Froilán Osmany Rodríguez
20 de mayo de 2007
Asunción, Paraguay – bitacoracubana - Libertad es, según el Diccionario
de la Real Academia Española, la facultad natural del hombre para obrar
según su voluntad. Estado del que no es esclavo o está preso, etc., etc.
Hoy no pretendo escribir sobre lo que tan obvio resulta para mis
compatriotas. Realmente quiero, en primer lugar, comentar sobre algunas
interesantes experiencias que he vivido en la República del Paraguay,
lugar en el que me encuentro residiendo desde el pasado mes de noviembre.
Los contrastes me han resultado impactantes, los que, por su naturaleza
para nosotros extraños, quiero compartir con ustedes. Muchas serían las
anécdotas a narrar, pero hoy sólo citaré algunas.
Como hábito tradicional de este pueblo, las celebraciones de todo tipo
tienen implícita la confección de un "asado", que consiste en carne de
res a la parrilla, y que cada quien se sirve a gusto y cuando le apetezca.
Fui invitado en cierta ocasión a uno de ellos, y el anfitrión me
solicitó acompañarlo a hacer las respectivas compras, en la que como era
de suponer, adquirimos veinte kilogramos del lomo de algún desdichado
rumiante, mercadería que tuve que ayudar a cargar. Todavía hoy me
pregunto por qué me costó tanto trabajo salir aquella tarde del
supermercado.
Posteriormente, caminaba una mañana lluviosa por una céntrica avenida de
esta capital, cuando fui sorprendido por una fuerte lluvia, de las que
en buen cubano llamaríamos "un tremendo palo de agua".
Con desconsuelo traté de buscar protección de aquel diluvio, para lo que
tuve que correr cerca de cien metros hasta penetrar el portal de una
bella edificación. En menos de cinco minutos fui cordialmente invitado a
penetrar en el sitio por un militar, quien además de sugerirme un
confortable butacón, me invitó a tomar de su caliente infusión de mate.
Hablamos muy poco, apenas intercambiamos presentaciones y él se sumergió
en algún trabajo de oficina, para ello no necesité de un "pase" oficial,
no resulté escrutado por las agresivas miradas de verdugo alguno, ni
encontré cámaras de vigilancia. Nadie me maltrató y mucho menos interrogó.
Pasado el temporal me retiré, no me despedí para no perturbar el
desempeño del hospitalario militar, pero dadas las características del
lugar, al salir busqué algún señalamiento que me refiriera a que
pertenecía aquella escrupulosamente limpia instalación. En un lateral de
su puerta principal, tenía una inscripción que desestimé en mi
precipitada entrada, y la cual decía: "MINISTERIO DE DEFENSA NACIONAL".
Ya más reciente, en el día de ayer, fui nuevamente invitado, pero en
esta ocasión al majestuoso hotel EXCELSIOR. Allí debía encontrarme con
un amigo, quien me invitó a degustar la exquisita comida local y a tener
un ameno y familiar encuentro.
Nuevamente el asombro se apoderó de mí, al entrar a la instalación y
notar que mi presencia no alteró en nada la armonía del lugar, tampoco
fui abordado por un operativo de las fuerzas de seguridad, y por
consiguiente no resulté expulsado.
Camino por las calles y a veces tengo la sensación de no existir. Paso
frente a un policía o varios de ellos y si no me dirijo a alguno,
simplemente no reparan en mí.
Los vehículos patrulleros no se ven, ni siquiera en las noches, la gente
carga con todo tipo de paquetes o bultos y jamás he presenciado que se
les moleste por ello, quien quiera grita y se manifiesta sobre lo que
desee y nada le ocurre.
A veces me pregunto, ¿estoy soñando, o simplemente estoy en libertad?
"Comité Cubano de Perseguidos Políticos"
http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=4779
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