Friday, December 23, 2005

La Iglesia, ¿se mueve?

La Iglesia, ¿se mueve?
La Conferencia Episcopal cubana envejece. Los nuevos nombramientos, claves en el futuro nacional.
Michel Suárez, Madrid

Defensores y críticos del clero cubano tienen por estos días suficiente pasto para el debate: tres nombramientos episcopales en nueve meses, dos renuncias canónicas encima de la mesa de Benedicto XVI, un prelado de primera línea con la salud seriamente afectada y una reunión "amistosa" de la jerarquía con Fidel Castro.
Tras la renuncia de Héctor Peña, ahora obispo emérito de Holguín, corresponde al pinareño José Siro González presentar la suya. En dos años, si su estado de salud no le obliga a hacerlo antes, será el primado Pedro Meurice quien cumpla el trámite obligatorio. La Conferencia Episcopal envejece y el Papa ha comenzado a mover ficha, consideran analistas.
Pero, ¿cómo y hacia dónde se mueven los vientos en el clima hostil en que se desenvuelve la Iglesia católica nacional?
Benedicto XVI, en sus primeros meses de mandato, ha designado a Manuel H. de Céspedes y García Menocal y a Emilio Aranguren obispos de Matanzas y Holguín, respectivamente, y como auxiliar de La Habana a Juan de Dios Hernández Ruiz.
Aranguren, que pasa de una diócesis de 480.000 habitantes a otra de 1.600.000, es apreciado en círculos eclesiásticos como una apuesta de futuro para la reconstrucción de la Iglesia nacional. "Su juventud (55 años) y su jovialidad y cercanía con la gente pueden convertirle en una pieza clave del futuro", admite un analista. Sin embargo, "no se le considera un hombre arriesgado".
Los próximos movimientos del Vaticano estarán orientados, probablemente, a nombrar nuevo obispo para la sede vacante de Cienfuegos y a cubrir las dos presuntas renuncias canónicas. En ese contexto de enigmático futuro, también entran en juego los "saludos" enviados por Benedicto XVI a Fidel Castro, a través del cardenal italiano Tarcisio Bertone, y la citada reunión entre la Conferencia de Obispos Católicos (COCC) y el gobernante. La mesa está servida.
Los obispos en Palacio
El pasado 17 de noviembre, el diario Granma publicó en primera plana que el encuentro entre Castro y los representantes de la Iglesia Católica había sido realizado "en un ambiente constructivo y amistoso", además de informar que al final tuvo lugar "una cena en la que se abordaron temas de interés mutuo". El órgano oficial del Partido Comunista dijo que la reunión fue "el punto culminante" de las actividades por los 70 años de relaciones ininterrumpidas con la Santa Sede.
Fuera de la breve noticia gubernamental, ninguna de las partes ha hecho declaraciones explícitas sobre el contenido de las conversaciones, ni se han emitido comunicados por parte de las autoridades eclesiásticas, salvo las declaraciones a Encuentro en la Red del secretario adjunto de la Conferencia de Obispos Católicos (COCC), monseñor José Félix Pérez:
"Se trataron temas relacionados con la vida de la Iglesia en Cuba, la vida del pueblo, y sobre todo el servicio que la Iglesia presta desde su identidad, desde su misión evangelizadora, y cómo puede mejorar y perfeccionarse", explica Pérez, y declina referirse a temas particulares, como las reivindicaciones históricas de la iglesia local, en torno a la imposibilidad de instaurar centros educativos religiosos y el acceso a los medios de comunicación.
Sin embargo, su "opinión personal es que la reunión como tal puede ser un indicio, o marcar quizás un momento, para que la Iglesia a partir de ahora pueda encontrar mejor comprensión en el modo de ejercer su servicio pastoral".
El secretario adjunto de la COCC confirma que al encuentro con Castro asistió toda la Conferencia Episcopal, "excepto el arzobispo de Santiago de Cuba (Pedro Meurice), que estuvo enfermo y tampoco participó en la Asamblea Plenaria de la COCC, que sesionó durante esos días".
Sobre 'lobos' y 'pastores'

