"Los artistas cubanos exiliados, como Olga Guillot, están prohibidos. Se
escuchan clandestinamente"
LA MEDICA HILDA MOLINA Y OLGA GUILLOT, LA REINA DEL BOLERO. LA MEDICA
HILDA MOLINA Y OLGA GUILLOT, LA REINA DEL BOLERO.
HILDA MOLINAOlga Guillot, la reina del bolero, "se fue de gira" para
siempre el lunes pasado. Tenía 87 años y estaba internada en un hospital
de Miami. En 1961 Guillot dejó Cuba luego de que la revolución de Fidel
Castro tomara el control del país, y se trasladó a México, donde tuvo
una reconocida trayectoria como actriz y cantante, antes de radicarse en
Miami. Vivió en el exilio y nunca pudo volver a su isla natal, donde
además su voz siempre estuvo prohibida.
"Fidel Castro, erigido como dios de Cuba hace cincuenta años, ha privado
al pueblo de la libertad que Dios concede".
Esta cantante cubana inició su carrera a los 16 años en La Habana con su
hermana Ana Luisa. Más tarde se consagró como solista y recorrió los
mayores escenarios del mundo. Una gira europea en 1958, que incluyó
actuaciones en Italia, España y Alemania, y una memorable presentación
en Francia junto a Edith Piaf, le dio fama mundial por su manejo
escénico y su particular y apasionado modo de cantar boleros. Guillot
grabó muchos discos, en los que registró versiones de grandes éxitos
como "Tú me acostumbraste", "La noche de anoche", "Contigo en la
distancia", "Campanitas de cristal" y otros. En 2007 la cantante fue
distinguida como "Leyenda de la Música Latina" por la Academia
productora de los Premios Grammy.
"Si hubo violaciones de derechos humanos en dictaduras de derecha
también es salvaje la dictadura que oprime a Cuba".
Para recordar a esta estrella internacional que enamoró con su canto a
varias generaciones, El Tribuno dialogó con Hilda Molina, la médica
cubana que, después de 14 años, logró permiso para salir de la isla y
estar con su familia en la Argentina.
La neurocirujana, nacida en Camagüey en 1943, mantuvo por mucho tiempo
una enemistad manifiesta con Fidel Castro. Fue fundadora del Centro
Internacional de Restauración Neurológica (CIREN) de La Habana y
reconocida por sus investigaciones sobre el tratamiento del Parkinson.
"En Cuba la gente puede oponerse a Dios, pero no a Fidel. Pueden
discrepar con la Biblia pero no con lo que dice Fidel".
Estuvo vinculada al poder de Castro hasta 1994, tiempo en el que llegó a
ser condecorada por el Ministerio del Interior y fue diputada del
Parlamento. En los años noventa cayó en desgracia debido a sucesos que
coincidieron con la salida de la isla de su hijo, Roberto Quiñones,
también científico y casado con una ciudadana argentina. Molina renunció
a su condición de diputada y entregó todas las medallas y distinciones
oficiales para iniciar una larga batalla por abandonar su país.
"Chávez está implementando muy bien el sistema del miedo, porque
Venezuela se parece cada vez más a Cuba".
Su caso, convertido en un asunto de derechos humanos, provocó una agria
disputa entre Castro y el Gobierno argentino que hizo gestiones
infructuosas ante el líder comunista para que le permitiera abandonar
Cuba a la neurocirujana. En 2009, un año después de asumir la
presidencia Raúl Castro, Molina fue autorizada a viajar a la Argentina.
En pocos meses, la médica terminó de escribir y publicó su libro "Mi
verdad".
Desde su nuevo hogar, donde cuida a su madre Hilda Morejón, de 91 años,
recordó con la melancolía del exilio, de cubana a cubana, a la gran Olga
Guillot.
¿Recuerda a la cantante Olga Guillot antes de que fuera exiliada?
Cuando Olga Guillot se fue de Cuba yo era una adolescente. Si usted leyó
mi libro "Mi Verdad", ahí cuento sobre el gran amor de mi vida, un amor
casi imposible pero el único real que tuve, y, justamente, ese amor fue
coronado y acompañado por la voz única de Olga Guillot.
¿Quién fue ese gran amor?
