El deber de explicar
[21-12-2015 22:00:41]
Alberto Medina Méndez
(www.miscelaneasdecuba.net).- Los que gobiernan no están allí de
casualidad. Han llegado a ocupar esas posiciones porque un número
considerable de individuos los ha respaldado en las urnas, asignándole
la difícil labor de administrar la cosa pública.
No han alcanzado esos puestos contra su propia voluntad. De hecho, se
han postulado para ocuparlos sin que nadie los obligue a ello. Han
conseguido ese espacio al ser electos o indirectamente cuando fueron
convocados por los que realmente contaron con el apoyo de la gente.
Solo tienen que asumir que desde el instante que empiezan a ejercer su
función, dejan de trabajar para ellos mismos. Podrán imprimirle su
impronta a la tarea cotidiana, pero jamás deben olvidar que no les toca
gestionar lo propio sino lo ajeno.
Es por eso, precisamente, que cada decisión significativa debe ser
suficientemente justificada y convenientemente explicada. No es un mero
gesto del funcionario de turno hacerlo, tampoco es solo una cuestión de
educación o sentido común. Es una obligación moral, un verdadero deber.
Desde hace bastante tiempo, la inmensa mayoría de los líderes han
preferido continuar con el equivocado esquema vigente, apelando a la
mezquindad a la hora de informar sobre el contexto de sus decisiones.
Son pocos los que se animan hoy a explicar lo indispensable. Ellos
tienen que optar por algún camino y, por lo tanto, descartar otros. Pero
es imprescindible que aporten claridad sobre como resolvieron el dilema,
explicitando que esperan que ocurra a partir de la determinación asumida.
Ocultar y manipular es uno de los peores hábitos de la política
contemporánea y una demostración empírica de que aun no se ha
comprendido la exacta naturaleza de esta suerte de democracia
representativa que, con matices, se ha transformado casi en universal.
Que los corruptos y delincuentes de siempre lo hagan es abominable y no
sorprende para nada. Pero no menos cierto es que los que están en las
antípodas de esa descripción, también repiten cierta versión adaptada de
esa misma dinámica, aunque con otro estilo y de un modo menos burdo.
Es importante dejar de mirar hacia atrás, aunque es saludable tener
memoria y referencias en el pasado. Pero solo se progresa cuando la meta
a superar es más elevada y se logra eludir la comodidad del conformismo.
Para mejorar en esto no se puede depender solo de la voluntad de los
circunstanciales gobernantes. Sin caer en la generalización, porque las
diferencias son evidentes, es clave entender qué al ejercer el poder, en
ciertos aspectos, lo conceptual sigue indemne, sin sufrir alteración alguna.
Algún extraño e incomprensible mecanismo, convierte a ese político que
en campaña recurría a la cercanía, en ese nuevo personaje distante, que
cree que no tiene sentido justificar cada una de sus decisiones.
Mientras buscaba conseguir votos para acceder al poder se esforzaba por
ser carismático, brindaba largas entrevistas a los medios de
comunicación y se tomaba el tiempo necesario para dialogar con la gente.
Ya en el gobierno, parece olvidar el modo en el que ha logrado ese
lugar, y asume con total naturalidad que no existen motivos suficientes
para estar explicando las razones que lo empujan a tomar ciertas
determinaciones.
La gestión está repleta de responsabilidades y el tiempo es escaso, pero
es vital que el gobernante comprenda que no le hace un favor a la gente
cuando explica porque toma un rumbo y no otro, frente a cada disyuntiva.
Explicar no es una alternativa. No se trata de una posibilidad a
evaluar. Es su deber hacerlo, y bien. Sus "jefes" son los votantes. Por
eso, no solo debe reportarse ante los que lo consideraron el mejor
candidato, sino que también debe hacerlo con aquellos que prefirieron a
otros postulantes.
Es trascendente que el funcionario comprenda que no administra su
patrimonio, sino el de todos los ciudadanos. Por ende, sus resoluciones
deben estar enmarcadas en un proceso de profundo análisis y no plagado
de las típicas improvisaciones con las que se convive a diario.
Son los ciudadanos los que tendrán que hacer el esfuerzo constante de
recordarles cuales son las reglas de juego del sistema representativo.
Los que gobiernan están ahí por una decisión cívica y no por arte de magia.
Lamentablemente el poder obnubila a muchos de los mortales, inclusive a
aquellos que, hasta ayer, parecían distintos. Es un fenómeno demasiado
habitual y casi inevitable. Los que alcanzan el poder tienden a creer,
por momentos, que ahora son intocables, iluminados, seres especiales y,
por lo tanto, personas que no pueden ser cuestionadas.
Por eso importa que todos los individuos asuman su cuota de
responsabilidad para que esto no vuelva a suceder. Habrá que hacerlo no
solo con los más destacados, sino también con cada uno de los
funcionarios, de cualquier jerarquía y jurisdicción.
Ellos deben rendir cuenta siempre. Tienen que aportar información
completa, minuciosa y pormenorizada. Sus decisiones deben contar con una
argumentación sólida, al punto de abundar en detalles.
Nadie espera que acierten siempre, pero sí que asuman el compromiso de
brindar informes a sus mandantes, esos que los han colocado en su
sitial, ya no para que se ufanen del poder del que disponen, sino para
que operen los cambios que la sociedad demanda.
Son solo políticos, hombres y mujeres de carne y hueso, sin supremacía
sobre los demás. Tienen en sus manos infinitas responsabilidades y,
justamente, una de ellas es el deber de explicar.
Source: El deber de explicar - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/567868793a682e1604524fe9#.VnkUtBUrLjY
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