Monday, May 11, 2009

Quién va a salvar la Revolución si nadie quiere ser joven comunista?

Crónicas
Del incierto futuro

¿Quién va a salvar la Revolución si nadie quiere ser joven comunista?

Rafael Alcides, La Habana | 11/05/2009

La juventud es cada vez más indolente. No hace tanto llegó una dirigente
"de base" a una escuela de becados, y preguntó en un aula: "¿Aquí quién
quiere pertenecer a la Juventud?".

La dirigente hablaba de la Juventud Comunista, de la gloriosa Juventud
Comunista, y lo preguntaba así, con la naturalidad de quien estuviera
hablando de un pantalón viejo, de un trapo que se le daría al primero
que levantara la mano. Así: "¿Aquí quién quiere pertenecer a la Juventud?".

Lo curioso es que en aquella aula de becados sólo cuatro alumnos
levantaron la mano, y no de golpe. Lo hizo uno primero, después otro, y
luego, con desgano también, dos más.

"Hay campismo, casas en la playa, vales para discotecas, para comer en
los restaurantes", les decía la dirigente, y así les fue enumerando
algunas de las ventajas materiales de pertenecer a la Juventud.

"¿Nadie más?". Entonces otro alumno, el quinto, en aquella aula de
treinta, levantó la mano.

En otro tiempo, eso no era así. En aquellos días heroicos, tiempos
cuando los cubanos nos pasábamos la vida esperando que llegaran los
americanos —que por fin, los muy pendejos, no se atrevieron a venir—,
llegar a tener el carné de la Juventud en tu bolsillo era como salir con
Jasón en busca del Vellocino de Oro, y regresar con él a cuestas.

Entonces se hacían asambleas de ejemplares en el aula, te proponían, y
si la mayoría de tus condiscípulos te elegía, comenzaban a "procesarte".
Un dúo hacía la investigación de tu pasado en la escuela primaria, en el
barrio, investigaba a tus padres. Y si pasabas el proceso, entonces:
"¡Bienvenido a la Juventud, futuro cuadro del Partido!".

Desde luego, quien llegaba a la Juventud, a menos que después se le
ablandaran las piernas, seguía para el Partido al tener la edad
requerida, a "convertirse en persona".

Entonces, el proceso de captación del joven, me seguía diciendo aquel
comunista añorante, era tan exigente, que su esposa no había logrado
pasarlo en la primera oportunidad, a pesar de ser revolucionaria de cepa.

¿Por qué? Porque, ocupada en otras tareas de la revolución, como
preparar clases para asignaturas de las cuales era monitora, se le pasó
en unos meses entrar en el CDR. Cumplía en mayo los catorce años, y no
entró hasta septiembre.

Pero, bueno, concluía el añorante, ¿qué podría esperarse de esta
juventud de hoy, que ha visto a su padres devolver el carné del Partido
en un por ciento vergonzoso?

Él mismo tenía tres hijos, que fueron jóvenes comunistas y luego
militantes del Partido. Hoy viven en Nueva York uno, en España el otro,
y en México la hembra —casada con un hombre que ni le gusta.

Cuba así, por lo que me decía, se había quedado sin futuro.

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Del incierto futuro - Artículos - Cuba - cubaencuentro.com (11 May 2009)

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