Sunday, March 20, 2016

Calentando la bola en La Habana

Calentando la bola en La Habana
Obama se aferra y aspira a influir con sus dos únicas armas contra el
mecanismo de preservación del poder imperante en Cuba: tiempo y dinero
Alejandro Armengol, Miami | 19/03/2016 10:30 pm

Asombra la pereza mental de quienes se refugian en viejas explicaciones
para analizar la relación que se avecina entre Estados Unidos y Cuba. Si
el argumento de plaza sitiada fue utilizado por décadas por el régimen,
en ningún momento significó un verdadero compromiso ideológico y mucho
menos un único recurso.
El que por tranquilidad y conveniencia se siguiera repitiendo, por los
voceros de allá y aquí, tampoco implicó nunca que quienes tienen el
mando en la isla lo necesitaran con urgencia imprescindible.
Del reclamo de cerco, sitio o bloqueo a la estrategia de la visita, el
gobierno cubano ha recorrido un largo trecho, donde conceptos como
escasez, represión y estancamiento económico son al mismo tiempo
realidades del momento y condiciones para el mantenimiento del poder,
colocados al frente de la vidriera o dejados en la trastienda del negocio.
Asusta ese condicionamiento que impide ver la capacidad de adaptación de
quienes por varias décadas han logrado sobrevivir a las condiciones más
diversas, algunas realmente severas. Más que desconocimiento de la
capacidad del enemigo, lo que aflora es una ignorancia casi innata para
descubrir la torpeza propia.
Afirmar que Cuba era "una plaza sitiada" o que "la nación estaba en
guerra" fue parte de un rosario de temas ya gastados, pero de los cuales
sacó mucha utilidad el gobierno cubano. Agotado el tópico, no se puede
decir lo mismo del instrumento que lo produjo.
La administración de Obama se aferra y aspira a una influencia entre los
cubanos y cubanoamericanos jóvenes, allá y aquí, con una devoción
—incluso a veces un poco patética— que justifica con sus dos únicas
armas contra el mecanismo de preservación del poder imperante en Cuba:
tiempo y dinero.
Son hasta cierto punto dos armas formidables, porque acomodan la espera
al cambio y no lo contrario, como venía resultando en la situación
cubana, y logran así un cuestionamiento directo a la mejor definición de
Cuba: ni Estado fallido ni de derecho, sino de prórroga.
Pero son dos armas formidables si mantienen su naturaleza flexible, algo
por lo demás inherente a ellas, y aquí es donde el presidente Barack
Obama ha puesto su mayor empeño: en ese acomodo que implica una
comparación inevitable entre un mandatario que no ceja en sus planes y
otro que demora cualquier paso a dar.
No hay que olvidar que en Cuba, a la ilusión inicial por la llegada de
Obama a la presidencia, sucedió una desesperanza generalizada, tanto
porque no avanzaban las reformas esperadas con Raúl Castro como tampoco
se promovían iniciativas desde Estados Unidos. Todo ello ha cambiado en
estos momentos y el presidente estadounidense ha comenzado a dictar la
pauta.
Bajo esta óptica resulta absurdo y hasta ridículo el reproche de "a
cambio de nada" y la confusión entre los términos "concesiones" y
"negociaciones". Cuando se reconoce que el enfoque o la política
anterior resultaba inútil o contraproducente, hay que cambiarla de
inmediato; no esperar a que el contrario lleve a cabo pasos, para
entonces justificar los avances. Ya que el cambio se ejecuta a partir
del pasado, lo mal hecho, y no del futuro y lo por hacer.
Precisamente es lo que desde hace más de un año viene desarrollando
Obama con relación a Cuba: un enfoque que trasciende uno de los
principales logros iniciales del mandato de Raúl Castro, que fue echar a
un lado o reducir al mínimo los fundamentos ideológicos, y aplicar un
pragmatismo que no significa adaptarse a la realidad sino ajustarla al
propósito único de conservar el poder.
Obama viene calentando la bola desde hace rato y está en La Habana. Ya
es hora de que comience el juego.

Source: Calentando la bola en La Habana - Artículos - Opinión - Cuba
Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/calentando-la-bola-en-la-habana-325143

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