Ni Fidel ni Raúl
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Cualquier extranjero
importante que visita Cuba ha podido ver que las escuelas estatales de
becados para estudiar deportes son las mejores del país. Modernas
instalaciones, buenos profesores y una alimentación adecuada. Son muchos
los padres cubanos que quieren para sus hijos una de estas becas,
iniciativa del estado que es el que paga todos los gastos.
Pero lo incomprensible de esta historia son los nombres que escogen esos
padres para sus hijos: verdaderas rarezas que nada tienen que ver ni con
Fidel ni con Raúl, sus padrinos principales. No comprendo, si provienen
como se sabe de familias humildes, las que según se dice, son las más
favorecidas. ¿Estamos pues ante un misterio de las masas?
La campeona en el lanzamiento del martillo se llama Yipsi. Entre los
mejores jugadores del Caribe en el fútbol tenemos al villaclareño Yenier.
Los nombres de los peloteros más destacados son Yasser, Deinys, Andy,
Ebris, Yasmani, Adiel, Gonder, Wilber, Dael, Deinys, Yovany, Yussef,
Albert, Adier, Ediasbel, entre muchos otros muy parecidos.
Los del boxeo no tienen parangón posible. ¡Tremendos nombrecitos! No
pretendo apabullar a mis lectores. Sólo les mencionaré algunos. Mientras
que el director técnico se nombra Sarbelio, muchos de los boxeadores
seleccionados llevan patronímicos realmente sorprendentes: Yampier,
Yoandry, Erislandi, Yusiel, Osmay, Noelquis, Noelvis, Yordenis, Imaikel
y Yuniesky.
Como el racquetbol no se queda atrás, debemos mencionar también nombres
femeninos como Marialis, Mislaury y Disney y los masculinos Enier,
Maykel, Noslén, Elquis, Marielis, Alex, Maykel y Bryan.
Pensar que estamos ante una consecuencia del internacionalismo
proletario practicado por el régimen castrista, o dicho con más
claridad: o a las guerras secretas del gobierno, sería caer en un error.
Todos o casi todos los nombres son inventados, con un extravagante
sonido extranjerizante y puestos a generaciones que corresponden a las
décadas del setenta y ochenta, cuando la llamada Revolución Cubana había
languidecido, cuando a consecuencia de la merma del fanatismo las
movilizaciones y concentraciones dejaban de ser espontáneas. Nombres que
no tienen nada que ver con nuestro idioma, con nuestra identidad.
Sin embargo, hay un nombre que resulta curioso y hasta simpático. Es el
que corresponde a esa nueva esperanza del boxeo cubano y campeón mundial
juvenil, quien se llama, no como Fidel o Raúl, insisto, sino -con
apellido y todo- como el cantante español más popular de Cuba a lo largo
de todos estos años: ¡Julio Iglesias!
Y para terminar, me pregunto ¿por qué razón no tenemos un Fidel o una
Fidelia en el Ballet Nacional, una institución privilegiada?
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