Documentación fotográfica del tiempo mítico en Cuba
ADRIANA HERRERA T.
Especial/El Nuevo Herald
Cruzar la puerta del Centro Cultural Español de Miami equivale a
adentrarse en el universo alucinado de las creencias mágico-religiosas
de la Cuba de hoy, aferrada a lo intangible. La exposición Plegarias
para santos y orishas, curada por el fotógrafo e historiador de arte
Guillermo Castellanos, con la asistencia de la galerista Silvia
Dorfsman, permite descubrir que el tiempo histórico se ha detenido para
los participantes en las ceremonias sagradas.
Los cubanos Gonzalo González, Humberto Mayol y Raúl Cañibano presentan
tres series fotográficas que exploran la ritualidad católica, el
universo santero y el sincretismo de raíces hispano-africanas presentes
en los cultos religiosos de la Cuba actual.
En una de las imágenes de la serie de Mayol, Los Santos de la calle se
observa un babalawo que escupe aguardiente --tabaco en mano-- sobre el
rostro de una niña. La luz detrás del babalawo es tan violenta que
desvanece los íconos multiplicados en la pared. Con los ojos cerrados y
una expresión de beatitud ella recibe la aspersión.
También tiene los ojos cerrados, en trance, otro hombre que Mayol pudo
fotografiar durante un toque de tambores, gracias a que, como le contó
al curador Castellanos, había entrado, ``de la mano de Tata O'Farril, un
negro congo de más de 90 años, respetado palero y santero, con cientos
de ahijados diseminados en todo el país''.
Lo que sus ojos capturaron, según le dijo, ''en cuartos de Ngangas;
ceremonias y sacrificios'', pertenece al dominio oculto de Los Santos de
la Calle que vinieron a América en naves atestadas de esclavos
africanos, y que sobrevivieron en las plantaciones con altares ocultos
en las chozas. En las fotos de hoy se ven las mismas imágenes, como
entonces, en otros altares a ras del suelo, con sus pedazos de troncos y
de hierbas secas, con efigies de madera o de barro, y a veces con
bestias dispuestas al sacrificio o el fuego de las velas. Gonzálo
González capta en su serie Plegarias cubanas el rastro de los dioses del
cielo que vinieron con la cruz y la espada. Una niña negra se separó de
la procesión para mirar su cámara de frente. El lente la capta justo en
el instante en que el sol atraviesa en contraluz su corona y le inunda
de rayos el rostro y el manojo de flores en la mano. Se asemeja entonces
a la Caridad del Cobre que González ha seguido por las calles mientras
la cargan en andas gentes que se llenan el pecho de imágenes sacras. En
esos escenarios de los santos católicos en procesiones por la calle ha
sido testigo de incontables escenas y también ha visto otras imágenes
que hablan de la experiencia religiosa en la isla. Captó, por ejemplo,
el instante en que una monja joven le daba la hostia a un niño por entre
los huecos de una reja. En las fotos de Plegarias cubanas, como
Castellanos comenta, González ''recompone no sólo las claves de la
ritualidad como expresión popular, sino también el marcado sentido
escénico del acontecimiento, su confesa teatralidad...'' Según explica,
''la complicidad del retratado devela esa peculiar predisposición del
habanero a la pose y a la actuación''. Lo que Raúl Cañibano vio andando
por esa tierra es una rara mezcla de Los Santos de la Calle y de los del
cielo: en lugar de pies que danzan frenéticos para complacer a los
orishas, siguió el rastro de los pies amarrados con cadenas, de hombres
que se arrastran por las calles con la mansa obediencia de los pagadores
de promesas que están en la serie Fe por San Lázaro, dedicada al santo
mendigo que concede favores, pero es implacable con quienes lo
defraudan. Ante el registro surreal de las procesiones a la Ermita del
Rincón, Castellanos advierte que si la figura del poderoso llagado es
''la hipérbole misma del sincretismo religioso en Cuba'', el fotógrafo
capta ''la focalización exacta de ese punto'' ... ''una zona donde los
modelos europeos se disuelven y mezclan en infinitos matices bajo el
influjo de la improvisación popular''. Pero además, las imágenes de
Cañibano --cargadas de la tensión del instante-- espolean la narrativa
del espectador obligándolo a especular en lo que pasó antes y después, a
tratar de resolver la escena. Las imágenes delirantes de la exposición
revelan lo que estos tres fotógrafos residentes en la isla han visto y
registrado dentro de un género que es indiscutiblemente documental. Lo
que esas fotografías intentan tocar es invisible, una zona cargada de
símbolos. Su poder no está en el registro descriptivo objetivo, sino en
que sitúan al observador ante una experiencia límite, sostenida por el
universo interno y por el rito colectivo de los participantes en las
ceremonias.
Plegarias para santos y orishas es un testimonio visual contundente
sobre la ritualidad de las creencias religiosas de la Cuba actual .
Castellanos precisa que, desvanecida la fic-
ción de las fotos heroicas de los años 60, de la exaltación de los
trabajadores de las zafras de los años 70, y superado el peligro de la
imagen documental que languidece en el espacio de la propaganda social,
el género resurge aquí transformado por su contenido simbólico. Las 40
fotos en blanco y negro reproducen la intensa experiencia de los ritos
colectivos religiosos en Cuba y el lugar del tiempo mítico en la vida
cotidiana.•
adrianaherrerat@aol.com
'Plegarias para santos y orishas'. Centro Cultural Español. 800 S
Douglas Rd. Suite 170. (305) 448-9677. Hasta el 29 de junio.
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