"Ratas y excrementos": la vida en las prisiones cubanas
La humedad y las filtraciones de agua son una constante en celdas donde
se amontonan de 36 a 40 presos
Agencias, Madrid | 16/07/2010
Los presos políticos cubanos, llegados estos días a España, en una
oleada de liberaciones, hicieron una radiografía terrible de la vida en
las prisiones de la isla comunista y criticaron sus condiciones de
acogida en Madrid.
"Hemos vivido entre ratas, cucarachas, escorpiones y los excrementos",
declaró Julio César Álvarez, periodista de la radio cubana de 65 años,
que purgó antes de su liberación, una pena de 15 años de prisión por
haber colaborado clandestinamente con los medios norteamericanos.
"La situación de higiene y de salud no es pésima, es más que pésima;
hemos vivido con ratas, con cucarachas, con alacranes, con la mierda,
con el excremento", dijo en conferencia de prensa con otros cinco ex
presos políticos, liberados en el marco de un proceso de liberación más
importante desde que Raúl Castro relevó a su hermano Fidel, hace cuatro
años.
La alimentación es particularmente horrible. "El almuerzo que llega a
las 10 está hecho de la 2 a 3 de la madrugada; el picadillo era peste,
llegaba con los cascos, mezclado con tierra. Los caldos se llamaban
caldo de jirafa porque se te estira el cuello para ver lo que hay
dentro", testimonió Álvarez.
La humedad y las filtraciones de agua en celdas donde se amontonaban de
36 a 40 presos son constantes, añadió Ricardo González, 60 años,
condenado a 20 de prisión por haber sido corresponsal clandestino en la
isla de la organización Reporteros sin Fronteras (RSF).
"Las filtraciones eran permanentes, con una humedad que nos afectaba.
Teníamos que improvisar canales con nylon para que las aguas albañales y
las filtraciones no caigan desde arriba encima nuestro", explicó.
Los presos políticos, que el régimen castrista no reconoce, están
mezclados con los de delitos comunes y ubicados en prisiones alejadas de
sus familias para hacerles más difíciles las visitas, añadió.
Para el periodista independiente Normando Hernández, de 40 años, que
purgaba una pena de 25 antes de su liberación, el problema más grave en
las prisiones son las "auto mutilaciones".
Así vio inmolarse a un preso con fuego, a otros meter orina en sus ojos,
o petróleo en su cuerpo para que se ocupen de ellos, que los curen o
simplemente para que les escuchen sus necesidades.
Estas condiciones arrastraban enfermedades crónicas en los presos, con
epidemias de tuberculosis o dengue.
Para González, el régimen castrista aceptó este proceso de liberación de
52 detenidos políticos para convencer a la Unión Europea (UE) de poner
fin a su política de "posición común" que condiciona las relaciones con
La Habana al respeto de las derechos humanos y al progreso de la democracia.
"Es una máscara, una pantalla de imagen para decir hemos liberado los
presos... no merecemos que se mantenga la posición común", declaró.
Las actuales condiciones de acogida en España, en un hostal "económico"
de la periferia de Madrid, con lavabos en los pasillos y habitaciones
ruidosas, desataron también las críticas de los disidentes.
"En el cuarto que tenemos se escucha el ruido del pasillo, la puerta que
cierra; no me siento con la privacidad que requiero para estar con mi
hija, mi esposa, después de 7 años" sin verse, declaró Hernández.
"Estamos aquí en España en un vacío jurídico", destacó Gálvez, porque
los disidentes no entraron en España como refugiados políticos, pero
tienen la posibilidad de iniciar trámites para pedir ese estatuto.
Pero después de esas liberaciones "sabemos que la victoria es posible
(...) Vamos a seguir defendiendo la libertad y los derechos humanos"
desde España, concluyó González.
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