Tuesday, May 22, 2007

Viento de cuaresma

SOCIEDAD
Viento de cuaresma

Rafael Ferro Salas, Abdala Press

PINAR DEL RÍO, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - El viento movía los
almendros a orillas del camino. Un hombre venía a caballo y nos hicimos
a un lado para darle paso. Llegamos al lugar donde tienen albergada a la
gente, a media mañana. Antiguamente era el hospital siquiátrico de la
localidad.

Desde la carretera que está al otro lado del camino se podía ver a los
enfermos caminar por el inmenso patio del sanatorio. Ahora el panorama
es bien distinto. Ya no hay enfermos ahí. Cuando pasó el último huracán
por la provincia el hospital fue transformado en albergue para las
familias que perdieron sus viviendas.

El día de nuestra visita había poca gente en el sitio. La mayoría estaba
en sus trabajos. Conversamos con dos mujeres que lavaban. Una era negra,
de complexión fuerte. La otra era blanca y parecía mucho más delgada al
lado de su compañera.

-¿Tienen cigarros? -preguntó la mujer negra. La otra sonrió algo
apenada. Mi amigo respondió afirmativamente y sacó dos de la cajetilla.
Yo me encargué del fuego. Pensé que era un buen comienzo para iniciar el
diálogo.

-Estamos albergadas desde hace cuatro años. Yo vine para acá embarazada
y ahora mi hijo tiene esos años que llevamos aquí -dijo la mujer blanca
y pequeña. Su amiga fumaba y afirmaba con la cabeza lo que decía la otra.

Una ráfaga de aire levantó un remolino en medio del patio. La ropa
tendida se estremeció a lo largo de la improvisada cuerda de la que
colgaba. La mujer que habló se llevó las manos al pecho y suspiró sonriendo.

-Nos asustamos nada más que sentimos un poco de viento. Es como si el
mismo viento nos tuviera condenadas a esto que estamos pasando en este
lugar. Aquí vivimos como animales y las autoridades ya ni nos visitan
para darnos esperanzas aunque sea.

Miré el lugar y entendí su desconcierto. Las instalaciones que
anteriormente servían de locales para consultas y dormitorios del
hospital estaban convertidas ahora en cuartos donde vivían los
albergados con sus familias.

-A nosotros nos tienen aquí como si fuéramos algo aparte del resto de la
población. No tenemos ni con qué cocinar. Muchos han decidido coger las
tablas de las ventanas de sus cuartos como leña para preparar sus
alimentos. Cuando llueve esto es un infierno. Ahora pasamos aquí los
ciclones. Es como si estuviéramos condenados de por vida a vivir en este
albergue.

-Eso que dice Mercedes es la pura verdad. A veces falta el agua aquí y
cuando llega la gente se mata para recogerla. Es la ley del más fuerte
-expresa la mujer negra.

En toda la provincia hay un total de cuatro albergues de este tipo para
los damnificados de los ciclones. Las personas que viven en sitios
vulnerables a los vientos y las lluvias de estos fenómenos pasan el año
entero en una verdadera zozobra. El temor está justificado, nadie quiere
venir a parar con su familia a un lugar de hacinamiento como este.

Hasta el momento, las autoridades de la localidad no han dado respuesta
a las necesidades de estas personas. Perdieron sus casas y al parecer,
por un tiempo indefinido, están obligadas a cargar la mala suerte de los
albergados. Cada ráfaga de viento o lluvia les quita el sueño y también
les va arrebatando lo que les queda de ánimo.

Cuando salimos de allí, mi amigo decidió dejar a las mujeres la caja de
cigarros. Nos sentimos apenados por todos los que están allí. Durante el
trayecto de regreso apenas hablamos mi amigo y yo. Nos limitamos
simplemente a mirar cómo el viento de cuaresma sacudía los almendros del
camino.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/may07/22a5.htm

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