Tuesday, May 10, 2016

Nuestros turistas en La Habana

Nuestros turistas en La Habana
FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ | Miami | 10 Mayo 2016 - 8:33 am.

Graham Greene, quien alguna vez confesó beber hasta un litro de whisky
diario, tuvo la irónica claridad de poner a un inglés al borde de la
quiebra a final de la década del 50 en Cuba. El argumento no puede ser
más absurdo, y por eso mismo posible en la geografía hispanoamericana.
El personaje Jim Wormold no vende aspiradora alguna en un país que
apenas usa alfombras, y al borde la ruina, toma ventaja de la lucha
contra la tiranía de Batista inventándose una historia de espía para
colaborar con el servicio de inteligencia inglés. El falso soplón se las
ingenia para engañar a los oficiales británicos con mapas, secretos y
bombas falsas. La avidez de informes sobre lo que sucede en un destino
tan exótico hace que los servicios de inteligencia ingleses le apuesten
todas sus cartas al "superespía".

La novela Nuestro hombre en La Habana fue un éxito y su versión
cinematográfica, un año después (1959), no tiene desperdicio. Memorable
aquella escena donde el supuesto espía encarnado por Alec Guinness
camina por el medio de la ciudad seguido de dos cubanos buscavidas
quienes amenazan con romperle el anonimato y la flema sajona.

Salvando casi 60 años de distancia, y muy alejados de los humores
británicos, una ola de visitantes famosos ha arribado a La Habana en los
últimos meses he intentado venderle a políticos y hombres de negocios
una Isla llena de secretos y encantos. Los famosos turistas
norteamericanos creen poder funcionar mejor que las aspiradoras del
señor Wormold y chupar hacia Cuba hasta el polvo del Norte.

No caben dudas de que es un buen momento para la industria turística de
la Isla. Hay una intención marcada de entrar al juego del turismo
caribeño en todas sus variantes, incluida la de los cruceros y los
ferris. Así ha quedado refrendado en los "ejes estratégicos" a cumplir
en los planes de desarrollo del Gobierno cubano "hasta 2030". La última
feria de turismo, FITCuba 2016, ha sido la de mayor participación de
firmas extranjeras relacionadas con la hotelería y los viajes de placer.
El encargado de negocios de ese Ministerio ha declarado como un gran
logro para atraer turistas la existencia de 65.676 habitaciones en el
país, diez lugares Patrimonio de la Humanidad, 257 monumentos nacionales…

Hay un pequeño gazapo en la información del funcionario, y es que el
turismo no lo hacen las habitaciones, los patrimonios y mucho menos los
monumentos nacionales, que a muy pocos le interesan. Hay varios tipos de
turismo, y al que aspiran los funcionarios cubanos, que es el que suelta
plata y repite, necesita otros incentivos.

No entender que el turista norteamericano ha cambiado en estos 50 años
de ausencia es un error grave de los funcionarios cubanos. Si apuestan
por el visitante norteamericano en vacaciones familiares —cual, si no—,
deberían darse una vuelta por Orlando, Florida. Aquel turista
"americano" que viajaba solo y gastaba un platal es cosa del pasado. El
turista norteño convencional pasea ahora con su familia, compra una sola
comida y duerme en una sola habitación con sus acompañantes. Suelen
buscar contacto con los "nativos", y no admiten a nadie poniendo peros.

Pero aun habría algo que agregar. Hay un virtual turismo cubanoamericano
que ni Cuba ni ningún país del Caribe puede obviar si quiere insertarse
seriamente en ese mercado. Hablamos de cientos de miles de isleños y sus
descendientes que pasan vacaciones en ciudades de Florida, en Punta
Cana, o en los cruceros basados en Puerto Rico y los puertos floridanos.

Mientras obtener un pasaporte cubano y una "habilitación" sea casi tan
caro como montarse en un crucero o pasar tres días y tres noches en un
hotel para visitar el parque de Disney o los Estudios Universal en
Orlando, el turismo de la Isla estará a la zaga. Más allá del dinero,
está la humillación de tener que pedir permiso para poder visitar el
país de uno. Se impone, pues, un cambio de las leyes que obstaculizan el
libre tránsito entre Cuba y EEUU: la derogación de la obligación de
sacar pasaporte cubano para los cubanoamericanos naturalizados
estadounidenses, y suprimir la prohibición de viajar a Cuba a todos los
norteamericanos debido a la ley del embargo.

Cuba vendía al turista "revolución" y algunos festivales culturales.
Pero ahora la Isla solo puede entregar, cual virgen añosa, la virtud de
haberse mantenido intacta. Como los años no perdonan, ni siquiera en la
industria del ocio, la casta dama ha debido ofrecerse a precio de
remate. La larga lista de famosos que visitan la Cuba de estos días
hacen una inmersión en el pasado pre-revolucionario, donde los viejos
automóviles, las comidas naturales y las ciudades-escombros contrastan
con una población que los apapacha cual frutas prohibidas, algo inusual
en sus ambientes frívolos y traicioneros.

Rihanna y Katy Perry, The Rolling Stones, Vin Diesel —"¡Esto es el
paraíso!"— e incluso el presidente Obama han funcionado como "nuestro
turista en La Habana". Desviándose unos pasos de la ruta asignada y a
solo unas cuadras de la Catedral, la Plaza Vieja, el Paseo de Paula y el
Arzobispado, vive otra Cuba que sufre y merece la pena visitar. Es algo
que los funcionarios del turismo también deberán aprender si en el
futuro pretenden hacer de la Isla un sitio para el desahogo y la
diversión sana: no todos los norteamericanos venden aspiradoras ni las
necesitan.

Source: Nuestros turistas en La Habana | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1462784037_22237.html

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