2007-05-21.
Asdrúbal Caner Camejo
"El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el
razonamiento". Aristóteles
Los dictadores fascistas, sean de la izquierda o la derecha, odian el
arte y el razonamiento. Cuando oyen hablar de esas fragancias
espirituales del ser humano, sacan sus pistolas y encienden las fogatas.
No podía ser de otra forma con Fidel Castro. Dos son las virtudes que
hacen delirar a los dictadores fascistas: la lealtad y la sumisión.
Les gusta pasearse con los eruditos, pensadores y escritores ….que le
sean fieles. Es una forma de ocultar su complejo de inferioridad. Y
desde luego, ganar notoridad entre la crema del intelecto.
Pero, odian con fuerza telúrica, a los que no se dejan seducir por la
irracionalidad de sus proyectos y conductas. Para esos, sin que les
tiemble el pulso, el destierro, la cárcel o la muerte.
Fidel Castro ha provocado uno de los más voraces éxodos de artistas e
intelectuales, que recoge la historia contemporánea. Ni Hitler, ni
Mussolini, ni Stalin, ni Franco, extirparon de sus países a tanta
inteligencia, sabiduría y arte. Si se exceptúa, en la antigüedad, a los
Reyes de España en 1492 –que expulsaron a cientos de miles de
científicos, artistas e intelectuales judíos y musulmanes– no hay otro
dictador en la modernidad, que haya destrozado, a una de las mayores
inversiones de capital humano que ha tenido un país, como lo ha hecho el
Dictador contra el pueblo de Cuba.
Esos poetas, escritores, músicos y artistas que aún viven en Cuba, viven
la soledad de la inteligencia. No la pueden mostrar en toda su plenitud
y esplendor. Viven en un exilio virtual. En la isla, le llaman el inxilio.
En el destierro, la soledad de la inteligencia, es una flor sin las
primaveras y el salitre de su isla maravillosa. Es una inteligencia
libre, abierta, heterodoxa, pero sin los perfumes de la guayaba y la
melaza de la caña.
Pero es libre. Libre como los pájaros peregrinos, que van y vienen. No
necesitan pasaportes ni permisos para decir sus verdades. Para estar a
favor o en contra. Y escriben, escriben sus amores y sus rabias. De sus
dolores y angustias. De sus recuerdos de la infancia y sus nostalgias.
Les cantan a sus raíces y a la tierra nueva en que viven.
La inteligencia desterrada –además de su eterna nostalgia– ha encontrado
la espada y la lámpara para seguir luchando: son su voluntad y la luz
para continuar viviendo.
Yo sigo escribiendo. Cada mañana, renazco y escribo. No sólo política o
economía. Escribo poemas, como este que les dejo, entre la filosofía y
la rabia.
Isla, polvo de la rabia
Yo escribo sobre mi espalda
poblada de innombrables dolores
Escribo
sobre mis manos pedregosas
y sus dedos solitarios
y malditos
Escribo sobre mis pies
mis pies que perdieron el camino
mis pies que se arrastran
con cadenas por el fango
por el hambre
por las llamas
Escribo libertad sobre mis uñas
mis uñas llenas de nubes
y hongos
mis uñas llenas de lágrimas
mis uñas sin amores
mis uñas viudas
mis uñas sin encantos
Escribo palabras sin sentido
sobre
mis huesos descarnados
y cansados
y escribo
escribo
sin ver el final
Hablo de vaguedades
de cosas sin importancia
de una isla
que se quema
como una caña sola
como una caña sola
Me gusta escribir
sobre mis huesos
filosóficas
insustancialidades
sobre los seres que pasan
que huyen
que vuelan
que se esfuman
como las tormentas
polvorientas del desierto
Escribo sobre mi piel
sin color
la existencia inexistente
de los perdedores
de los millones de transeúntes
cuyos rostros han sido borrados
por el peor de los desamores
la indiferencia
Me gusta escribir sobre mi espalda
mis manos, mis uñas,
mis huesos
mi piel
palabras sin sentido
insustanciales
vacias
que se irán en los fragmentos
de mi cuerpo
en las cenizas del desastre
y el polvo de la indiferencia
sin que nadie se entere
y grite
y aulle
isla, fragmentos
de la nada
la rabia
la rabia infinita.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=10186
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