Yosvani Anzardo Hernández
24 de mayo de 2007
Holguín, Cuba – bitacoracubana - Francisco Miranda Fernández viajó a
Estados Unidos, junto a su esposa e hijo pequeño, en la década del 50
del pasado siglo. Allá nació su hija Mirtha, y allá hubiesen continuado
de no ser por unos tragos de más, aunque según dicen, él no tenía nada
que ocultar, y eso lo demuestra el hecho de que después de expresar bajo
los efectos del alcohol, que la revolución cubana era una bendición,
regresó a Cuba, donde le entregaron una casa que luego le cambiaron por
un apartamento tipo Girón IV, ¡y eso fue un acto de desdén, créanme!, se
los digo yo que soy de aquí, como dice la canción infantil.
Francisco, poco a poco se integró a la vida social de su pueblo, si vida
se le puede llamar al oficio de escapista del que algunos aquí ya somos
expertos, aunque siempre nos amenace el espíritu y fin de Houdini; y en
cuanto a social, no me refiero más que al sociolismo, o sea el que tiene
más socios con buenos contactos se integra mejor.
De esta forma la realidad lo golpeó en la cabeza una vez con su bordón,
luego, y por puro sadismo, lo siguió golpeando todos los días: en las
manos que no deben tomar esto o aquello; en la boca porque nadie tiene
por qué creer lo que dices, si tu saliste de allí porque esto es mejor;
en las costillas porque aquí el aire te sobra para reír, sólo de lo que
se debe, y nunca de lo que aunque risible, es cosa seria, pues la "cosa
en si" es algo del Orinoco, por lo que yo no lo entiendo ni tu tampoco.
¡Y el rey será hipócrita y mentiroso pero para eso, y hasta por eso, es
el rey!
También le apaleó las piernas pues caminar mucho va contra los intereses
del dueño del bordón y con esa paliza, pretendió dejarlo tullido como a
todos aquí, ¡y en parte lo logró!
Los hijos, incluyendo la norteamericana de nacimiento, estudiaron: ella
se hizo licenciada y el varón ingeniero.
Pero con el tiempo y los golpes, nadie sabe cuando exactamente, pero
perdiendo cosas, perdió la venda de sus ojos.
Hoy dicen que ya viejo y enfermo se ahorcó. Otros dicen que ya viejo y
arrepentido tan solo efectuó su último acto como escapista. Y es que en
verdad Houdini dejó un excelente precedente, ¡y no lo digo de esta forma
por maldad!, sino todo lo contrario, y es que las historias tristes a
veces es mejor no contarlas. Lo único que me mueve a hacerlo es la
esperanza de que removiendo el pasado pueda poner en su lugar el
presente para rectificar posibles errores en el futuro, pues ahora,
Mirtha desea recobrar su nacionalidad perdida.
La causa de la pérdida ya no importa por lo que ni culpa, ni desea
controversias con nadie, y es tan solo un derecho que le pertenece. Y
como no es mi intención, ni es éticamente correcto, hacer leña del árbol
caído, escribo esto para oponerme a los que se oponen a la idea de que
una cubana de estos tiempos sea norteamericana y siga viviendo aquí.
"Que no es moral", dice Carlos Ventura, que aquí la cosa es todo o nada
y que eso es pretender honrar al enemigo. Y digo yo, que este hombre
tiene derecho a estar equivocado, cuando la constitución de 1976 definió
uno de sus capítulos como ciudadanía cuando debiera ser nacionalidad,
pues no es lo mismo pertenencia a una nación que a un estado; y como él
es propiedad del estado y no le va bien con su dueño, pues actúa como el
cubano del cuento que se encuentra la lámpara de Aladino y en lugar de
pedirle que le diera de todo cuanto el vecino próspero y bien provisto
tiene, le dijo: "no, yo no quiero que me des nada, yo lo que quiero es
que se lo quiten to' al vecino, pa' que se joda igual que yo".
Y así es el hombre nuevo que forjó estos tiempos. No obstante y para no
extenderme en un tema tan extenso, debo decir que el Carlitos posee
conceptos también de nuevo tipo, como es el hecho de que acepte la
traición si vale la pena aguantar; es algo así como empuja que aquí hay
un hombre, según el decir gay; aunque en su caso el prefiere decir que
es mejor morir enrredao' en los tarros de una novilla, que en los cascos
de una vaca vieja, y Carlos por ventura entiende estas cosas, por lo que
no creo se disguste conmigo, ¡al menos por esta vez!, por ser yo tan
sincero. Y recuerda estas palabras del pueblo "el que apunta banquea", y
tú Carlos, empezaste banqueando.
http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=4804
No comments:
Post a Comment