Wednesday, January 20, 2016

Víctima sin desagravio

Víctima sin desagravio
El Rey Anglada, libro sobre el aclamado pelotero cubano, ha pasado
desapercibido para editoras y medios
miércoles, enero 20, 2016 | Leonardo Calvo Cardenas

LA HABANA, Cuba.- Hace varios días llegó a mis manos la reseña que, bajo
el nombre "El Rey Anglada": un libro justiciero, dedicó el joven y
destacado periodista deportivo Michel Contreras al libro de la
investigadora y editora Juliana Venero Bon, en el cual la autora recrea
importantes y complejos episodios de la vida de Rey Vicente Anglada,
reconocido pelotero cubano que en dos épocas diferentes, como jugador y
director técnico, llenó páginas de gloria en el deporte nacional, pero
que también vivió una verdadera tragedia que constituye una de los
episodios más oscuros y lamentables de la historia del deporte cubano.

Anglada, durante casi una década hizo las delicias de los aficionados de
todo el país, jugando la segunda base de los equipos capitalinos y
nacionales, derrochando talento y espectacularidad en cada actuación
para llenar estadios e incluso encantar a renombrados jugadores
profesionales como David Concepción, la estrella venezolana de los Rojos
de Cincinnati de las Ligas Mayores del béisbol profesional norteamericano.

Sin embargo, como recuerdan Venero y Contreras, una mañana de primavera
de 1982 el sueño acabó abruptamente porque Anglada y otros diez y seis
jugadores y técnicos fueron encartados en un nuevo conato —bastante
frecuentes en los años setenta y ochenta— de venta de juegos y trasiegos
con apostadores profesionales.

Suspendidos de por vida de la actividad deportiva, juzgados y
condenados, los acusados fueron a dar con sus huesos a la prisión. Allí
purgó Anglada tres duros y largos años sin admitir nunca la culpa
imputada, pero el castigo peor para él fue arrancarlo del terreno que
era su hogar y del juego que era su religión.

Es pertinente recordar que en aquellos años ciertamente existían tupidas
redes de apostadores que tentaban a los jugadores, y también dentro del
béisbol una casta de delatores, extremistas y oportunistas, algunos de
los cuales han abandonado el país después de perjudicar y dañar a muchas
personas y carreras deportivas.

Otro buen día, como acostumbran las autoridades cubanas, sin mayores
aclaraciones ni el menor desagravio público, Anglada fue designado
director técnico del equipo Industriales representativo de la capital
cubana en el torneo élite del béisbol nacional. El otrora ídolo del
deporte nacional acumuló varios éxitos al frente del mencionado equipo
Industriales, de la selección nacional de Cuba, así como en el béisbol
panameño.

Resulta absurdo pensar que si Anglada fuera realmente culpable habría
sido ascendido a la posición que ostentó dos décadas después de su
calvario. Por cierto, ahora se revela que los encartados fueron
realmente condenados por peligrosidad y no por vender los juegos.

En este caso, la ausencia de desagravio y la reivindicación sin
reparación pública van de la mano de la censura y el ocultamiento. La
reseña de Michel Contreras no fue publicada en Cubadebate, el medio
digital vocero ideológico del gobierno cubano donde este labora
habitualmente.

Llama poderosamente la atención que el libro de Venero Bon —editora y
periodista con vasta experiencia en editoriales y medios de prensa del
país, con varias publicaciones y premios— a pesar de haber obtenido
mención en la categoría de Testimonio en el concurso UNEAC 2011, no ha
recibido en Cuba la gracia de la publicación. El persistente desandar de
la autora durante seis años por más de seis editoriales del país con su
original procurando la ansiada publicación ha resultado hasta el momento
infructuoso. Finalmente, el libro fue publicado por una editorial en la
ciudad de Miami sin que la autora se explique todavía como su obra se
distribuye en Estados Unidos y sea todavía desconocida en Cuba.

Como Anglada, son muchos los personajes públicos y los ignotos cubanos
que han sido víctimas de injusticia a manos de un poder que nunca
reconoce culpas y errores propios. Resulta lamentable ver como alguien
tan admirado como Rey Vicente, quien ha sido objeto de la solidaridad de
los aficionados que tuvimos la suerte de verlo jugar, al igual que
varios intelectuales y creadores maltratados por la intolerancia
oficial, aceptan las dádivas y agasajos de sus victimarios sin exigir al
menos el justo desagravio público.

Como continuidad de esas verdades sesgadas e incompletas, el artículo de
Michel Contreras —periodista especializado en béisbol ya reconocido por
la objetividad de sus análisis y comentarios— y el libro de Juliana
Venero a la fuerza pasan inadvertidos para lectores y aficionados de la
Isla.

Es verdaderamente doloroso ver cómo tantos escritores y artistas
victimizados injustamente aceptan premios y reconocimientos, cómo el
vallista campeón olímpico Dayron Robles regresa, sin más ni más, después
de haber sido tratado por las autoridades cubanas como un esclavo
fugitivo al intentar competir por un club extranjero. Resulta doloroso
ver a los cubanos triunfadores en las Ligas Mayores regresar al país en
visita de buena voluntad y ser ignorados por los medios y las
autoridades que no han dejado de calificarlos de traidores. El mismo
Anglada, cuando era director técnico, hizo un comentario extremista y
despectivo hacia un atleta que había decidido abandonar el país.

Ojalá los reivindicados sin desagravio puedan comprender que,
convalidando ese insensible y arrogante diseño del poder, están
pavimentando el triste camino para nuevas víctimas y deplorables
injusticias.

Source: Víctima sin desagravio | Cubanet -
https://www.cubanet.org/opiniones/victima-sin-desagravio/

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