2007-03-20.
El hecho de plantear un Proyecto que cuestione el arquetipo del régimen
totalitario utilizando la Constitución como instrumento para llegar a la
antitesis del totalitarismo, es cuando menos admirable. Un contrasentido
sería apurar el procedimiento, querer acceder al fin sin antes agotar
las posibilidades que ofrece el mismo instrumento del Estado.
Allí donde la Carta Magna permitió introducir una petición disonante al
molde tradicional del sistema, se introdujo. El artículo 88, inciso g
permitía hacer un referéndum, pues con que 10 000 firmas de ciudadanos
con derecho al voto lo requiriesen, era procedente. Lo que vino enseñó
con mayor claridad la maquiavélica y pragmática postura del gobierno.
Fidel Castro convocó en sección extraordinaria al Parlamento, los 559
diputadillos participantes aprobaron por unanimidad invalidar cualquier
empeño democrático. Por otro lado, la iniciativa de Payá estaba ahíta de
contradicciones, las que a lo largo del tiempo han ido mermando, sin que
hoy se pueda decir que el pliego esté exento de grandes subterfugios.
Eso ha permitido que aunque el Proyecto Varela esté respaldado por
cientos de cubanos dentro de las islas, tiene y es preciso decirlo,
sólidos detractores allende y aquende los mares. No obstante cualquier
análisis que no tome en consideración el momento histórico,
circunstancias y condiciones en que se elaboró el documento y salio a la
luz publica, creo yo, llegará a conclusiones equivocadas.
Dentro de un sistema totalitario el cúmulo de obstáculos que intervienen
ante cualquier pronunciamiento de apertura o inclinación hacia la
democracia son considerables. Afectar los intereses oficialistas es por
antonomasia entregarse a un largo y tortuoso proceso inquisitorial, es
padecer irremediablemente los abruptos enconos del Leviatán.
En estos casos no hay conjunto o singularidad que viva una sosegada y
apacible existencia. Son ascendentes y connotativos los extremos en
pugna: la democracia frente a la intolerancia, la apertura frente el
inmovilismo, la racionalidad frente a la jerarquía irracional del
absoluto o la ligazón y lo inútil. Nada nuevo.
Uno de los puntos negros del Proyecto Varela, estriba en la solitaria
propuesta para la transición, UNA, sin más, y eso es inaceptable, pues
anula cualquier idea u opción alternativa. Aunque el Proyecto mismo
pretende ser una apertura hacia la democracia posee gérmenes
antidemocráticos. El Proyecto incluye en su programa sólo aquello que
piensa Payá y sus compañeros de trabajo.
Las opiniones ajenas al grupo de labor del Sr. Payá no serán discutidas,
ni presentadas a los ciudadanos, al menos en la primera etapa para la
Transición. Así, es obvio decirlo; no se puede hablar a los ciudadanos
de un proyecto pluralista. Ni la forma ni el contenido son a mi modo de
ver democráticos, ni procuran un consenso nacional. Sin embargo
reconozco que los hacedores del documento han tenido muy en cuenta el
momento histórico y las condiciones para poder engarzar sólo aquello que
dé posibilidades para introducir el cambio hacia la democracia, aunque
sea de manera anémica. Estos requerimientos prácticos anulan lo que nos
gustaría.
Otra puntiaguda e importante irregularidad crea su axioma en el
procedimiento con que pretende Oswaldo seleccionar a los sujetos
encargados de tomar las riendas de las islas entre lo que vendría a ser
la etapa final del totalitarismo y el inicio de la democracia. El
Consejo Nacional del Gobierno Transitorio, según indica Payá será el
encargado de regir en Cuba. La composición de 33 miembros que incluyen a
15 opositores pacíficos y otros 15 de la Asamblea Popular, más un
católico, otro Bautista y por último un Masón harían la antitesis del
consenso y de la reconciliación nacional.
La exclusión de los Órfelos, religiones Afrocubanas y otras
Protestantes, así como el 20% de la población isleña en el exilio, los
que seguramente estaríamos muy, pero que muy insatisfechos, enojadísimos
por sentirnos excluidos de la primera etapa de transito a la
"democracia". Los del exilio y el destierro seguiríamos sufriendo
"transitoriamente" la muerte civil respecto a la nación de Cuba, y por
extensión nuestros descendientes. Lo que se deja para luego al paso del
tiempo se vuelve olvido o se enmaraña entre excusas, la realidad
cotidiana regularmente no "permite" llevar las promesas a la praxis.
Cuba no es Iraq, cubanos somos todos lo que somos y ni la religión que
profesamos, la institución fraternal que nos acoge, el color de la piel,
ni el país que nos tenga nos hace diferentes. La libertad para escuchar,
ser oído y para que sea tomada en cuenta nuestra opinión, son aspectos
fundamentales en una verdadera democracia. "Nadie puede decir que tiene
el bien común anulando el ejercicio de estos derechos" aunque fuese a
una sola persona.
Por ello desde el principio y por principio hay que considerar que lo
que no es dable debido a las condiciones imperantes, no es ético
procurarlo con el contubernio de los mismos que no lo consienten. Se ha
de andar con pie firme y con claridad, pues los subterfugios han probado
que jamás sirven a buenos fines. No importando la mentira piadosa o las
buenas intenciones con que se pretende llegar a la meta. El Proyecto
Varela será un muerto sin honor que intentando hacer el bien sólo dejará
rebosante de cicuta el cáliz de la libertad. Homogenizar en un Proyecto
la salvación de la patria me recuerda a algún tipo de esclavitud.
Las comprensibles limitaciones a que han estado sujetos los hacedores
del Proyecto Varela. Debido a la obligada estrategia de luchar sin
transgredir la Constitución y leyes imperantes pudiera justificar
algunas de las incongruencias y ambivalencias del documento. Mas ello no
les da la razón, ni es aceptable, ni siquiera prudente pasar por alto
las salvedades. Esta llamada sin duda será oída por nuestro hermano Payá
y su equipo de trabajo. La inclusión de todos los cubanos en los asuntos
del país es un derecho que nadie puede otorgarnos, sólo reconocérnoslo.
Es nuestro derecho per-sé y no es ético servir como si estuviéramos en
un convite de clases, a unos primero y a otros más tarde.
Es de gran interés sopesar otros aspectos que ahora mismo ponen en duda
la objetividad del Proyecto. Unos de carácter legal y otros de carácter
operativo. Primero, la Constitución de 1940 nunca fue derogada, en tanto
que la del 76 aun no ha sido refrendada por el pueblo, además la
Constitución en uso, fue hecha a la medida y necesidades que exigió el
régimen de Castro. Estos inconvenientes nos obligan a reflexionar y
preguntarnos; ¿será viable el Proyecto?
Para aumento de dudas leemos en el Capítulo 1º, Artículo 5 que, el
Partido Comunista es el órgano rector de la sociedad, relegando a la
Asamblea Popular a funciones consultivas y no de dirección. ¿Qué
objetivo tendría elegir mensajeros del diablo? Segundo, la parte
orgánica de la Carta Magna cubana es tajante y excluyente al considerar
el unipartidismo como garantía democrática, justificando el
desequilibrio de poderes, tanto en su exposición teórica como en la
praxis. Fidel es a un tiempo Comandante en Jefe, Presidente de la
Republica , Jefe del Consejo de Estado y de Ministros y Primer
Secretario del único partido legal, teniendo bajo su férula el poder
Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Política de Estado entre otros. Hoy,
Raúl Castro en la dirección provisional gobierna y suma a todos estos
poderes, el de Jefe de las Fuerzas Armadas.
El Proyecto Varela es cuestionable por otros motivos que como los que
antes he señalado tienen gran peso e influencia para el futuro de la
nación cubana. En él aparecen bosquejos o zonas que son política y
éticamente incorrectas. La permanencia de la estructura de gobierno
seguiría consintiendo la ingerencia del Estado en todo; industria,
comercio, banca, sistema judicial, etc., además de los muchos
privilegios de los dirigentes.
Para nada cambiarían los hábitos, esa esencia absorbente y manipuladora
con que nos han sometido durante medio siglo. La cúpula sólo tendría
nuevos secuaces y una cortina con que resguardar eventualmente al
socialismo y a las vacas doradas de la patria. La libertad de expresión
seguirá estando sujeta a la libertad de expresarse conforme a los fines
del sistema socialista, acomodo que podemos leer en el articulo 52 de la
Constitución.
La solicitud para libertar a los presos de conciencia y presos políticos
es algo positivo, pero lo que sigue no me parece bien. Los luchadores
que tengan hechos de sangre o violentos, no importando las
circunstancias, según el Proyecto seguirían encarcelados. Esto crea
diferencias sustanciales entre los hombres y ante la ley, pues la
impunidad con que los represores materiales e intelectuales han
ocasionando y continúan causando victimas como las del Remolcador Trece
de Marzo, el barco de Canimar o Hermanos al Rescate ni siquiera han de
ser llevados ante los tribunales, simple y llanamente están exentos de
responsabilidad, porque pertenecieron o participan activamente en el
aparato represivo del régimen.
El articulo 61 establece que "ninguna de las libertades reconocidas a
los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la
Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado
socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el
socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible."
Estos antidemocráticos y aberrantes artículos anularían cualquier empeño
de elevar a un estadio superior los derechos del hombre. No creo que el
remedio a estos males vengan a través de propuestas a los sordos e in
reflexibles hombres del poder; los regimenes totalitarios genéticamente
están condenados a morir por su incapacidad de llevar el bienestar y el
progreso a los pueblos.
No debemos crear barricadas, ni ir contra ellas, poniendo
automáticamente a los buenos a un lado y a los malos al otro, porque
hemos visto que en algunos casos los contendientes se funden y no nos
dejan distinguir las diferencias entre las armas que utilizan y los
fines. Es elemental poner las cosas donde van. No por amistad, ni por
temor al que dirán se debe dejar de señalar a los pragmáticos, no
debemos esperar tranquilamente que resulte de aquello un híbrido o una
serpiente bicéfala.
Ni puertas cerradas para casos excepcionales como indica el Inciso K,
Articulo 13 Capitulo 6 del Proyecto. Ya estamos bien hartos de secretos,
ninguna transición a la democracia debe parecerse y actuar como si fuera
una Logia Masónica, todo lo contrario, en el debate abierto y sincero y
a los ojos del pueblo se deben discutir todos nuestros problemas. No más
poder absoluto ni para una Asamblea Constituyente, ni para nadie.
Es ofensivo el Inciso f, Artículo 16 Capitulo 6 del Proyecto. Un miembro
de la Asamblea… puede ser o no revocado por la propia Asamblea, ese
método tiene escuela en el totalitarismo, la autocensura estaría
garantizada, nadie se atrevería a plantear algo disonante a lo
oficialmente establecido, sabiendo que de hacerlo muy posiblemente será
revocado.
No más perro con distinto collar, si se suprime la jerarquía a los
miembros del Partido Comunista y la autoridad de sus cuadros como
establece el párrafo 11, Capitulo 1 y al mismo tiempo se les permite
seguir ejerciendo cargos administrativos y de dirección. ¿Qué
cambiaría?. Es contraproducente, diría que absurdo si entendemos que el
hombre sigue teniendo la misma jerarquía y autoridad, además de
conservar su militancia política. El Partido Comunista de manera
informal mantendrá el poder y la dirección efectiva del Estado, los
mismos de siempre con matices.
El constante arrobamiento a que son sometidos los opositores pacíficos,
el acoso, en fin, el cúmulo de irregularidades crece de modo constante e
in-interrumpido. El régimen actúa como si en la legalización de medios y
agentes para reprimir pudiera encontrar la salida a la situación cubana.
La historia de Cuba se escribe y se enseña para hacerle culto a la
intolerancia. Y es necesario la imparcialidad, aclarar que también los
opositores padecen este mal.
Tanto los oficialistas, como los otros intentan hacer valer con pasajes
históricos descontextualizados, sus conceptos sectarios. Un ejemplo
grandilocuente aparece en la batalla de ideas que esbozan ambos bandos
sobre el pensamiento martiano. Martí es convertido por obra y gracia de
los contrarios en un oximorón. Conocer que el propósito del Apóstol para
convocar la guerra necesaria fue esencialmente liberar a Cuba y con ello
dar el primer paso para evitar que Estados Unidos cayera sobre las
tierras de América, no implica olvidar que Martí poseía un gran respeto
por la democracia y que reconocía y respetaba a los que aun pretendían
la Autonomía de Cuba con relación a España, es decir; grandes
colaboradores y amigos suyos para la gesta armada tenían ideas muy
diferentes sobre cual debía ser el futuro de Cuba.
Un ejemplo en ese sentido lo fue su secretario el Sr. Don Tomas Estrada
Palma y otros que en las filas del ejercito mambí y fuera de ellas
deseaban la Anexión a Washington o... El presidente de Partido
Revolucionario Cubano y de la República en Armas muy seguramente conoció
las aspiraciones del Mayor Ignacio Agramonte Loynaz el que "al morir en
Jimaguayú en 1873 llevaba bordada en su camiseta la bandera
estadounidense" y a los que ya habían ofrecido fortuna material y vida
por esa causa.
Hombres tan importantes para nuestra historia como Cisneros Betancourt y
Narciso López no pueden ser excluidos, ni reprochados por los que hoy
pretenden dar lecciones de democracia. Martí puntualizo: "La importancia
de abrir la República a todas las ideas (…) porque (…) la República al
desconocer un partido cualquiera reprimiría sin éxito una expresión de
la naturaleza (…) la voluntad de todos pacíficamente expresada es el
germen generador de la República. Debemos impedir que las simpatías
revolucionarias en Cuba se tuerzan y esclavicen por ningún interés de
grupo, para la prepotencia de una clase social, o la autoridad
desmesurada de una autoridad militar o civil, ni una comarca
determinada, ni una raza sobre otra… La patria con todos y para el bien
de todos."
En fin, es indispensable concretar una revisión del Proyecto Varela
donde participen TODOS los cubanos. Los que observamos mediante una
ecografía el vientre documental de Oswaldo, no vemos sino un embrión
anómalo, como si hubiese sido clonado por una convergencia que se
contradice entre el propósito y el efecto, entre el contenido y la
forma. No digo que no he de colaborar con el Proyecto Varela. Sí, estoy
dispuesto. A favor de la libertad y para ella vivo, pero modifiquemos
los genes, demos al futuro lo esencial.
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