Monday, May 21, 2007

Día de las Madres, sin vino ni rosas

SOCIEDAD
Día de las Madres, sin vino ni rosas

Rafael Ferro Salas- Abdala Press

PINAR DEL RIO, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - El pasado día 13, segundo
domingo de mayo, se celebró, como cada año en Cuba, el Día de las
Madres. Salimos mi hermano y yo con la idea de comprar algún regalo para
las madres en nuestra familia. Estuvimos por espacio de dos o tres horas
recorriendo la calle principal de esta ciudad. Nada de lo que vimos nos
sorprendió: escasez total de ofertas para este día tan señalado.

Intento ser más específico: escasez total de ofertas de regalos en
moneda nacional. Pero en las tiendas donde se vende en divisas, el
panorama era bien diferente. Estaban como casi siempre, muchos turistas
extranjeros, y algún que otro residente en la isla comprando o
simplemente observando las muestras.

Mi hermano y yo tuvimos la osadía de entrar a algunos de esos
establecimientos, pero sacando cuenta al final, nos percatamos de algo
que no deja de ser lógico: para pagar el precio de alguno de esos
regalos, tendríamos que privarnos de comer todo el resto del mes
nosotros y nuestra progenitora; cuenta clara para un cubano de hoy en día.

-"Podemos llegarnos al lugar donde venden flores por moneda nacional,
tal vez hoy tengan buenas ofertas", le dije.

Me refería a un sitio que hay en las afueras de la ciudad. Un día las
autoridades del gobierno provincial lo prepararon para la venta de
flores a la población. En primavera se ven hermosas desde la carretera,
pero casi nunca hay a la venta. Cada cosecha tiene como destinatarios
las tiendas, hoteles y otros sitios frecuentados solamente por turistas
extranjeros.

-"Sí, a lo mejor tenemos mejor suerte. Mañana es día de las madres y
quizás decidieron vender algo para los que estamos todavía en Cuba",
agregó mi hermano.

Cuando llegamos al lugar tuve la mala sensación del desconcierto. Varios
autos alquilados por turistas estaban aparcados. Las flores más lindas
de todo el año se exhibían en el mostrador. Los extranjeros hacían sus
compras, también las hacían algunos cubanos. Finalmente llegó nuestro turno.

Hicimos nuestra solicitud y para sorpresa nuestra el dependiente se
dirigió a otro local con el propósito de traer nuestro pedido. Lo vimos
llegar con sendos ramos de rosas. "Estas son las que nos quedan", nos
dijo. Miré a mi hermano sin hablar nada. "¿Esas son las que hay para
nosotros, compañero?, indagó al dependiente una señora que estaba en la
fila detrás de nosotros. Sin darle tiempo al hombre para responder,
agregó: ¿Por qué no nos venden de estas bonitas que hay aquí?

El dependiente se limitó a mirar los dos ramos de flores marchitas que
nos traía y respondió algo insatisfecho: "Señora, yo cumplo
orientaciones. Estas flores que traigo son las que están a la venta por
moneda nacional, las otras son por divisa. Nadie está obligado a comprar
las que no le guste".

El hombre terminó de dar su respuesta. Casi todos los que estaban en la
fila se marcharon sin decir nada; vencidos, derrotados y llenos de
impotencia ante lo inevitable de la humillación.

"Ustedes nunca han vendido flores aquí por dólares, señor", le dije al
dependiente. El sujeto sonrió con malicia y me respondió: "Mañana es un
día especial, compadre… es día de las madres ¿usted no lo sabe?

El dependiente era un tipo gordo y de bigotes. Mordía lo que le iba
quedando de un cabo de tabaco y sudaba a borbotones. Le hice un gesto de
rechazo señalándole para las flores que me estaba mostrando y se alejó
hacia el lugar de donde las había traído.

Más tarde, mi hermano y yo hicimos un último intento. Recordamos que al
otro lado de la ciudad hay un señor que se dedica a la venta de vino
casero. Llegamos y un vecino nos dio la última mala nueva: Dos días
antes la policía registró la vivienda del expendedor de vinos y el pobre
hombre estaba detenido en espera de ser enjuiciado.

No averiguamos más. Llegando a la casa de nuestra madre mi hermano
reflexionó, intentando quizás darme algo de ánimo ante tantos
inconvenientes de ese día: "Mañana se nos ocurrirá algo. Al fin y al
cabo hay quienes tendrán un día de las madres más triste".

Nos detuvimos al llegar a un cruce de calles. Mi hermano saludó a un
conocido suyo que pasaba y después volvió a decirme: "Piensa en las
madres de los que están presos. Piensa en los presos que perdieron a sus
madres".

Me despedí de mi hermano, pero no salían de mi cabeza sus últimas
palabras. Al otro día será el Día de las Madres, cierto. Los presos
políticos cubanos seguirán en sus celdas y quizás algunas madres, con
algo de suerte, podrán visitarlos. Otras no tendrán ese derecho. Muchos
presos políticos cubanos sufren la ausencia de sus madres muertas; será
un domingo doblemente triste para ellos, padeciendo también la terrible
orfandad de la libertad.

Vendrán otros días de las madres, y llegarán otros inviernos seguidos de
nuevas primaveras. Los presos políticos cubanos seguirán -nadie sabe por
cuánto tiempo- en sus celdas, pero lo que nadie podrá evitar es el
derecho que tendrán un día a sus primaveras. Las madres de ellos
disfrutarán definitivamente sus mayos con domingos.

Por el momento sólo nos queda olvidar, con estoicismo, que este año lo
cubanos tuvimos otro triste Día de las Madres; para muchos sin vino ni
rosas, aunque cargado de esperanzas para todos.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/may07/21a7.htm

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