasión
nos cegaba. Se actuaba por instinto, ciegos y sordos ante una realidad
que no podíamos reconocer, como por ejemplo: los fusilamientos, la
intolerancia del régimen para quienes pensaban diferente, las prisiones
abarrotadas. Ni siquiera nos dábamos cuenta de que nosotros, los
humildes, estábamos contribuyendo a que desaparecieran los derechos de
los humildes.
A lo largo de casi medio siglo las 300 cárceles construidas por la
dictadura castrista no han estado llenas de burgueses. Mucho menos de
aristócratas. Muy poco por cierto de dirigentes políticos del régimen. A
ellas han ido a parar largos años los humildes, los trabajadores,
también escritores, poetas humildes opuestos a la dictadura.
El imperio ruso, acompañado de sus países satélites, con sus gobiernos
sometidos, hoy libres al fin del yugo comunista, nos colonizó entre
comillas hasta el desmerengamiento, ocurrido en1990. Fue a partir de ese
año que Cuba comenzó a ser verdaderamente independiente. Nunca antes
había sido tan independiente, como expresara el Historiador de la
Ciudad, señor Eusebio Leal. Afirmar que se mantuvo en pie la frágil
dictadura castrista, realmente frágil pese a su armamento, bravuconadas
de discursos y amenazas constantes a los humildes, gracias a la extinta
Unión Soviética, no seria exagerar
Fueron los humildes quienes adoptaron una doble moral, quienes se
acostumbraron al miedo a la represión policíaca castrista. Fueron los
humildes quienes entraron por miles en pocos días a la Embajada del Perú
en 1980. Han sido los humildes los que se lanzan al mar en busca de una
vida más humana. Son humildes esos cientos de miles que esperan por
emigrar legalmente. Son humildes los cien mil que componen la población
penal actual de Cuba. Son humildes la mayoría de esos casi tres millones
de cubanos que viven fuera de su país natal.
No se trata de no hacer concesiones al lado feo de la Revolución. Es que
toda ella siempre ha sido fea. Solo que no nos dábamos cuenta porque
supo, la muy maldita, deslumbrarnos.
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