La Biblioteca Nacional y la bibliografía de lo innombrable
Gerardo Muñoz
Gainesville 10-12-2011 - 10:48 am.
Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional de Cuba, habla
en Florida de digitalización de clásicos, de descenso en niveles de
lectura y se cuida de mencionar a la Revolución.
Invitado por la institución "Freemansory and Civil Society" y la
profesora Carmen Diana-Deere, el jueves último tuvimos la oportunidad de
escuchar una presentación de Eduardo Torres Cuevas, director de la
Biblioteca Nacional José Marti de La Habana. Luego de haber participado
en una conferencia sobre la historia de las masonerías en Estados Unidos
y América Latina organizada en la Universidad de California (UCLA), la
charla del Dr. Torres Cuevas en la University of Florida se limitó, más
que a una presentación académica, a una charla de menos de una hora
sobre la historia del libro y los nuevos proyectos que actualmente se
llevan a cabo en la Biblioteca Nacional.
Tras los muchos años de congelamiento de las relaciones culturales entre
Cuba y Estados Unidos provocados por las políticas de George W.Bush, el
propósito de la visita de Eduardo Torres Cuevas en la universidad puede
ser vista como la continuación de un estrechamiento entre las élites
culturales e intelectuales cubanas en busca de solidificar los lazos con
algunas de las universidades norteamericanas.
Tomando en cuenta la homogeneidad de su audiencia (sesenta años de edad
promedio, mitad jubilados, norteamericanos blancos en su mayoría), el
Dr. Torres Cuevas comenzó con una historia nacional muy esquemática,
sobre los orígenes de los primeros libros y bibliotecas de Cuba. Por
allí desfilaron las figuras de siempre: Nicolás Estévez-Borges, Domingo
del Monte, Bachiller y Morales, Don Fernando Ortiz, y Domingo Figuerola
Caneda, primer director de la Biblioteca Nacional de Cuba en octubre de
1901, mediante la Ley militar no. 234.
Lo primero que sorprende de la historia de la Biblioteca Nacional, según
el relato del profesor Torres Cuevas, es la falta de historia sobre los
cambios y su función tras el triunfo de la revolución de 1959. Según
Torres Cuevas, la misión de la biblioteca ha sido y sigue siendo
coleccionar, publicar, y difundir todo lo publicado dentro y fuera de
Cuba sobre el tema cubano, así como todo material escrito por autores
cubanos. Esta premisa tiene como meta la creación de una comunidad de
lectores.
De esta manera, la Biblioteca Nacional es pensada como el centro de la
promoción y difusión de la cultural nacional que, según Torres Cuevas,
tiene como función recobrar el pasado histórico del país. La institución
encabeza el punto más alto de la pirámide del sistema bibliotecario
cubano, bajo el que se encuentran las bibliotecas provinciales, las
municipales, y en algunos casos, si los "municipios son muy grandes",
pequeñas sucursales dentro de un reparto.
Para llevar a cabo esta misión que busca la creación de un nuevo tipo de
lector nacional se ha instalado el "Programa Nacional de la Lectura",
cuyo objetivo es hacer que las personas se interesen por la lectura y la
cultura del libro. Pues, por su pesimismo sobre la ciudadanía, Torres
Cuevas dio a entender que la gran masa lectora de Cuba (por no hablar de
las capas medias y los sujetos cercanos a la cultura) parece haber
perdido su fuerza en los últimos años (¿décadas?).
"Bibliotecas para bebes" = Bebetecas, "Salas Juveniles", plan de rescate
de bibliotecas para los más jóvenes, y las tiradas de más de ocho
millones de ejemplares de "clásicos cubanos", son algunos de los
proyectos que la Biblioteca Nacional ha podido poner en circulación.
Además de estos "proyectos sociales", también está la gradual
digitalización de libros "raros", tema central del conversatorio de
Torres Cuevas. Intentando ponerse a la par de cualquier biblioteca del
Primer Mundo (no digamos ya de cualquier Biblioteca Nacional del Primer
Mundo), el proyecto central de la biblioteca nacional cubana es
digitalizar su colección de libros raros. Una labor tan extensa como
cara: Cuevas declaró que se ha invertido más de medio millón de euros en
scanners y tecnología de último modelo para llevar a cabo esta empresa.
Como amuletos de esta labor, Torres Cuevas mostró tres de los libros que
recientemente se han digitalizado y editado en lujosos formatos, a la
manera de libros de arte publicados por grandes editoriales europeas
como Skira o Phaidon. (Según le pregunté después de su charla, estos
tomos son ediciones limitadas, o sea, de muy escaso acceso a la
"comunidad de lectores cubanos".) Esos tres libros, que inician la
colección "Raros & Valiosos", fueron donados a la colección
latinoamericana de Smathers, en la Universidad de Florida: Tipos y
costumbres de la isla de Cuba, ilustrado por Patricio de Landaluze; La
Cuba pintoresca de Federico Mialhe, y Los ingenios, de Eduardo Laplante.