Nunca lo dije porque era imposible prosperar con ese amor, pero fue el
único verdadero, a pesar de que luego me casé. Es una de las renuncias
que la vida me impuso. Por eso cuando me enteré de que murió Olga
Guillot me puse muy triste y dije: "¡Qué cosa más grande fue esta
mujer!" En aquella época romántica y bonita de mi vida, sonaba en mi
país la maravillosa música de Olga Guillot y desgraciadamente, como
tantos otros cubanos valiosos, tuvo que dejar la patria y no pudo
regresar. Mi madre, que tiene 91 años, toda la vida fue una fanática de
la voz de Olga, que no sólo fue grande en la música, sino que además fue
una cubana ejemplar, que tuvo que dejar la patria pero no la olvidó nunca.
¿Cómo recuerda el momento en que Olga fue exiliada?
Cuando la exiliaron a Olga, igual que a Memé Solís, a Celia Cruz, a
Willy Chirino y a otros artistas, todos lo sentimos mucho, como la
pérdida de un familiar. Un dolor inmenso porque además no se los podía
escuchar. Incluso a Los Beatles no se los podía oír porque era
transgresión ideológica.
¿No se los puede escuchar ahora?
Los Beatles fueron reivindicados pero los artistas cubanos no. Los
exiliados no se pueden oír aún hoy porque el gobierno de Castro los
prohíbe. Se escuchan clandestinamente, muy bajito, porque en cada cuadra
hay delatores y si se enteran te acusan de imperialista, de
"diversionista" ideológico.
¿Recuerda por qué Guillot tuvo que dejar su patria?
Tuvo que irse porque no compartía la ideología del sistema, ella
precozmente se dio cuenta de lo que era el régimen de Castro. Olga no
habló de esto, pero cuando artistas de su talla eran ovacionados en sus
actuaciones, el Gobierno se molestaba mucho y les aclaraba que el único
que podía ser ovacionado en Cuba era Fidel Castro. Imagínese que un
artista que tiene que viajar y cumplir con sus contratos no puede
permanecer en la "isla cárcel". Por eso se exilió y nunca más la dejaron
entrar. Eso pasa con los patriotas cubanos: el Gobierno los destierra.
Pero Olga siempre habló de Cuba, de su pena y del dolor del pueblo cubano.
¿A quiénes más recuerda?
Celia Cruz, gran persona y artista, no pudo asistir a la gravedad ni a
la muerte de su madre. No la dejaron entrar porque se manifestó en
contra de algunas medidas del Gobierno. Olga Guillot, Celia Cruz y otros
grandes pueden tener la satisfacción después de muertos de saber que
aunque sea clandestinamente, se los escuchó siempre y se los seguirá
escuchando entre grandes y jóvenes en Cuba.
¿Guillot era enemiga de Fidel?
No creo que se haya peleado con Fidel nunca. Ella se dio cuenta de que
Cuba era un país comunista y los artistas necesitan vivir en un país
libre, donde se pueda entrar y salir. Ella no era una enemiga política,
nunca hizo una campaña en contra del régimen ni nada parecido, sin
embargo el Gobierno no admite que la gente quiera ser libre.
¿Con Raúl Castro es igual?
Sí, lo mismo. Raúl es más lógico que Fidel y ha dado pasos para aliviar
la asfixia del pueblo cubano, pero Fidel no lo deja actuar. ¿Vio que
salió en la tele esta semana? Eso demuestra que él sigue gobernando Cuba.
¿Y qué sintió cuando lo vio?
Yo quisiera que Fidel se curara, que estuviera bien, porque no le deseo
el mal a ninguno de mis semejantes. Sólo quisiera que recapacitara y
pensara que el pueblo de Cuba no merece esta vida y que él mismo hiciera
los cambios necesarios, que dejara de pensar que Cuba es su hacienda
particular, que los cubanos somos sus súbditos. Pero lamentablemente lo
vimos apoyando a Corea del Norte y a Irán, o sea que no ha cambiado su
pensamiento, sigue aliado a las tiranías del mundo, a la barbarie. Yo sé
lo que es la tiranía sobre el pueblo coreano y es difícil de contar. Por
eso creo que Fidel Castro no va a cambiar nunca, que nada le conmueve el
alma.
¿Por qué se truncó su carrera de médica en Cuba?
