Friday, July 16, 2010

La Posición [de sentido] Común

Publicado el jueves, 07.15.10
La Posición [de sentido] Común
By VICENTE ECHERRI

La excarcelación de un grupo de presos políticos cubanos y el anuncio de
que el resto de los que fueron arbitrariamente condenados en marzo de
2003 serán liberados en los próximos meses han sido comentados --por
algunos de sus gestores e incluso de sus beneficiarios-- con
cuestionable desmesura. En una entrevista para El País de Madrid, Héctor
Palacios, condenado a 25 años de prisión en la llamada ``primavera
negra'' y quien disfruta de ``licencia extrapenal'' desde hace tres
años, ha dicho que la última movida del castrismo es ``el paso más serio
que ha dado el gobierno en los últimos 50 años''. Palacios se hacía eco
de las palabras de Miguel Angel Moratinos, ministro de Relaciones
Exteriores de España, al decir también que ``no había razón para
mantener la Posición Común'' de la Unión Europea frente a Cuba.
Analistas, comentaristas y políticos de diverso pelaje han estado
repitiendo como un mantra en los últimos días estas opiniones que
revelan ligereza, desinformación e insensibilidad respecto a la cuestión
cubana.

La Posición Común, adoptada por la Unión Europea el 2 de diciembre de
1996, no tiene ninguna relación con los procesos de la ``primavera
negra'' a la que antecede por más de seis años, sino con el carácter
sistémico del régimen cubano (al que los miembros de la UE instan, en el
artículo 1 de ese documento, ``a un proceso de transición hacia una
democracia pluralista y al respeto por los derechos humanos y las
libertades fundamentales'') y con la ley Helms-Burton, que había sido
aprobada meses antes, en marzo de 1996, en reacción al derribo de las
dos avionetas de Hermanos al Rescate. La ley Helms-Burton --y
específicamente su Título III, que penaba a las compañías de cualquier
país del mundo que hicieran negocios con empresas que hubieran sido
confiscadas en Cuba a propietarios norteamericanos-- produjo una
reacción negativa en el ámbito internacional, y particularmente en
Europa, donde fue denunciada como una violación de Estados Unidos a la
libertad de comercio. En los meses que siguieron, el gobierno del
entonces presidente Clinton se mostró sensible a esas críticas de sus
amigos y aliados europeos, a los que debe haber prometido, tácita o
explícitamente, que no pondría en vigor los artículos más polémicos de
la ley si, por su parte, la Unión Europea mostraba una actitud más
rigurosa y crítica frente al castrismo. La Posición Común fue el
resultado de ese compromiso.

Luego, con todas las atenuaciones que se quieran, la Posición Común es
una versión del embargo norteamericano, la contraparte europea de la
Helms-Burton, que coincide con ésta en el objetivo de la democratización
de Cuba; es decir, en la necesidad de que el gobierno de ese país dé
pasos concretos hacia el restablecimiento de las libertades de reunión,
de asociación, de prensa, etc., como medida previa, desde luego, a la
celebración de elecciones democráticas y multipartidistas. En este
cuadro, la excarcelación de unos cuantos presos políticos, por mediación
de un canciller obsecuente y un cura servicial, no tendría por qué
convertirse en argumento fundamental para la variación de una política
de bloque frente a una entidad tan poco fiable y respetable como el
régimen cubano, sin incurrir, por parte de quien la proponga, en una
muestra de ignorancia o malicia, en un acto de frivolidad o apañamiento.

Mucho más serio, importante y dramático que este indulto, fue el que se
produjo hace poco más de treinta años, cuando --como resultado de
conversaciones con cubanos del exilio y, sobre todo, con funcionarios
del gobierno de Carter-- se liberaron a miles de presos políticos, que
luego tuvieron la oportunidad de emigrar. Sin embargo, eso no constituyó
una alteración esencial en la naturaleza represiva del castrismo, ni una
señal de que éste se encaminaba a hacer cambios significativos para el
regreso de la democracia que ameritaran una variación en la política
cubana de Estados Unidos.

El ``gesto'', o el guiño, que ahora pretende hacérsele a la Unión
Europea con estas liberaciones es realmente insignificante y cosmético y
sólo consigue devolver la situación de Cuba al status quo ante de la
primavera negra, en que las organizaciones disidentes, así como los
periodistas y bibliotecarios independientes, habían logrado alcanzar una
cierta relevancia en medio del acoso oficial y de la tradicional asfixia
que ha vivido la sociedad cubana bajo la tiranía castrista, sin que
hubiera ninguna señal de parte del Estado hacia una apertura
democrática. Ahora tampoco la hay. Esto lo han visto con claridad
algunos de los propios excarcelados, como Normando Hernández González y
Omar Rodríguez Saludes, quienes a su llegada ayer a Madrid le pidieron a
la Unión Europea que no abandonara la Posición Común, e incluso han
solicitado comparecer ante la Eurocámara para explicar la ``realidad''
de Cuba antes de que el organismo debata un cambio de política hacia la
Isla. Como solía decir el difunto senador Jesse Helms, al castrismo no
hay que lanzarle salvavidas, sino un ancla, para que se hunda.

(C) Echerri 2010

http://www.elnuevoherald.com/2010/07/15/v-fullstory/765903/vicente-echerri-la-posicion-de.html

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