Del primero comentó algo que, personalmente, me pareció muy curioso: la
idea de que no muchos lectores conocen la obra de Landaluze. Sobre Cuba
pintoresca, quizás el comentario más interesante de los tres, habló de
largos avatares tras los óleos "perdidos" de Mialhe, finalmente
encontrados en la colección de un médico cubano de Nueva York y ahora
reproducidos en el volumen. A propósito de Los ingenios, se extendió
sobre el "complejo económico-social del azúcar", el ferrocarril como
aparato de la industrialización del saqueo neo-colonial.
Clásicos, únicamente los anteriores al siglo XX
Un disco-compacto fue proyectado para mostrar las nuevas vías por las
cuales la Biblioteca Nacional ha podido diseminar los clásicos de la
cultura cubana en la formación de esa comunidad de lectores. ¿Quiénes
son esos clásicos? Todos anteriores al siglo XX, y la mayoría
historiadores o educadores: Espada, Guiteras Gener, Luz y Caballero,
Varela. Como se prescinde del siglo XX, no se incluyen los clásicos
contemporáneos: Ortiz, Roig de Leuchsenring, Portell Vilá, Moreno
Fraginals o, para no ir más lejos, el propio Torres Cuevas. El CD
pretende tener la función, según declarara éste, de una biblioteca
portátil que se atiene a las nuevas formas de la comunicación y cultura
digital del siglo XXI.
Tecnología y Biblioteca: me interesaba esa relación, ya no desde el
punto de vista de la institución bibliotecaria ceñida a la investigación
de especialistas, sino desde el punto de vista de los lectores. En
resumidas cuentas, mi pregunta a Torres Cuevas, una vez terminada su
presentación fue: ¿cómo se enfrenta la Biblioteca Nacional a los nuevos
retos de las nuevas tecnologías que, cómo todos sabemos, carecen de
disponibilidad real dentro de Cuba? ¿Qué papel puede jugar la Biblioteca
en el fortalecimiento de una sociedad civil cubana? ¿Es posible pensar
esa comunidad de lectores con los limitantes de las nuevas tecnologías?
Torres Cuevas enfatizó entonces los proyectos de digitalización, y
aseguró que, con las condiciones "limitantes" de "nuestra banda ancha",
"excepcionales" del país, hoy más que nunca la tarea es entablar
"alianzas estratégicas de integración".
Compartiendo el argumento de la clase dirigente cubana, el prestigioso
historiador dio a entender que las limitaciones tecnológicas en Cuba
están dadas, no por el control y la centralización de parte del Estado,
sino por su la situación histórica excepcional del país frente a los
poderes monopólicos y globales de la información. Entendida así, la
"batalla de ideas" pasa menos por las tácticas clásicas del imperialismo
que por las nuevas tecnologías del 2.0. Aunque, justamente, ¿la tarea
intelectual no consiste, contra esas tretas limitantes y excepcionales
que han operado como barreras para justificar el fracaso o la crítica
interna, en repensar un modelo de sociedad civil cubana, abierto a
discusiones más allá de paradigmas que se equiparen con los argumentos
de la excepcionalidad del determinismo histórico?
En un reciente ensayo titulado La máquina del olvido, Rafael Rojas,
nuestro máximo historiador contemporáneo según las más variadas
opiniones, señalaba que en la historiografía cubana: "en la última
década, permitiría advertir que los períodos mas trabajados son el siglo
XIX y la primera mitad del XX, es decir, fase final del orden colonial y
toda la época republicana…". Un modelo historiográfico que, al recuperar
la soberanía de Estado, tiene como corolario la "confiscación de la
memoria de la ciudadanía".
Para quienes nos dedicamos a estudiar y pensar las últimas cinco décadas
de historia y cultura cubana, es curioso notar un silencio, como si la
Revolución Cubana gravitara sobre lo innombrable, aquello que ha
superado o resiste la simbolización del lenguaje. Y fue curioso percibir
cómo, en toda su charla, el Dr. Eduardo Torres Cuevas, no mencionó la
palabra "Revolución", o el nombre de ninguno de sus líderes históricos.
En cambio, su discurso para signar la Revolución Cubana pasó por
significantes vacíos que pudiéramos llamar lagunas terminológicas:
"nuestra condición", "nuestros límites excepcionales", "nuestros
avatares de esta..., que todos sabemos". Del posesivo plural a la
excepcionalidad: los dos núcleos de una elipsis discursiva.
Es importante destacar el cambio paradigmático del discurso intelectual
cubano revolucionario. Si en las primeras décadas "Revolución" era el
sema que englobaba toda una serie de éxitos y simbolizaba el núcleo
hegemónico de la lucha contra el imperialismo, no son pocos los
intelectuales cubanos de la Isla que hoy practican el arte de lo
innombrable: la Revolución Cubana ha abandonado su discursividad
metonímica. La Revolución ha tomado el rasgo de un espectro, de un
presente ausente. Y considero que para un historiador que discute acerca
de la "memoria histórica", comenzar a darle nombres a las cosas es
quizás el primer paso para pensar el complejo proceso de la Revolución
Cubana.
Facilitar palabras y lenguaje, recomendaba Hannah Arendt en una
entrevista en la televisión alemana de la postguerra, no es solo un
gesto de orden intelectual, sino también una ética para encarar una
historia colectiva.
http://www.ddcuba.com/opinion/8508-la-biblioteca-nacional-y-la-bibliografia-de-lo-innombrable
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