Tuesday, May 22, 2007

EL CATAMARÁN

EL CATAMARÁN
2007-05-22.
Shelyn Rojas, Periodista Independiente

21 de mayo de 2007. La Habana.– Luis, en el año 2004, llevaba el record
de cuatro intentos de salida del país. El desespero por abandonar la
isla no lo dejaba pensar en otra cosa que no fuera cómo conseguirlo.

Era un experto en las corrientes marítimas. La principal causa de sus
desventuras era la falta de presupuesto para construir la embarcación.
En el mes de julio de ese año, unos amigos le propusieron construir un
catamarán.

La ventaja de un catamarán era la gran ligereza para desplazarse y la
estabilidad en el mar. Ellos podían hacer uno, no sería tan difícil ni
llevaría muchos gastos.

El diseño era único, autentico. Su plataforma, de cinco metros de largo
por dos y medios de ancho, forrada de madera. Los laterales, de metro y
medio de altura, también de madera, cubiertos con malla de cerca
peerless y rellenos con alrededor de tres mil pomos plásticos de dos
litros de capacidad, bien tapados, para auxiliar en el flotamiento. Era
lo que necesitaban. Las velas ya estaban diseñadas. Cuatro remos y un
motor eran suficientes para la travesía de los siete amigos.

Los pomos plásticos fue lo que demoró el terminado de la embarcación.
Eran recogidos de los latones de basura ubicados en las esquinas de las
cuadras y en las cafeterías. En tres meses, el catamarán estuvo listo.

Un amigo del barrio les prestó el camión para trasladarlo a la playa de
Guanabo. En la noche del día previsto hubo un torrencial aguacero, pero
no querían esperar más. A las once de la noche salió el catamarán, era
el rey del mar. Se deslizaba con la ayuda de la brisa y los remos. No
les fue difícil salir mar afuera.

Pero sucedió lo inprevisto. Se rompió el remo derecho trasero y la
argolla del remo izquierdo delantero. El catamarán comenzó a bambolear
por las olas. Probaron el motor. No arrancó, a pesar de varios intentos

Luis y sus amigos se asustaron. No alcanzaron las corrientes marítimas
que les ayudaría llegar a aguas internacionales y a la Florida, como
habían calculado. Regresaron y dejaron el catamarán en la orilla de la
playa de Guanabo. Eran aproximadamente las dos de la madrugada.

Por el camino de regreso a la casa, se separaron para disminuir las
posibilidades de ser detenidos por la policía.

Enriquito se fue con Luis. En la carretera, cuando ya se creían fuera de
peligro, un policía les fue al encuentro y les preguntó qué hacían a esa
hora en la playa. Luis le respondió que venían de una fiesta.

Cuando el policía les entregaba sus carnés de identificación para que se
marcharan, se apareció un carro patrullero que estaba de recorrido
buscando a los dueños del catamarán y otra embarcación que también había
regresado de alta mar.

Los cabellos y las camisas de Luis y Enriquito ya estaban secos. El
patrullero les exprimió los pantalones y sacó agua. Fueron detenidos y
revisados. En ese momento, a Luis, los nervios le dieron por decirle a
los policías que su amigo lo iba a enseñar a nadar.

Cuando revisaron a Enriquito, le hallaron en uno de los bolsillos una
bujía del motor. Fue entonces que el policía le preguntó qué si la bujía
era para ponérsela en las nalgas a su amigo para que cogiera velocidad
cuando aprendiera a nadar.

Fueron trasladados para el sector de la Policía Nacional Revolucionaria
(PNR). El jefe de los guardafronteras, al ver a Luis, exclamó con
asombro: –¡Pero tu, otra vez aquí! –Luis no sabía que decir. Miraba a
sus amigos que ya estaban detenidos y aguantaba la risa. Cuando
amaneció, fueron liberados.

Luis no pierde las esperanzas de otro intento de escapar. Otro catamarán
será fácil de construir. El único trabajo será conseguir tantos pomos
otra vez. Y en vez de cuatro remos llevar dos más de repuesto, y que las
argollas estén más seguras, para poder llegar a su sueño de libertad.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=10199

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