Wednesday, May 15, 2013

En qué rincón de la historia olvidamos la felicidad?

¿En qué rincón de la historia olvidamos la felicidad?
Martes, Mayo 14, 2013 | Por Lilianne Ruíz

LA HABANA, Cuba, 14 de mayo de 2013, Lilianne Ruiz/ www.cubanet.org.-
Una guagua en La Habana es un horno grasiento, oloroso a sudor, que se
quisiera evitar. Especialmente en el mes de mayo, a las 4 de la tarde.
Si se consigue un asiento y se sale un poco de la aglomeración, parece
el toque de la fortuna. Pero los cubanos hemos olvidado muchas cosas
importantes en medio de tantos discursos.

Las guaguas tienen unos asientos amarillos que son los que la gente
llama "de embarazadas, y de niños". Son seis asientos, nada más;
incluso, en algunas rutas hay solo tres. El dibujo encima de dichos
asientos no indica que sean para los ancianos y por eso es posible ver a
las abuelas de pie, esperando por la conciencia que en muchas ocasiones
tarda demasiado.

Una mujer que ha logrado subir a la guagua con un niño de unos siete
años y uniforme escolar, después de atravesar el pasillo, se coloca
delante de una señora de unos 50, que lleva un cake cubierto de merengue
rosado. Está sentada en el asiento de los niños. La madre dice que ella
le llevará el cake, pero que permita que el niño se siente porque hay
mucho calor y está muy cansado. Pero la señora responde que es un niño
mayor y que no tiene derecho a ocupar el asiento.

Los ojos de la madre se encienden de ira. Tratemos de imaginar a qué
hora se ha levantado para ir a trabajar y llevar el niño a la escuela,
cómo se arregla con un salario ínfimo para procurar la comida de la
familia, las meriendas escolares, los zapatos; en qué momento le falló
el miedo y se atrevió a decir:

- Ese que usted dice ser el tamaño del derecho de mi hijo, es el tamaño
de la humanidad de usted. Eso es lo que ha hecho el comunismo con este
pueblo: le ha hecho olvidar los porqués más importantes de la vida.

La señora sentada prorrumpió amenazas: que si "cuidado con lo que dice
porque usted tiene un niño que criar y le pueden hacer pagar por sus
palabras".

Esas amenazas están inscriptas en la tradición revolucionaria. Lo que
no puede hacer nadie es convencer a una parte significativa del pueblo
de las "intenciones humanitarias" del régimen, donde la libertad (¡la
libertad para disentir!) no es reconocida como el valor más importante
de la persona.

La falta de costumbre de libertad ha dado lugar a la falta de conciencia
en la responsabilidad individual.

En un artículo de Carlos Alberto Montaner, a propósito de la violencia
perpetrada en la Asamblea Nacional de Venezuela contra once diputados de
la Unidad Democrática, se lee: "Esa es lógica del castrismo en su más
pura esencia: al enemigo se le intimida, golpea o encarcela hasta que
obedezca. Y si resiste tercamente siempre es posible fusilarlo como una
forma de escarmiento colectivo".

Nuestra historia está llena de ejemplos, que probablemente la joven
madre no haya tomado en cuenta para decir sus palabras. Que el comunismo
deshumaniza y es incompatible con la Carta Internacional de Derechos
Humanos, son consideraciones posteriores: una madre puede, en 20
segundos, desbaratar el discurso oficial cubano.

Además de darle la razón -acerca del olvido que ha cultivado este
sistema-, me sigo preguntando en qué rincón de la historia los cubanos
hemos olvidado también la felicidad.

http://www.cubanet.org/noticias/breves-destacados/%c2%bfen-que-rincon-de-la-historia-olvidamos-la-felicidad/

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