Lo cuento en mi libro. Estaba decepcionada de todo ya, pero me quedaba
un solo lazo con el Gobierno, que era poder luchar por los cubanos
enfermos en un centro que se había creado por idea mía, con ayuda de los
científicos del mundo. Pero cuando decidieron convertir ese centro en un
lugar dolarizado para la atención de los extranjeros que pagaran,
entonces no tenía razón de ser mi vínculo con el Gobierno cubano, porque
yo no me convertí en médico para discriminar a los enfermos.
¿Se expresó en ese sentido y todo acabó?
Primero luché para que no prosperara esa idea. Fidel Castro visitaba
mucho mi centro, hablábamos con frecuencia y un día le dije que me
parecía inmoral que los mejores centros de salud sean para los
extranjeros; y el me dio la razón, ¿sabe? Le pedí ayuda para los
enfermos cubanos, para que no se los discrimine y el me prometió que eso
no iba a ocurrir. Pero igual sucedió.
¿Qué piensa de que Fidel Castro esté nominado al Nobel de la Paz?
(Risas) ¡Por favor! Le cuento que, entre tantos apodos que tiene Fidel,
le dicen "Armando Guerra". Castro sembró América Latina de terrorismo,
fue a Africa a intervenir en guerras ajenas, su vida ha sido una vida de
guerra. ¿Cómo va a ser Nobel de la Paz? Seguro que fue nominado por
organizaciones financiadas por el Gobierno cubano, porque no tiene sentido.
Resulta que en Cuba no hay dinero para alimentar al pueblo, pero sí hay
para estos manejos.
¿Piensa que hubiese podido publicar su libro en Cuba?
Difícil. Lo escribí casi completo allá, y por suerte lo pude publicar en
Argentina a través de la editorial Planeta.
Lamentablemente en la Feria del Libro, cuando lo fui a presentar, me
hizo un mitín de repudio gente convocada por la Embajada cubana. La
gente me repudiaba y no sabía por qué. Gritaban que yo era amiga de la
dictadura argentina y que tuve que ver en la desaparición de sus
parientes. Entonces otra gente les explicó que yo era cubana, que no
tenía nada que ver con la dictadura argentina y que era la primera vez
que venía a este país.
¿Cómo ve a Cuba desde acá?
Con el mismo dolor que la veía desde adentro. El sufrimiento de Cuba no
tiene paralelo. Es un país postrado bajo una dictadura totalitaria de
corte estalinista.
¿Cuándo cree que cambiará?
No soy muy optimista. A corto o mediano plazo nada cambiará. Nuestra
sociedad se ha enfermado de miedo en medio siglo de opresión, y aunque
muriera Fidel, Raúl Castro tiene el apoyo del Ejército.
¿Piensa volver a Cuba?
Ojalá pueda un día. Ahora estoy dedicada de lleno al cuidado de mi
madre. Quiero seguir conectada con mi país, seguir vinculada, y no
sentirme exiliada. Esa palabra me duele. No sé si el Gobierno me dejará
entrar cuando yo decida volver.
¿Qué opina del Gobierno argentino?
No tengo criterio para opinar porque estoy todo el tiempo encerrada
cuidando a mi mamá. Lo que puedo decir es que la intervención de la
presidenta Cristina Fernández y de la Iglesia Católica cubana fueron
decisivas para que hoy pudiera estar en Argentina. De otro modo, no
hubiese podido salir.
¿Qué piensa de la liberación de los presos cubanos?
Hace falta que los liberen a todos los presos políticos. Hay 200 presos
más que liberar. Esta es una maniobra del Gobierno para ganar tiempo
pero no es una apertura. Lo hacen para limpiar su imagen y bajar los
decibeles de las críticas internacionales, pero no es un cambio ni una
apertura. Además son exiliados, no liberados. Esa es mi opinión.
Y así culminó esta charla nostálgica, plagada de angustias y recuerdos
de una isla sin sueños. "Algún día" es una frase crucial en el lenguaje
del exilio. Algún día, Olga Guillot deliró que volvería a recibir los
aplausos compatriotas. Algún día, Hilda Molina piensa regresar a una
Cuba sin miedos.
"Yo vengo de una Cuba de egos oscuros,/ una tierra insoberana,
insatisfecha/ donde el miedo y el terror son la tisana,/ donde el tiempo
va muriendo sin futuros/ y los sueños se detienen sin mañana".
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