Leonel Alberto Pérez Belette
LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) - La mayoría de la población
cubana manifiesta abiertamente que está obstinada de los temas
políticos. La apatía abarca a los partidarios del régimen, y algunos
estudiosos del tema han comenzado a manejar la terminología de fatiga
política para calificar de alguna forma el fenómeno.
Un antiguo piloto de la fuerza aérea cubana confesó a este reportero que
la sociedad cubana está sufriendo un "reenfoque motivacional".
Ya le cuesta trabajo al régimen convocar a las masas para sus
teatralizadas actividades. Al parecer, están conscientes de la cuestión
y se esfuerzan por cubrir los baches. Durante la celebración del primero
de mayo se hizo notar la poca afluencia de participantes; a pesar de que
la propaganda gubernamental afirmó lo contrario.
Basta con examinar los videos de la televisión cubana transmitidos en
años anteriores para notar que el faltante fue disimulado por amplias
superficies de banderolas, pancartas y toda clase de propaganda y tomas
más cerradas. Una buena parte de las banderas que se veían en el lugar,
y cuyas imágenes aparecieron en los canales de televisión, eran de
naciones como Palestina, portadas por becarios extranjeros.
El desfile se infló con estudiantes de preuniversitarios y tecnológicos
en el campo, militares, personal de otras provincias, o localidades
distantes y trabajadores de entidades específicas del régimen, además de
un altísimo número de extranjeros.
No faltaron comunistas honestos en la plaza, o personas que asistieron
espontáneamente, pero la realidad fue que el principal entusiasmo se
hizo notar entre los extranjeros que estudian en las escuelas y
universidades de de la Isla, y que casi nada tienen que ver con los
obreros y el campesinado cubano. Para movilizar al personal asistente,
las autoridades paralizaron el trasporte terrestre del país y lo
pusieron a disposición del acto.
A los organizadores les fue difícil aglutinar de un día para otro el
coro que debía amenizar la actividad, pues muchos integrantes adujeron
problemas personales y no asistieron. Cómo paliativo se usaron los
altavoces y la cúspide del ambiente carnavalesco llegó cuando a algún
comisario cultural se le ocurrió la desatinada idea de que el pueblo
marchara al compas de la música de circo, interpretada por una banda.
Pero muchas personas de todas las edades miran al futuro pensando en la
reunificación familiar, en la posibilidad de abandonar la nación o
nacionalizarse bajo la bandera de otro Estado que les abra sus puertas.
Hasta el simple hecho de que el Presidente Obama sea un mulato, ha
contribuido significativamente a este giro en la empatía popular. No es
algo superfluo este juicio mayoritario.
Dos horas después de terminado el desfile la policía se dedicó a
hostigar a los propios obreros. A un individuo le fue requisada su
mochila en plena vía pública y luego fue llevado a una unidad policial;
la razón: ser negro y llevar un bolso con él. Esta conducta represiva no
ha cesado, a pesar de que Cuba es un país donde casi todos los
ciudadanos se ven obligados a transgredir, directa o indirectamente las
leyes, con el único propósito de sobrevivir.
No en balde en Cuba suenan más Daddy Yankee y Virulo (humorista
residente en el exterior) que Raúl Castro y sus compinches.
Cuba: Los viejos del barrio (11 May 2009)
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