Sunday, May 20, 2007

Los inmortales del transporte en Cuba

Los inmortales del transporte en Cuba

Héctor Ramón Foret Sánchez

19 de mayo de 2007

Holguín, Cuba – bitacoracubana - Los almendrones (término del lenguaje
popular para designar los automóviles y camiones de las décadas de los
40 y 50), el gobierno cubano los sataniza y se refiere a ellos en
términos peyorativos, con una arrogancia que raya en ínfulas de gran
protector del pasajero.

Aducen múltiples consideraciones: que si son grandes consumidores de
combustible, que si cobran muy caro, que son una nueva clase de ricos
los dueños de estos vehículos, etc.

No vamos a polemizar por las razones que dan. ¡Para qué! ¿Alguien se
imagina, como andaría el ya precario transporte habanero sin esos
inmortales?

¿Qué sería de los pequeños municipios y pueblos de la isla, donde el
único trasporte puntual lo proveen esos camiones Ford, Packard, Dodge,
Studebaker, etc.? Estos constituyen todo un símbolo al cuidado, por la
eficiencia de sus dueños; y una acusación a la desidia que genera el
llamado socialismo cubano en la esfera del transporte.

Es cierto que cobran caro, para el empequeñecido bolsillo del cubano.
Pero también caro le vende el Estado el combustible, caras las piezas y
caros los impuestos que le tienen que tributar.

¿De qué se jactan las autoridades cubanas, cuando una caja de cigarro,
que en los años 50 valían 8 y 10 centavos, hoy vale 7 pesos? Es decir,
que con los precios de los años 50, con lo que ahora un fumador compra
una caja de cigarros, podía comprar 70 ó más, ¡increíble!

Hace dos años el estado cubano introdujo los ya populares ómnibus chinos
Yutong, que enlazan los municipios cabeceras con la capital. Pero
aumentó como promedio dos veces y medio el precio del pasaje.

¿A quiénes critican? Lo que debían hacer es dejar de agobiar a estos
transportistas particulares, que, increíblemente, mantienen funcionando
sus vehículos y muchos son joyas de belleza y estado técnico. Son una
verdadera bofetada a la cacharrería estatal, que se ahoga en el mar de
la negligencia, el desinterés y la chabacanería.

En Cuba pasan cosas increíbles y risibles. Quien suscribe intentó
abordar el ómnibus de Antilla-Holguín, que debía salir a las cinco menos
diez de la mañana.

Llegué alrededor de las cinco y me lamenté de haber llegado tarde, ya
que pensé que el ómnibus se había marchado. Un amigo que me escuchó
dijo: –No te preocupes que el ómnibus no ha salido. Tiene que esperar
que amanezca, carece de bombillos.

Era horario de verano y la luz solar aparecería alrededor de las 7 de la
mañana. Es decir, que los pasajeros del ómnibus debían esperar más de
dos horas, por la increíble ausencia de dos tristes bombillos. Esta
situación duró meses aunque ya ha sido superada. Caso y cosa de casa.

Personalmente reconozco el tesón y la perseverancia de los
transportistas particulares. Debían ser premiados por las casas matrices
de las marcas de sus automóviles y camiones. Y el gobierno debería de
ayudarlos, para que puedan disminuir el precio del pasaje y restar dolor
al sufrido pasajero cubano. Eso debe ser lo sensato y lo correcto con
los inmortales del transporte cubano.

http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=4771

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