Wednesday, December 10, 2008

MEDIO SIGLO DE LAS ÚLTIMAS ELECCIONES PLURALES EN CUBA

MEDIO SIGLO DE LAS ÚLTIMAS ELECCIONES PLURALES EN CUBA
2008-12-10.
Pedro Corzo, Escritor, Editor y Periodista

(www.miscelaneasdecuba.net).- Diciembre de 2008.-
El 3 de noviembre de 1958, se efectuaron en Cuba las últimas elecciones
pluripartidistas de su historia. Cincuenta años.

El general Fulgencio Batista y Zaldivar, quien había interrumpido el
ritmo constitucional de la República con un golpe militar el 10 de marzo
de 1952, intentó legitimar su mandato convocando a unas elecciones para
el primero de noviembre de 1954, pero su esfuerzo fracasó por la
abstención de sus rivales políticos, en particular, del ex presidente
Ramón Grau San Martín, quien planteó que las autoridades practicaban el
acoso y persecución de sus partidarios.

Por su parte el Partido Ortodoxo, del difunto Eduardo Chivas, siempre
rechazó participar en unos comicios que descalificaba porque quien los
convocaba había sido el autor del golpe militar.

Batista fue electo por el retraimiento electoral y tras su toma de
posesión, el 24 de febrero de 1955, restableció la Constitución que
previamente había violado y otorgó amnistía a los prisioneros políticos;
entre ellos a Fidel Castro, que se exilió primero en Estados Unidos y
después partió para México.

El general golpista trató de consolidar su régimen instituyendo un
programa de desarrollo económico que, junto con la estabilización del
precio mundial del azúcar, mejoró la economía y la situación
socio-económica de Cuba, sin que esto signifique que en el país no
existieran graves problemas sociales y que un amplio sector,
particularmente el rural, enfrentara serios problemas de subsistencia.

La oposición cubana al régimen de Batista era plural en métodos e
ideologías, pero un amplio sector de la oposición y de la ciudadanía no
olvidaba el origen violento de su gobierno y decidieron derrocarlo con
similares métodos de fuerza, a los que el sargento taquígrafo del cuatro
de septiembre de 1933 había usado.

Una parcela de la oposición, incluyendo algunos que previamente
participaron en actos violentos, cambiaron de estrategias e impulsaron
soluciones electorales, que eran respaldadas públicamente por ciertos
sectores económicos y un amplio espectro de la sociedad civil, aunque en
honor a la verdad una parte considerable de éstos actuaban
hipócritamente, porque respaldaban económica y moralmente a los
insurgentes cuando fingían estar a favor de una solución no violenta.

Por otra parte todo parece indicar que Fulgencio Batista, al igual que
Fidel Castro, era partidario de la tesis de la confrontación, porque
directa o indirectamente permitió que esfuerzos sinceros para buscar una
solución negociada del conflicto fracasaran.

Por ejemplo, el asesinato del doctor Pelayo Cuervo Navarro, presidente
del Partido Ortodoxo, el 13 de marzo de 1957, el mismo día del ataque al
Palacio Presidencial, fue un factor determinante para que dirigentes
políticos que se inclinaban con reservas hacia una solución electoral se
radicalizaran y optaran, a pesar de las diferencias que podían tener con
los caudillos de la insurrección, particularmente Fidel Castro, por la
lucha armada.

Cuando el gobierno de Batista convocó a elecciones para el 3 de
noviembre de 1958, aunque había fracasado la Huelga del 9 de Abril por
falta de apoyo popular, la situación del país era muy compleja. Fidel
Castro se había fortalecido militarmente en la provincia de Oriente y
Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos, en una operación sobredimensionada
por la propaganda se encontraban en Las Villas, donde también operaban
importantes grupos insurrectos como el Segundo Frente Nacional del
Escambray que comandaba Eloy Gutiérrez Menoyo y el Directorio
Revolucionario 13 de Marzo, que dirigía Faure Chomont.

Por otra parte existía un poderos movimiento clandestino diseminado por
todo el país, que estaba en capacidad de entorpecer el sufragio en las
zonas urbanas y rurales donde no operaban los insurgentes. Eran tiempos
de bombas, atentados, tiroteos imprevistos y arrestos que podían derivar
en asesinatos cuyos culpable nunca eran condenados. Fueron elecciones
que no solo demandaban confianza en el que citaba, el gobierno, porque
también exigían un valor y espíritu cívico de particular relevancia.

La convocatoria a elecciones tuvo varias respuestas por parte de la
oposición legal.

Una facción fue partidaria de la abstención porque consideró que el
régimen no ofrecía garantías para una campaña electoral y dudaba de su
imparcialidad ante los resultados. Manuel Bisbé, uno de los líderes del
Partido Ortodoxo, declaró que se abstendría hasta que existiesen
condiciones mínimas para el ejercicio de la verdadera democracia.

Para los opositores y dirigentes políticos que compartían la visión de
Bisbé, los comicios convocados sin amplias garantías constitucionales y
sin una autentica libertad de prensa estaban condenados al fracaso. La
maquinaria electoral montada por el régimen tampoco ofrecía confianza y
el respeto a los derechos civiles por parte de las autoridades, distaba
mucho de los de una sociedad tolerante, respetuosa de las diferencias.

La vertiente electoral asumía las elecciones como la solución del
conflicto nacional que habría de impedir que la poderosa y extendida
insurrección tomara el control de la Republica y destruyera por
completo, como ocurrió, todo el tejido de la sociedad civil nacional,
favoreciendo así el establecimiento de la dictadura mas cruenta y
absoluta en la historia del país.

