Tuesday, March 14, 2006

Politica y cuidado del cuerpo

Posted on Tue, Mar. 14, 2006

Política y cuidado del cuerpo
ENRIQUE PATTERSON

En Cuba, el periodista independiente Guillermo Fariñas sostiene una
huelga de hambre, exigiendo que el gobierno le permita el libre acceso a
la internet. Fariñas, que entre otras actividades se desempeña como
corresponsal en Villa Clara del programa radial dirigido a
afrodescendientes cubanos Café Palenque, corre el peligro de convertirse
--y no sería deseable-- en el primer mártir por la libertad de
información del siglo XXI.

Desde Paraguay, precisamente vía internet, llega la información de las
actividades que en el pasado mes de enero realizara la Asociación
Afro-paraguaya Kamba Cua, dirigidas todas a defender los derechos de esa
comunidad de descendientes de africanos los cuales han sido muchas veces
pisoteados, desde la pérdida de sus tierras ancestrales hasta el por
mucho tiempo no reconocimiento jurídico de su existencia como grupo
étnico y otros actos discriminatorios contra esa comunidad.

En el primer caso estamos ante un ciudadano que pone en riesgo su vida
para que se le permita el acceso a un medio al que, a pesar de la brecha
digital, disfrutan hasta los miembros de grupos excluidos en un país
que, después de Bolivia, es el más pobre del cono sur. En el segundo, un
grupo de ciudadanos ejerce las libertades civiles y políticas para
lograr reconocimiento y trato justo a pesar de que su número, en
términos poblacionales, pudiera considerarse una nada estadística.

Que un ciudadano pueda morir por reclamar su derecho a conectarse a la
''red de redes'' retrotrae la realidad cubana al tenebroso periodo de la
historia de Occidente cuando las personas podían ser incineradas por
poseer, leer o difundir libros prohibidos. Ahora, esta nueva inquisición
es capaz de dejarlos morir con tal de que no se conecten a internet.

A pesar de la distancia geográfica entre Paraguay y Cuba, ambas
realidades no pueden verse aisladas. En la isla estudian medicina
cientos de jóvenes paraguayos cuyos pocos recursos económicos no les
permitirían hacer tales estudios en su país y que, gracias a la
''generosidad'' del gobierno cubano, regresarán a su país a realizar la
encomiable labor de salvar vidas. En Cuba, Fariñas, que es un psicólogo,
está a punto de perder la suya por que el ''generoso'' gobierno del país
prefiere verlo muerto antes que permitirle el ejercicio de derechos que
disfrutan hasta los paraguayos de bajo status económico y social.

Ambas actitudes pudieran parecer contradictorias, pero no lo son. Desde
hace mucho tiempo la población isleña ha dejado de creer que un cuidado
limitado del cuerpo con médicos disponibles cada cuatro bloques y acceso
a medicinas --no de óptima calidad-- y buenos cocimientos sean la moneda
de cambio a la ausencia total de libertades y derechos civiles y
políticos. Ni el ciudadano común ni los funcionarios ni la plebe que se
presta a hacer mítines de repudio ante opositores indefensos creen en un
discurso que a todas luces perciben ya vacío, si no pobre de contenido.
El dominio del cuerpo agradecido desde la medicina es el paso previo al
control de la mente. Fariñas ya en pleno control de su espíritu reclama
el alimento informativo que éste necesita, castigando la única posesión,
su cuerpo, que el poder puede controlar.

Donde el régimen cree que puede hacer algo es hacia fuera; beneficiando
los cuerpos de los necesitados de toda latitud, a través de becas y
programas médicos trata de ganarse a distancia lo que no logra con los
cubanos bajo su propia férula. Prefiere gastar sus limitados recursos en
programas médicos y becas en otros países de los cuales lo único que se
puede esperar es un lógico agradecimiento, que en una ciudadanía que se
siente estafada y siempre dispuesta a pedir cuentas por el desastre
socioeconómico y las innumerables vejaciones y crímenes.

El gobierno cubano es perfectamente capaz de dejar morir a Fariñas antes
que permitir que se dé el gusto de conectarse a la red y leer acaso el
mismo periódico que lee un indito de Chiapas o un miembro de la
comunidad paraguaya de Kumba Cua. De permitirlo, tendría que abrir el
espacio cibernético a todos los cubanos, mientras que si lo deja morir
le está diciendo al resto de la ciudadanía que están dispuestos a hacer
cualquier cosa con tal de mantener al país más cerrado que el régimen
iraní. O en el exterior, donde la desaparición física de este luchador
generará más titulares de prensa y declaraciones de condenas al régimen
que la huelga en sí misma.

Ambas actitudes trafican con la muerte de un luchador, al parecer,
porque les resulta más útil en un terreno de alguna necrópolis que en
las calles de la Cuba actual o la del futuro. La huelga de hambre de
Fariñas es un acto valiente, pero no es necesario ganar una batalla
ideológica que, hacia el interior de la isla, el régimen ya ha dado por
perdida.

http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/world/cuba/14090403.htm

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