Al parecer, agraviados por la citada reunión y el tono del periódico Granma, grupos de exiliados han comenzado a circular por la Red mensajes en los que se conmina a los fieles a "boicotear" a la Iglesia cubana, dejando de contribuir financieramente en los templos.
Acerca del particular, monseñor Pérez afirma: "Sobre lo que puedan pensar otros grupos, yo no tengo ningún comentario". Añade que "el diálogo es lo propio de la Iglesia", y recuerda que el Papa Pablo VI dedicó una Encíclica específicamente al tema del diálogo. "Ése es el modo de ser del trabajo de la Iglesia, su naturaleza misma", dice.
En el exilio, unos han coincidido con la decisión de la jerarquía católica y otros han echado leña al fuego con explosivas declaraciones.
Un artículo del ex preso político Armando Valladares, publicado en el Diario Las Américas, de Miami, denuncia que "la reciente cena del Lobo con los Pastores cubanos es un paso más en ese doloroso proceso de acercamiento entre el implacable perseguidor de los católicos (…) y los máximos representantes de la Iglesia cubana". Valladares estima que "este sustento episcopal a Castro es grave para el pueblo cubano".
En una cuerda similar se expresa Jesús Carrasco González, miembro de la Junta Directiva del Centro Cubano de España: "Si esa reunión fuera buena para terminar con la dictadura, cosa que dudo, me parecería relativamente bien. Sin embargo, cualquier reunión que ayude a que el dictador se mantenga en el tiempo, me parece fatal".
También fuera de la Isla, el presidente del Partido Demócrata Cristiano de Cuba (PDC) Marcelino Miyares, opina que las relaciones de la Iglesia con el gobierno "hay que verlas como un proceso que sigue, donde la que ha salido reforzada es la Iglesia".
Miyares cree que lo mejor para el exilio es "respetar totalmente" las iniciativas de la Iglesia y tratar de "ayudar al máximo". "En el caso del PDC, agrega, tenemos la misma disposición de dialogar, como la forma de resolver la tragedia que está viviendo nuestra patria".
Una de las voces más agudas del laicado cubano, Dagoberto Valdés Hernández, director del Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río y de la revista Vitral, dice que "sí se puede hablar de expectativas" acerca del encuentro entre Castro y la COCC, "en el sentido de que el diálogo es mucho mejor que la incomunicación". Reconoce que, "aunque a lo mejor no se puedan esperar grandes cambios, el hecho de entablar una conversación es mejor que nada".
Rigoberto Carceller Ibarra, otro laico, fundador del Movimiento Cristiano Liberación en Camaguey y las provincias orientales, y ex preso político, expresa su negativa a un boicot hacia la Iglesia, porque "no es prudente ni justo, aunque exista la necesidad de pedirle a la iglesia local una mayor implicación".
Carceller, quien gestiona desde Madrid dos proyectos sobre Cuba, uno humanitario y otro de oposición política, considera que "hay que entender también que la Iglesia es una parte importante del capital social para una futura transición".
El movimiento de obispos
Cuando este viernes 9 de diciembre de 2005 corresponda a monseñor José Siro González, obispo de Pinar del Río, presentar su renuncia al Papa —tal como lo exige el Código de Derecho Canónico, al arribar a los 75 años de edad—, una columna clave del sector crítico dentro de la COCC estará "en juego", opinan analistas consultados.
"La continuidad de la revista Vitral es un enigma (en caso de renunciar el actual obispo), ésa es una espina que molesta al régimen y no puede decirse que cuente con un apoyo absoluto dentro de la jerarquía católica", afirma una fuente cercana al clero, que solicitó el anonimato.
El director de Vitral, en cambio, considera que la continuidad de su proyecto editorial es un "asunto de menor importancia (…), eso hay que preguntarlo al próximo obispo, si es que el Papa no prorroga al actual".
Para Valdés Hernández, "lo que habría que preguntarse es si está asegurada la continuidad del compromiso de la Iglesia cubana con el pueblo que sufre, y eso es mucho más importante que Vitral".
No obstante, cree que el cambio de un obispo "puede determinar quizás un cambio de carisma o de estilo, pero nunca un cambio en la misión profética esencial al ministerio de la Iglesia".
"Con este obispo, o con el que el Santo Padre quiera bendecir a la Iglesia de Pinar del Río, es siempre esencial e irrenunciable en el servicio de la Iglesia señalar aquellos signos que no contribuyen a la dignidad plena del hombre", señala Valdés.
Monseñor José Siro González nació en 1930 en Candelaria y fue nombrado obispo de Pinar del Río el 30 de marzo de 1982 por el Papa Juan Pablo II, según publica el Episcopologio Cubano, de Salvador Miranda. Actualmente es el prelado en activo de mayor edad dentro de la COCC. Le sigue en la lista Pedro Meurice Estiú, arzobispo de Santiago de Cuba, de 73 años, considerado la voz más crítica dentro del episcopado nacional.
"Sería una pérdida lamentable (la renuncia canónica de ambos prelados)", advierte Marcelino Miyares, aunque también reconoce que "si la posición la ocupan jóvenes con sangre nueva, también la Iglesia es muy sabia y se renueva de una manera espectacular".
Meurice sufre graves dificultades de salud. A principios de año enfrentó un "problema respiratorio agudo". Luego viajó a Miami para ser atendido clínicamente. Estas incidencias le mantuvieron físicamente alejado de la labor ministerial.
El palio de la arquidiócesis primada
Carceller Ibarra se suma a los que creen que Meurice "no debe marcharse, aunque tenga edad para ello". Una fuente próxima al clero calcula que "no hay nadie parecido a Meurice en la COCC" y será difícil sustituirle.
En 1967, el entonces arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes, con un perfil parecido al de Meurice, presentó su renuncia por razones de edad, pero el Papa Pablo VI no se la aceptó, según recoge el Episcopologio Cubano. Pérez Serantes murió el 18 de abril de 1968 en pleno ejercicio de sus funciones.
Analistas consultados, después de valorar lo complicado que resulta hacer predicciones en este campo "porque la diplomacia vaticana vive el día a día", señalaron que la designación de Juan de Dios Hernández como obispo auxiliar de La Habana podría formar parte de su preparación para asumir el puesto de Meurice en un plazo de dos a cinco años.
"Juan de Dios es un hombre brillante y cauto, pero muy firme; conoce muy bien la arquidiócesis primada de Cuba y podría ser el futuro candidato", señala un experto. Agrega que, en su defecto, también es "muy buen candidato" para sustituir, dentro de seis años, al cardenal Jaime Ortega. Su nombre también se barajaba para suceder a Peña en Holguín.
Otros ven en el "acercamiento a Holguín" del influyente Emilio Aranguren, el paso previo para se le entregue en los próximos años el palio arzobispal de Santiago de Cuba; aunque la idea "no agrada mucho" a los que piden un candidato más agresivo en las relaciones con el régimen.
El ajedrez de los nombramientos episcopales está abierto. Cada movimiento de fichas tiene una significación, más allá de lo eminentemente pastoral. ¿Darán guerra la COCC y el Vaticano designando prelados críticos con el gobierno, o buscarán hacer tablas con Castro?
 

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