Friday, May 08, 2009

Las buenas intenciones

Publicado el jueves, 05.07.09
Las buenas intenciones
By DANIEL MORCATE

No pasa un día sin que Fidel Castro, su hermano Raúl o alguno de sus
besugos rechacen públicamente, en los términos guapetones y vulgares a
los que nos tienen acostumbrados, los gestos de buena voluntad que les
envían el presidente Barack Obama y otros funcionarios del gobierno
norteamericano. Desde su lecho de moribundo, el primer Castro nos
inflige una inmisericorde seguidilla de ''reflexiones'' que bien
pudieran ser un indicio de que, como cadáver, será tan verborreico y
charlatán como era en vida. En ese discurso, no por escrito menos
incontinente, el sátrapa semijubilado acusa a Obama de
''malinterpretar'' previos comentarios de su hermano, de mentiroso y de
desvergonzado. Todo ello, eso sí, en un tono sutil para que no lo tilden
de racista, a él, que en su vida sólo ha permitido que los negros
cubanos se le acerquen como guardaespaldas o para aliviarle el tedio de
medio siglo de poder absoluto con peleas de boxeo, carreras olímpicas y
juegos de pelota.

Lo que llama poderosamente la atención es el deliberado silencio y la
resignación con que el presidente Obama y sus asesores reciben cada
desplante de los Castro. Lo más parecido a una reacción oficial la
ofreció la secretaria de Estado, Hillary Clinton, cuando le preguntaron
qué le parecía que el Castro que manda desautorizara al Castro que finge
mandar cuando en Venezuela este último declaró, con voz aguardentosa y
de falsete, que estaba dispuesto a hablar con Estados Unidos hasta de
presos políticos y derechos humanos. ''Creo'', respondió Clinton, ''que
como ustedes pueden ver empieza a haber debate en Cuba''. Caramba,
señora secretaria, si a usted eso le parece una señal de debate sería
mejor que nos aclarase cuanto antes qué consideraría democracia,
libertad y respeto a los derechos humanos en la isla, tres objetivos
justamente declarados de la política de su gobierno. No vaya a ser que
por democracia usted y su gobierno entiendan el que los Castro y sus
descendientes se elijan mutuamente para gobernar Cuba; por libertad, que
publiquen sus reflexiones en periódicos de la Florida, como alguna vez
le propuso cierto editor a su esposo presidente (¿o fue al revés?); y
por respeto a los derechos humanos que nos devuelvan a Menoyo, que tan a
gusto parece estar por la isla.

Empieza a preocupar que la cacareada estrategia de cambio en la política
exterior de este gobierno en realidad no sea otra cosa que el reciclaje
de dos viejos principios tan desacreditados como contraproducentes. Uno
es lo que Fernando Savater bautizara como ''el narcisismo de la culpa'',
es decir, la idea arrogante y paralizadora de que sólo las democracias
occidentales pueden ser responsables de las barbaridades que hacen
otros, del integrismo, del terrorismo y de los despotismos
tercermundistas, como el cubano. El otro podríamos llamarlo la demagogia
de las buenas intenciones o la idea de que basta con extenderles la mano
a los facinerosos para que éstos cambien de conducta y se vuelvan
dechados de virtudes. Las buenas intenciones son buenas siempre y cuando
no se invoquen como pretexto para la inacción ante el mal o, lo que es
peor, para justificarlo y acomodarse a él.

El gobierno de Obama ha demostrado buenas intenciones al autorizar más
viajes de cubanoamericanos y envíos de remesas a Cuba con la esperanza
de que esto aliente a los cubanos a independizarse del yugo castrista.
También podría autorizar el turismo estadounidense, no porque ello no
vaya a prestarle una ayuda notable a una dictadura en bancarrota, como
sostienen los tontos y los malintencionados, sino porque no tiene
derecho moral a prohibirlo. Pero Washington demostraría intenciones aún
mejores si aumentara su apoyo a los opositores internos y si no
renunciara a enfrentar con realismo, sensatez y transparencia las
maniobras mediante las cuales el castrismo insiste en perpetuarse.

DANIEL MORCATE: Las buenas intenciones - Opinión - El Nuevo Herald (8
May 2009)

http://www.elnuevoherald.com/opinion/story/444150.html

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