Esta era la opinión del doctor Carlos Márquez Sterling, quien prometía
de salir electo, celebrar elecciones presidenciales en dos años, a la
vez que aseguraba que no se presentaría como candidato y que podrían
participar con todas las garantías, los grupos insurrectos si se
organizaban como partidos políticos.

Los candidatos de aquellos comicios fueron: Andrés Rivero Agüero y
Gastón Godoy por la Coalición Progresista Nacional que integraban los
Partido Acción Progresista, Partido Liberal, Partido Demócrata y Partido
Unión Radical, todos afines al gobierno de Batista; Ramón Grau San
Martín y Antonio Lancís por el Partido Revolucionario Cubano
(Auténtico); Alberto Salas Amaro y Miguel Ángel Céspedes por el Partido
de Unión Cubana y Carlos Márquez Sterling y Rodolfo Méndez por el
Partido del Pueblo Libre.

La reacción de Fidel Castro, fue contraria a la convocatoria electoral y
dictó un decreto que condenaba a muerte a quienes concurriesen a las
urnas, a la vez que afirmaba que sus partidarios atacarían a tiros los
colegios electorales y en consecuencia a los potenciales votantes.
Castro rechazó siempre los comicios no por el hecho que estos se
efectuaran en un ambiente contrario a las libertades publicas, sino
porque como afirmaba Márquez Sterling, el caudillo buscaba destruir la
sociedad para construir sobre sus restos un nuevo régimen a la medida de
sus ambiciones.

Por su parte Fulgencio Batista solo estaba montando la escena final de
la tragedia. Había convocado a elecciones decidido a no respetar los
resultados, una práctica similar a las que desarrollaban en sus
respectivos países, Rafael Leonidas Trujillo, Santo Domingo y Anastasio
Somoza, en Nicaragua. Uno de sus colaboradores, José Suárez Núñez, lo
acusó cinco años después de haber manipulado la votación, de engañar y
defraudar la confianza de los candidatos y del pueblo que participó en
el sufragio.

Batista, gracias al edicto electoral, dispuesto por las leyes de la
República, tuvo la oportunidad de ofrecer unos comicios legítimos que
hubieran obligado a Fidel Castro y otros contaminados por el
"revolucionarismo", a desconocer la victoria de un candidato de la
oposición elegido por el pueblo, si seguían combatiendo un régimen que
en solo tres meses dejaría el poder.

Cierto que la participación electoral había sido reducida, tengamos
presente que en las provincias de Oriente y Las Villas tenían lugar
frecuentes escaramuzas, pero el ganador habría tenido la legitimidad que
inhabilitan los resultados que se obtienen por la violencia.

Su acto final, Batista, a pesar de la inseguridad que reinaba en el
país, fue que en 24 horas hizo público el triunfo del candidato oficial,
y el 3 de diciembre el Consejo de Ministros aprobó una Ley de
Convalidación Electoral que ponía fin a todo lo relacionado con el
proceso comicial porque entendían que "los términos correspondientes a
los recursos que pudiesen establecer demorarían indefinidamente el
proceso electoral".

Batista le atribuyó la victoria al doctor Andrés Rivero Agüero, una
persona respetable y cuyo hermano, Nicolás Rivero Agüero, Jefe de
Personal de la Casa Bacardí, había sido asesinado el primero de julio
del año de los comicios por orden directa de Fidel Castro. El atentado
se cometió en la puerta de la casa de Nicolás, resultando herida en un
brazo su esposa Delia.

La decisión de las autoridades fue rechazada enérgicamente por el ex
presidente doctor, Ramón Grau San Martín y otros aspirantes. El fraude
resultó en una aguda radicalización de los sectores de la sociedad que
no estaban a favor de la insurrección y que habían sido partidarios
hasta ese momento de soluciones no violentas. Manipular los votos,
frustró las pocas esperanzas de una transición no violenta, que todavía
consideraban posible algunos sectores de la sociedad nacional.

Es de suponer que como Jefe de Gobierno, Batista estaba al tanto de la
profunda crisis que afectaba a su régimen. La insurrección estaba
presente, aunque con variada intensidad, en toda la isla. Destacados
oficiales habían estado negociando con Castro y un número considerable
de los jefes de tropas, sin llegar a negociar con el enemigo, evitaban
los enfrentamientos bélicos.

Un amplio sector de la población respaldaba la insurrección y un número
mayor repudiaba la administración. La prensa, cada vez que la censura
era suspendida, criticaba al gobierno fuertemente. Los sectores
poderosos de la economía contribuían generosamente a las arcas de los
grupos irregulares y la mayoría de las organizaciones de la sociedad
civil, incluyendo la iglesia, estaban a favor del fin del régimen.

Por todo lo anterior es difícil entender que impulsó a Batista a
manipular las elecciones, sino estaba dispuesto a sostener el gobierno
hasta el 24 de febrero de 1959, día en el que debería tomas posesión
Andrés Rivero Agüero. El pudo haber dejado que un candidato de la
oposición, cualquiera que fuese, se alzase con el triunfo, pudo haber
repetido el gesto de los comicios de 1944, cuando entregó la banda
presidencia a su viejo rival, Ramón Grau San Martín.

Fulgencio Batista, primero con el golpe militar y las espurias
elecciones de 1958, colocó la alfombra roja para que los frustrados
revolucionarios de 1933, los sectores políticos desplazados por los
sucesos de marzo del 52 y en particular Fidel Castro, iniciaran el
aquelarre de 1959, el primer año del fin de la República.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=18438

No comments: