Viernes, Diciembre 9, 2011 | Por Lucas Garve
LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Augusto tiene unos 65 años,
pero parece andar por los ochenta. Duerme en el portal de la vecina más
cercana a su propia casa. Augusto no entra a la casa familiar. Pasa el
día sentado en la esquina del supermercado, bebiendo con sus compañeros
de desamparo, alcohólicos como él, quienes con un lenguaje
incomprensible discuten y rivalizan por tomarse el último trago de una
botellita que guardaron de la noche anterior.
Por una ventanilla del supermercado se vende ron barato. Es el
denominado ron C, de pésima calidad, pero mejor que aquellos rones que
aparecieron en el período de la crisis de los años 90: el chispa de
tren, el hueso de tigre, el calambuco, etc.
Ricardito también vive en el barrio. Es solícito y agradable. Se
mantiene económicamente haciendo mandados a los vecinos. Lo que usted le
pida, él lo busca y se lo trae a la puerta de su casa. Luego, el dinero
que gana con esos mandados y comisiones lo invierte en comprar ron. En
la cafetería de la calzada puedes encontrar a Ricardito desde las
primeras horas de la mañana. A eso él le llama "ir a la oficina".
En 1953, la OMS (Organización Mundial de la Salud) reconoció el
alcoholismo como una enfermedad que provoca daño social, biológico y
sicológico, y la definió como una enfermedad crónica identificada por la
ingestión incontrolada de bebidas alcohólicas.
Si al menos el 70 % de la población mundial bebe, solamente 10 % de esta
cifra son considerados por la OMS como "bebedores problema". En Cuba,
entre los mayores de 16 años existe un 4 % de alcohólicos, según
especialistas del programa de rehabilitación y control del alcoholismo
en la isla.
No obstante, especialistas en alcoholismo y adicciones, pertenecientes
al Hospital Psiquiátrico de La Habana, expresan preocupación por "esa
forma que se ha ido instaurando en la isla, de ingerir alcohol a
cualquier hora, sin ninguna razón especial, ni límite; en parques,
aceras, transportes públicos y privados". Además, es lamentable que la
actitud comunitaria sea de tolerancia o permisividad hacia la ingestión
no responsable de bebidas alcohólicas, afirman estos especialistas.
A fines de la década de los noventa, un estudio nacional de un equipo de
médicos especializados en el tema del alcoholismo determinó que 50 % de
la población cubana consumía alcohol con frecuencia. Mientras, a inicios
del año 2000, otros expertos aseguraron que entre 7 y 9 % de la
población lo consumía con asiduidad.
Otras investigaciones territoriales ofrecen datos inquietantes al
respecto, al afirmar que hay localidades donde hasta 70 % de la
población bebe. Por ejemplo, en el oriental municipio Caimanera, al este
de la isla, el consumo regular de alcohol alcanzó 97 % entre poco más de
mil entrevistados, 98,6 % de hombres y 95,8 % de mujeres.
Si hace unos veinticinco años había una mujer alcohólica por cada 20
hombres, la proporción varió a una mujer por cada 12 hombres entre los
adictos al alcohol. Las mayores cifras de consumidoras aparecen en
mujeres de 25 a 30 años de edad, y entre las de 50. Se ha constatado que
un buen número de ellas comienzan a consumir alcohol para complacer a su
pareja, o debido a su relación con hombres bebedores, y por haber tenido
madres o padres alcohólicos.
En el caso de las más jóvenes, el consumo inmoderado de alcohol obedece
a causas que van desde las disfunciones familiares hasta el estrés. Y
las mujeres de 50 años se dan a la bebida para enfrentar la separación
marital o de los hijos, o para encarar los cambios del climaterio.
Por otra parte, el alcoholismo es también un causante de importancia en
los accidentes de tránsito, en los homicidios y en los suicidios. En
Cuba, 30 % de los homicidios y los suicidios, así como actos de
violencia intrafamiliar se debe al consumo exagerado de alcohol y al
alcoholismo crónico.
Ayudan a estos patrones de consumo la presencia notable de bebidas
alcohólicas en el mercado, la escasez de lugares de esparcimiento para
invertir el tiempo libre que ofrezcan alternativas sanas, que no sean
bares, discotecas, cafeterías donde siempre hay expendio de bebidas
alcohólicas, sobre todo ron.
Aunque existen programas de ayuda y de prevención, así como de
rehabilitación dirigidos por especialistas del Ministerio de Salud
pública, son muchos los patrones culturales tradicionales que habría que
vencer para disminuir el consumo de bebidas alcohólicas en la isla.
Mientras, la copa seguirá rota y se perderán lamentablemente vidas
ahogadas en el alcohol.
http://www.cubanet.org/articulos/la-copa-rota-y-la-vida-perdida/
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